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Coccigodinia: dolor en el cóccix

Pregunta

Tengo coccigodinia. He recibido tratamientos (anti-inflamatorios, calor, infiltraciones, láser y microondas...) que hacen que se me pase el dolor durante un tiempo, pero que luego vuelve. El último traumatólogo que he visitado no recomienda en absoluto la operación y dice que la causa más probable sea estrés (en las radiografías el cóccix no presenta ninguna anomalía). ¿Recomienda usted la operación? ¿Puede ser el estrés?

Respuesta

La coccigodinia, o dolor crónico localizado en la zona del cóccix (último huesecillo con forma de cono al final de la columna vertebral), es un trastorno que puede llegar a ser muy intenso e incapacitante.

La causa clave por la que se puede producir este tipo de dolor crónico reside casi siempre presumiblemente en una inestabilidad excesiva de este hueso que favorece la inflamación de las estructuras ligamentosas y musculares que se relacionan con el mismo, y casi siempre, este exceso de inestabilidad es desencadenado por un traumatismo previo sobre la zona (caída de nalgas, puntapié, etc.).

Sin embargo esto no es siempre así, pues existen personas en las que no se identifica traumatismo alguno previo y que padecen coccigodinia, como parece ser su caso. Así pues, en este tipo de pacientes no es posible encontrar una causa desencadenante que permita dirigir el tratamiento de modo más selectivo, lo cual supone una recomendación clara a la hora de plantear una solución terapéutica bien adaptada a la raíz del problema.

El cóccix se halla unido al esfínter externo del recto por medio del ligamento anococcígeo, lo que determina que en condiciones normales sea un hueso de bastante movilidad. Por esa movilidad que posee, cuando se produce la inflamación sobre esta región, no se dan por lo general las condiciones adecuadas de reposo anatómico que serían deseables para reparar la lesión y resolver la inflamación y es por ello por lo que existe una tendencia a la cronicidad de dicho proceso.

El estrés, como usted plantea, puede ser un contexto por el que la coccigodinia empeore pero no se considera una causa habitual de su origen.

El primer paso ante un paciente que refiere este trastorno es descartar que el dolor esté producido por otras causas locales (neuritis, comprensión de nervio, artritis, fractura ósea, luxación, enfermedad ano-rectal o perineal, etc.) o sistémicas (de ámbito más generalizado en el organismo: origen vascular, diabetes, etc.) En su caso, según comenta, esto supongo que se ha llevado a cabo y de hecho nos cuenta que ha sido evaluada por varios traumatólogos que le han aplicado tratamientos conservadores (antiinflamatorios y medios físicos de analgesia), con buenos resultados pero transitorios.

Por otro lado, parece evidente que su problema se desencadena con facilidad por la sedestación prolongada lo cual le impide hacer una vida completamente normal, lo que puede hacer atractiva la idea de someterse a la coccigectomía (extirpación del cóccix) con objeto de resolver el problema. Esta intervención quirúrgica no tiene marcha atrás en el sentido de que es una medida terapéutica ya final que intenta hacer desaparecer el problema mediante la eliminación de la estructura ósea que en principio es prescindible.

De cualquier modo, su médico le desaconseja la intervención. No sería prudente desde aquí hacerle una recomendación clara de pasar por el quirófano para intentar solucionar este problema, más aún en contra del criterio de su médico.

Lo único que puedo decirle es que la cirugía es capaz de mejorar y hacer desaparecer la coccigodinia en un porcentaje mayoritario de casos, pero que no existe aún un consenso definitivo entre los médicos.

Además, debe saber que en un pequeño porcentaje de personas la cirugía no parece resolver bien el problema, pudiendo incluso agravarlo. Mi consejo es que intente consultar a un nuevo especialista, pero con adecuada experiencia en este tipo de intervenciones, para recabar una segunda opinión bien calificada y poder así tomar una decisión definitiva de la que deberá estar adecuadamente convencida.

Cordialmente,
Dr. Alfonso Santiago Marí.

24 Noviembre 2004