Uveítis anterior

Pregunta

Mi hijo de 12 años padeció hace un año más o menos una uveítis anterior aguda del ojo derecho que en un principio fue tradada erróneamente como una conjuntivitis. Después de unos días se le detectó y se le dío la medicación adecuda. La fase aguda le duró unos 10 días y casi perdió la visión total del ojo. Por suerte se fue recuperando y ahora está muy bien y la ha recuperado por completo. No han sabido encontrar la causa por la cual su sistema inmunológico atacó tan agresivamente su ojo. La oftalmóloga que lo lleva nos dice que le puede repetir. Aquí está nuestro miedo. ¿Qué podemos hacer para prevenir un nuevo brote? Lo ha visitado el reumatólogo y no tiene ninguna enfermedad de este tipo. El niño se encuentra bien y hace vida normal, pero lleva gafas desde entonces. En los análisis actuales y los de hace un año tiene positivo el test del HLA-B27 y normales las pruebas reumáticas y todo lo demás. ¿Qué indica el positivo? De momento no le ha repetido la uveítis.

Respuesta

La uveítis anterior es una inflamación del polo anterior del ojo (iris, cuerpo ciliar o ambas) que se manifiesta por la aparición de un ojo rojo, con disminución de la visión, asimetría en el tamaño de las pupilas, dolor ocular e incluso dolor de cabeza y que requiere un examen y un tratamiento oftalmológicos precoces para evitar las complicaciones y secuelas que este proceso puede ocasionar. Suelen ser unilaterales y su causa es desconocida.

Por los datos que me proporciona, pienso que su hijo puede haber tenido este problema ocular en el contexto de un proceso reumatológico de fondo que todavía no se ha manifestado clínicamente. Me explicaré.

Algunas enfermedades reumatológicas cursan con afectación articular pero también sistémica o general. En concreto, existen dos procesos que, a mi juicio, deberían ser tenidos en cuenta en su caso. Uno de ellos es la llamada espondilitis anquilosante; el otro, la artritis crónica juvenil.

La espondilitis anquilosante es un trastorno inflamatorio de causa desconocida que afecta principalmente al esqueleto axial, es decir, a la columna vertebral, aunque también puede afectar a las articulaciones periféricas y diversas estructuras extraarticulares. Por lo general, los síntomas de esta enfermedad aparecen por primera vez en la fase tardía de la adolescencia o en los primeros años de la vida adulta; es infrecuente su inicio después de los 40 años de edad. Se ha visto que presenta una estrecha correlación con el antígeno de histocompatibilidad llamado HLA B-27. Los factores genéticos y ambientales desempeñan un papel importante en el desarrollo de esta enfermedad.

El síntoma inicial suele consistir en un dolor sordo, de inicio insidioso, que aparece en la profundidad de la región lumbar baja o glútea y se acompaña de rigidez matutina local que puede durar varias horas. La manifestación extraarticular más frecuente es, precisamente, la uveítis anterior aguda que puede preceder a la aparición de la sintomatología articular. Las crisis son habitualmente unilaterales y tienden a recidivar o reaparecer, con un cuadro de dolor, fotofobia o molestias oculares con la luz y aumento del lagrimeo.

La otra enfermedad que, a mi juicio, podría estar relacionada con el caso que nos ocupa se llama artritis crónica juvenil. Básicamente es ésta una enfermedad inflamatoria del tejido conjuntivo caracterizada por manifestarse antes de los 16 años y cursar con artritis o inflamación y tumefacción de una o varias articulaciones durante al menos 3 meses. Existen diversas formas de presentación y se clasifican según unos criterios diagnósticos específicos.

Su causa es desconocida y se cree que en un niño con una predisposición genética determinada inciden diversos factores desencadenantes (infecciones, alteraciones de la inmunidad, traumatismos, estrés, etc.) que provocan la enfermedad.

Existe una forma de aparición tardía asociada al HLA-B27 que suele iniciarse a partir de los 9 años e incide preferentemente en los varones. En esta forma se afectan las grandes articulaciones de las extremidades inferiores (caderas, rodillas, tobillos), los talones y las articulaciones sacroilíacas. Puede aparecer uveítis anterior aguda sintomática que responde bien al tratamiento local y no suele dejar secuelas. Los anticuerpos antinucleares y el factor reumatoide son negativos. El HLA B-27 es positivo en el 75% de los casos. Como puede comprobar, muchos de los datos que me proporciona coinciden con esta condición.

En estos pacientes es aconsejable un examen oftalmológico periódico para detectar precozmente la inflamación ocular y tratarla adecuadamente. En el caso de su hijo yo recomendaría que estén atentos a la posible aparición de síntomas osteoarticulares, en cuyo caso deberían consultar con un especialista reumatólogo.

Cordialmente,
Dr. Salvador Pertusa Martínez.


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