El vínculo madre-hija es el más fuerte de todos, dice la ciencia

Madre no hay más que una, reza el dicho. Y, en efecto, desde la concepción hasta… bueno, hasta que la muerte les separe, pasando por el embarazo, el nacimiento, lactancia, crecimiento, pubertad, adolescencia, juventud… ahí está mamá, para lo que haga falta.

Madre e hija abrazadas

Adolescencia… ese estado –temporal, afortunadamente– en que todo parece estar en contra de uno, que lo que quiere es que le dejen en paz, o bien que se ocupen más de uno, hombre, que me tienen abandonado (y eso, los pocos que saben lo que quieren en esa etapa difícil).

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El crecimiento de las chicas en la pubertad se produce a una edad más temprana que el de los chicos.

Es precisamente a partir de la adolescencia cuando los padres (los varones) ven, con mayor o menor frecuencia, que el vínculo entre madre e hija es más fuerte que cualquier otro en el núcleo familiar. No está claro el porqué y puede resultar a veces frustrante para ellos. Pero ése es el caso y ahora lo corrobora la ciencia. El vínculo entre madre e hija es el más fuerte de todos.

Un estudio, publicado en la revista The Journal of Neuroscience, así lo asevera. Se trataba de investigar el hecho de que la depresión y otros trastornos que afectan al estado de ánimo de la madre se trasmiten con cierta frecuencia a sus hijas.

A tal efecto, los investigadores usaron la resonancia magnética cerebral, a la que sometieron a los miembros de 35 familias sanas. Descubrieron que en todos los casos, mares e hijas tenían estructuras anatómicas similares del área del cerebro que regula las emociones.

“Hacemos chistes y bromeamos sobre eso de heredar cosas como la obsesión por el orden o la testarudez, pero hasta ahora no se había comprobado en las redes cerebrales”, comentó a la revista Scientific American el autor principal, Dr. Fumiko Hoeft, de la Universidad de California.

Estas similitudes fueron significativamente mayores que las halladas entre madres e hijos, padres e hijas y padres e hijos. Esto explica por qué es más probable que las hijas entiendan y compartan las emociones de sus madres, y viceversa, que las de cualquier otra persona.

Así que... la próxima vez que se le presente un día difícil, será buena idea llamar a la persona que, probablemente, más podrá entender y solidarizarse con el problema. Y cuando le digan que cada vez se parece más a su madre diga que no sólo eso de que honra merece, sino que la ciencia lo avala.

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