Infecciones y antibióticos

Pregunta

Desde hace 4 meses, tengo como un tapón en el oído izquierdo. El médico diagnosticó otitis en el oído medio, me trató, pero al finalizarlo nuevamente tuve molestias, en 2 ocasiones más. Un cultivo de secreción del oído tuvo como resultado una infección por Klepsiella, según me comentó el médico una de las bacterias más peligrosas. Inicie otro tratamiento por 21 días, recetandome Primeris de 500, pase aproximadamente 15 días bien, pero nuevamente han empezado las molestias. Picazón, por momentos se tapa y destapa. ¿A qué se deberá que la medicina no combate esta bacteria?

Respuesta

Lo primero que debo decirle es que todo tratamiento antibiótico puede fallar por diversas causas, pero sobre todo cuando la bacteria no resulte ser del todo sensible al mismo, es decir, cuando las bacterias infectantes no inhiben su crecimiento y/o se mueran en presencia del antibiótico.

Esto puede producirse por diversas causas, como que la bacteria infectante sea resistente al antibiótico empleado, que dicho tratamiento se administre en dosis insuficientes, que no se haya difundido bien por la zona de la infección (por ejemplo el hueso o el sistema nervioso) o que se administre de modo irregular o por tiempo inferior al debido.

Para asegurarse de que un antibiótico sea eficaz debemos estar seguros de que la clase de bacteria que provoca la infección es sensible a dicho antibiótico. Para eso, la manera más segura de hacer las cosas es identificar a la bacteria y sus vulnerabilidades.

Para ello se debe seguir el siguiente procedimiento:

Primero, es necesario tomar muestras del exudado (pus) de la infección para poder cultivarlas, es decir, depositarlas en una placa con nutrientes adecuados, a una temperatura adecuada, dejando transcurrir cierto tiempo (horas o días).
Cuando las bacterias proliferan en la placa, se pasan muestras de ellas a otras placas con antibióticos específicos, de manera que en aquellas placas en las que las bacterias desaparezcan podemos deducir que se corresponden con los antibióticos que no les han permitido proliferar, es decir, justo los que nos interesan.

A este estudio se le llama antibiograma y nos permite confeccionar una 'ficha técnica' de la sensibilidad de la bacteria encontrada en una infección a diversos antibióticos.

Así pues, podemos encontrarnos que la bacteria no haya crecido en las placas que contienen ceftazidima, amikacina, trimetoprim, eritromicina, etc. pero sí haya conseguido crecer en una única placa que contiene ampicilina, por ejemplo. En ese caso, el microbiólogo emite un informe en el que da cuenta de que esa bacteria es sensible a todos los antibióticos a los que la ha enfrentado excepto a la ampicilina, antibiótico al cual ha mostrado resistencia.

Esta información procedente del laboratorio es valiosísima para el médico porque permite seleccionar con relativa seguridad el antibiótico más adecuado. El éxito de dicha decisión, lógicamente, no depende sólo de que la bacteria haya demostrado ser sensible al antibiótico in vitro, sino que debe tener en cuenta otros factores clínicos que matizan la eficacia final de la terapéutica en el paciente concreto.

Así pues el médico debe también pensar en otros factores adicionales (órgano afectado por la infección, estado clínico del enfermo, posible toxicidad del medicamento en el paciente, alergias posibles, etc.) para que su elección sea la idónea y el enfermo tenga una herramienta útil y realmente eficaz para ayudar a su organismo (a su sistema inmunológico en definitiva) a combatir la infección.

En su caso concreto ha tenido una infección por una enterobacteria denominada Klebsiella, la cual es sensible por lo general a cefalosporinas de 3ª generación (ceftriasona, cefotaxima), aztreonam, ciertas penicilinas (amoxicilina-clavulánico, ampicilina-sulbactam, piperacilina-tazobactam), quinolonas (ciprofloxacino, levofloxacino, ofloxacino) o ciertos aminoglucósidos (tobramicina, amikacina, etc.)

Su médico, tras realizar cultivos con el procedimiento de antibiograma que le he comentado, ha seleccionado levofloxacino, que es un antibiótico al que en principio debería ser sensible la Klebsiella productora de la infección. De hecho usted mejoró con dicho tratamiento.

El problema es que parece haber recaído. Eso podría deberse a que el tratamiento no ha conseguido ser totalmente efectivo debido a esos factores que matizan la acción del antibiótico que antes le comentaba (deficiente difusión del mismo al oído medio, insuficiente dosis, etc.) o debido a otras posibles causas como que la bacteria haya generado resistencias a dicho antibiótico, que tenga una infección por una segunda bacteria que no fue adecuadamente identificada, que padezca una vulnerabilidad especial a este tipo de infecciones o que persista alguna causa que favorezca que usted tenga otitis media.

En cualquier caso, cuando se producen estas situaciones, el médico debe investigar si nos encontramos ante la misma infección que antes o no y, en caso afirmativo, cuál es la razón de que el tratamiento antibiótico empleado no haya sido definitivo, lo cual no resulta siempre fácil de descubrir.

Cordialmente,
Dr. Alfonso J. Santiago Marí.


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