Infidelidad, condiloma y problemas de parto

Pregunta

Hace 23 años, por una relación sexual extraconyugal, adquirí y transmití a mi esposa un condiloma. Dos meses después, sin tener conocimiento de la infección mencionada, mi esposa concibió nuestro tercer hijo. En la habitual revisión ginecológica se observó una infección viral en la zona vaginal y le comenté lo ocurrido. Se inició un tratamiento local para tratar la infección de mi esposa. Después de varios meses de tratamiento, se produjo un parto prematuro (6 meses), mediante cesárea para evitar que el bebé contrajera la infección en el canal del parto y se produjera una meningitis. Una sucesión de acontecimientos (membrana hialina, neumotórax, derrame cerebral, etc...). El resultado es que mi hijo soporta una parálisis cerebral y una minusvalía clasificada del 100%. Se inició en mi un fuerte proceso de depresión que dura hasta la fecha y un sentimiento de culpa, que no he podido superar ni creo pueda superar, a pesar del increíble amor, mutuo, entre mi maravilloso hijo y yo. Mi esposa (como es natural), desde ese momento, no ha perdonado la consecuencia de mi falta. Aunque ese sentimiento de culpa ya no desaparecerá en mi vida, os ruego me hagáis una valoración de lo expuesto y precisar si otra praxis médica hubiera podido evitar tan fatal consecuencia.

Respuesta

¿Qué podemos decirle? Sin duda que deben ustedes pasar página y olvidar el pasado. La realidad es que no es usted ni mucho menos responsable de que su hijo naciera prematuramente ni de que por ser prematuro tuviera tantas complicaciones graves. Las cosas vinieron dadas así y eso es todo. Tuvieron ustedes muy mala suerte y así deberían verlo.

No siga usted torturándose con su supuesta culpabilidad y céntrese en ayudar lo más posible a su hijo -lo que nos consta que usted ya hace. Fíjese en lo maravilloso que es y bendiga la fantástica relación que hay entre él y usted.

Y desde luego su mujer debería actuar de igual modo. Por el amor de Dios, 23 años es mucho tiempo, tiempo suficiente para purgar el mayor de los crímenes y debería olvidarlo de una vez. Repare en que no decimos perdonarlo, pues en nuestra opinión no hay nada que perdonar. Además, no creemos que sea bueno ni para el niño, ni para ella, ni para la relación de pareja que siga en el aire algo que pasó hace tanto tiempo. Por supuesto que no es bueno para usted.

Dicho todo lo anterior -que créanos que es lo importante- resulta imposible, a nosotros como a cualquiera, decir si otra práctica durante el parto pudo haber evitado lo que pasó.

Quisiéramos de corazón haber podido serle de ayuda.

Cordialmente,
Equipo médico


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