VIH: Cómo una "curación" excepcional puede dar la clave

Este artículo se publicó el 8 de noviembre de 2017 en The Conversation. Traducción de NetDoctor.

La remisión del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) es posible. Este es el caso de un niño sudafricano infectado que lleva casi nueve años sin tomar ningún medicamento antirretroviral y en quien el virus sigue sin manifestarse.

Lazo de concienciación del sida

La remisión (también conocida como curación funcional) es un término que describe la capacidad del cuerpo para mantener el VIH en niveles indetectables sin usar antirretrovirales. La remisión se refiere al estado actual del virus tras un tratamiento que luego se detiene. No llega al 1% las personas infectadas con el VIH que pueden hacerlo sin ningún tratamiento.

El caso de Sudáfrica, el primero reportado de remisión del VIH, en un niño africano, y solo el tercer caso en el mundo, plantea muchas preguntas: ¿qué hace que este niño sea tan único? ¿Es el virus? ¿Es el anfitrión? ¿Los medicamentos fueron esenciales para este resultado?

Formo parte de un equipo de investigadores que está investigando este caso atípico. Lo que encontramos fueron indicios de que el VIH puede ser suprimido de forma natural, durante mucho tiempo, después que el paciente haya recibido un breve tratamiento. Los hallazgos fueron presentados en la IX Conferencia de la Sociedad Internacional del SIDA, en París, en julio pasado.

El descubrimiento es solo la primera pieza de un rompecabezas que estamos componiendo, de forma continua, para dar con lo que causa esta supresión. Nuestra investigación abre la puerta para que otros científicos establezcan cómo hacer posible la remisión a largo plazo en otros pacientes. Esta es una parte fundamental para convertir el VIH en una enfermedad manejable.

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Un notable resultado

El niño, de sexo no divulgado, es hijo de una madre infectada, y nació en 2007. Fue diagnosticado como VIH positivo al mes de edad y se le inscribió en un ensayo clínico llamado CHER (Terapia Antirretroviral Temprana para Niños con VIH). La prueba se desarrolló entre 2005 y 2011.

Fue seleccionado para el ensayo al azar, para recibir tratamiento temprano y comenzó con antirretrovirales justo tras cumplir dos meses de edad. Era uno de los 143 bebés que recibieron tratamiento temprano durante 40 semanas.

Generalmente, el virus rebrota en pocas semanas en la mayoría de pacientes que dejan de tomar los medicamentos. El VIH ataca a las células T, lo que obliga a que el recuento de CD4 de la persona disminuya significativamente. Pero en este caso, el recuento de CD4 del niño se mantuvo en el nivel de un niño sano después de que se suprimiera el tratamiento. Y ha permanecido así desde entonces.

Más de ocho años y medio después, el niño no presenta síntomas de infección. El virus no se ha recuperado y no es detectable con métodos estándar.

Las muestras de sangre del niño se han sometido a estudios virológicos, inmunológicos y genéticos detallados, a fin de comprender el status del virus y establecer qué factores condujeron a este resultado.

El niño tenía altos niveles del virus en la sangre antes de comenzar el tratamiento, a los dos meses y medio, lo que sugiere que en ese momento el VIH en su cuerpo tenía una capacidad activa de replicación.

Cuando el niño tenía nueve años y medio, solo había pequeños rastros de virus en las células y el virus ya no se replicaba activamente.

Además, se encontraron señales de que el sistema inmunitario del niño había identificado antes el virus. No sabemos en este momento qué partes del sistema inmune eran activas en el momento de la infección y el tratamiento. Es fundamental comprender ambas cosas: la respuesta del sistema inmune ahora y las respuestas inmunes que se vieron inicialmente involucradas. Ello nos dará un punto de partida para el desarrollo de una vacuna u otras estrategias capaces de solicitar una respuesta similar del sistema inmune en otros pacientes.

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Qué nos dicen los tres casos únicos

Los tres casos de remisión que hasta ahora tenemos han proporcionado diferentes lecciones a los investigadores. El primero fue el de un bebé nacido infectado en Mississippi, en 2010. Se comenzó el tratamiento del bebé 30 horas después del diagnóstico y continuó el tratamiento hasta los 18 meses. El virus permaneció bajo control, es decir, por debajo de niveles detectables, durante los siguientes 27 meses. Pero luego rebrotó.

Este caso mostró que la remisión temporal del virus era posible.

El segundo caso es el de un niño nacido en Francia en 1996. El tratamiento se inició a los tres meses de edad, y se detuvo cuando el niño tenía cosa de seis años. El virus permanece aún bajo control. Este caso mostró que la remisión a largo plazo es posible.

El tercer, nuestro caso, confirma además que la remisión a largo plazo es posible, incluso con un corto período de tratamiento.

Desde el primer caso de remisión, varios ensayos han intentado establecer si podría ayudar empezar el tratamiento de los recién nacidos infectados a las 48 horas del diagnóstico.

La idea es que atacar el VIH lo más pronto posible del momento de la infección puede dar como resultado una menor reserva de virus en las células. Esto, a su vez, podría aumentar las posibilidades de remisión durante periodos de tiempo prolongados o incluso de forma permanente.

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Las conclusiones

No hay duda de que el tratamiento temprano es lo ideal: reduce las posibilidades de transmisión, protege el sistema inmune del daño causado por el virus, mantiene pequeños los reservorios de virus y mejora la salud general y las posibilidades de supervivencia.

Pero también sabemos que, si se detiene el tratamiento, el comienzo temprano no es suficiente para la mayoría de los pacientes, y se deben buscar otras intervenciones.

En la mayoría de los pacientes, el tratamiento comienza mucho después de la infección. Esto presenta un desafío aún mayor para lograr la remisión.

El caso del niño sudafricano nos muestra que existen otros factores, únicos para cada caso o para grupos de casos muy raros, y que esos factores son muy importantes. Las pistas están ahí. El reto es identificar de qué factores “para unos pocos” se trata para convertirlos en “soluciones para muchos”.

Y, lo más importante de todo, es que los pacientes no interrumpan los tratamientos hasta que tengamos el puzle completo.


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