La sacarina y demás edulcorantes artificiales son nocivos… y engordan

Más contra los refrescos y alimentos “light”. Los edulcorantes artificiales sustitutivos del azúcar incrementan el riesgo de diabetes tipo 2, según un importante estudio.

La diabetes tipo 2 es la forma más común de la diabetes, y constituye uno de los problemas de salud más acuciantes en occidente. Se calcula que en España (2015) hay 5,3 millones de diabéticos, de los que más de dos millones desconocen su dolencia. Es común en personas con exceso de peso y sedentarias.

El estudio, realizado en Francia, muestra que quienes “siempre o casi siempre” añaden edulcorantes a sus bebidas (en pastillitas, o en polvo) tienen un riesgo 83% superior a quienes no lo hacen “nunca o casi nunca”.

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El aspartamo, el edulcorante más habitual, y más recientemente la sucralosa (o Splenda) han venido usándose hace más de 30 años como sustitutos del azúcar en los refrescos “light”, o “diet”.

Y, curiosamente, a pesar de que su uso se ha multiplicado masivamente ya no sólo en bebidas, sino en cereales, galletas, pasteles, yogures e incluso en algunos medicamentos, no había estudios serios sobre su impacto en la salud.

Tales productos se anuncian como alternativas “bajas en calorías” y por tanto, se los percibe como “sanos”. Esta impresión anima a los consumidores a usar las sacarinas para evitar engordar. Pero, incluso tomadas con moderación, tienen efectos negativos en la salud. Hoy día se cuestionan cada vez más, considerándolos sospechosos de engordar –sí, de engordar– y de ser carcinógenos.

El nuevo estudio es fruto del ánimo de ciertos investigadores independientes por aclarar sus efectos reales en la salud, particularmente en las enfermedades metabólicas.

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Incrementan el riesgo de diabetes y de cáncer

Los hallazgos de la investigación sugieren que deben emplearse con el máximo cuidado. En febrero, se publicó un estudio que mostraba el incremento del riesgo de diabetes con su consumo.

La investigación se basa en una muestra de más de 100.000 mujeres francesas, parte del Epidemiological Study of Women in National Education, o E3N, una de las pocas muestras de este tamaño en el mundo.

Las participantes rellenaron cuestionarios detallados (que incluían fotos) acerca de sus regímenes alimentarios desde 1993, con detalles exhaustivos de todo lo que comían, incluyendo aperitivos de cualquier tipo antes de las comidas, o entre ellas. El estudio finalizó en 2007.

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¿Un refresco? Evite los “light” (o los “diet”)

El estudio de dichos datos en 2013 fue capaz de demostrar por primera vez el elevado riesgo de diabetes tipo 2 en comparación con los refrescos normales.

De las más de 66.000 mujeres a quienes se siguió durante el proyecto, se diagnosticó diabetes a 1.369 de ellas. Se elaboró un modelo del riesgo de desarrollar la enfermedad en función del consumo de tres tipos de bebidas: refrescos normales, refrescos con edulcorantes artificiales añadidos (los “light”) y zumos de frutas cien por cien naturales (no industriales). Se tuvo en cuenta otros factores, como el Índice de Masa Corporal, la actividad física y los antecedentes familiares.

Los resultados fueron precisos. Por ejemplo, con un consumo semanal de 1,5 litros, el riesgo de diabetes fue un 60% mayor con bebidas light que con normales. Y hay que tener en cuenta que entonces se consumían menos light que hoy en día. Resulta significativo que los zumos de frutas naturales (o sea con azúcares naturales, no añadidos), no incrementaron en absoluto el riesgo.

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Los edulcorantes provocan más hambre…

Desde un punto de vista psicológico, el mecanismo subyacente a los resultados no está del todo claro. La hipótesis es que los consumidores habituales de los edulcorantes artificiales tienen mayor apetencia por el azúcar, a la vez que una tendencia a comer de más en general.

Se piensa que los edulcorantes artificiales incrementan la sensación de hambre y activan los receptores T1R2 y T1R3, que detectan diversas moléculas de varias estructuras químicas de sabor dulce en el tracto digestivo. Si este es el caso, los edulcorantes no producen el efecto deseado, que es… no engordar, sino al contrario.

Otra hipótesis es que los consumidores a largo plazo de edulcorantes segregan en menor medida la hormona GLP-1 (Glucagon-Like Peptide-1), que provoca la secreción de insulina en el páncreas. Con ello, estos consumidores tendrían peor regulación del metabolismo glucémico.

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Y alteran el microbioma intestinal

Más. Un experimento llevado a cabo con ratones en el Weizmann Institute of Science, en Israel, mostró que el alto consumo de ciertos edulcorantes provoca cambios en el microbioma intestinal.

Sabemos que el microbioma –las bacterias del intestino, que regulan las funciones digestivas, metabólicas, de inmunización y neurológicas del cuerpo– es de vital importancia para la salud. Se piensa que su alteración causa intolerancia a la glucosa y resistencia a la insulina, lo que puede resultar en diabetes tipo 2.

Tanto dirigido a quienes quieren adelgazar como a quienes buscan evitar el exceso de azúcar, es el momento de depurar los mensajes sobre los beneficios –mejor: los riesgos– de los llamados alimentos “light”.


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