Que los mayores dejen de conducir es mala señal

Una revisión de 16 estudios previos muestra que las personas mayores que dejan de conducir muestran peor salud a corto plazo, tanto en el plano mental como en el físico. Incidieron en que a la decisión suele seguir un estado depresivo.

Con todo, no queda claro si los problemas de salud son un resultado directo de dejar de conducir.

Probablemente sea un círculo vicioso: una peor salud (lo que incluye problemas de vista, limitaciones físicas y peores memoria y juicio) provoca que los mayores dejen de conducir, lo que, a su vez, puede acelerar su declive.

"Es un tema muy complejo", dijo el director del estudio, Dr. Guohua Li, de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Por un lado, apuntó Li, los conductores necesitan habilidades físicas y mentales indispensables para estar seguros al volante. Y en algún momento muchos tienen que renunciar a la conducción.

Por otro lado, la decisión tiene consecuencias significativas, apuntó Li. Los mayores que dejan de conducir podrían sentirse socialmente aislados, lo que podría fomentar la depresión. También podrían reducir su actividad física, lo que puede agravar sus afecciones físicas.

"Es un equilibro sensible", dijo Li, "y hay que sopesar las ventajas y desventajas de no conducir caso por caso".

En general, los adultos mayores eran el doble de propensos a experimentar estados depresivos, incluso cuando se tomaron en cuenta factores como la edad, la salud física y el declive mental. "Dejar de conducir se asoció con la mayor firmeza con el riesgo de depresión", dijo Li. "Pero los efectos en la salud en realidad eran más amplios".

Los estudios también mostraron que después de la renuncia al volante, con frecuencia reportaban mayores problemas físicos y mostraban declives más rápidos en la memoria y otras habilidades mentales.

Los que dejaron de conducir también eran más propensos a morir entre los tres y cinco años siguientes, en comparación con quienes seguían conduciendo.

La revisión se publicó en la revista Journal of the American Geriatrics Society. Puede leerlo aquí.


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