¿Presionar a los hijos es bueno para su salud?

Una nueva investigación muestra que los padres demasiado exigentes están llevando a sus hijos hacia la depresión.

Presionar demasiado a los hijos con la "cultura del esfuerzo" puede hacernos caer en el error de exigirles demasiado. Ésta es la conclusión del nuevo estudio, que se ve avalado por una estadística de 2014 en el Reino Unido según la cual el 61% de los padres son exigentes en demasía con sus hijos y que un 40% les marcan el camino a seguir manu militari. Esta redacción no ha conseguido encontrar una estadística similar en España.

El estudio, publicado en la revista Journal of Personality, muestra que la presión de los deberes y el miedo a no cumplir con las expectativas paternas vuelve a los hijos demasiado autocríticos. Los psicólogos afirman que los niños con padres exigentes en exceso también muestran problemas de ansiedad y síntomas de depresión.

La investigación, llevada a cabo en Singapur, siguió a 237 niños de 7 años durante un periodo de cinco. Los resultados mostraron que los padres con altas expectativas respecto del rendimiento escolar de sus hijos les presionaban para que tuvieran buenas notas. Podían además reaccionar con exceso de rigor cuando el niño cometía una falta o presionarle para que siguiera unas pautas fijadas por ellos.

“Cuando los padres son demasiado exigentes pueden transmitir a sus hijos que ‘nunca es suficiente’. El niño puede entonces vivir en un estado de miedo o ansiedad por no cometer la más ligera falta y reprocharse el no ser perfecto”, dijo el Dr. Ryan Hong, de la National University of Singapore, director del estudio. “Con el tiempo, esta conducta, conocida como 'perfeccionismo maladaptado' o cara errónea del perfeccionismo, puede ser perjudicial para el niño al incrementar el riesgo de depresión, ansiedad e incluso suicidio”.

Los smartphones pueden convertirse en aliados de ese tipo de padres, privando a los hijos de su independencia. Los medios sociales podrían facilitar a los padres espiar a los niños manteniendo un contacto constante con ellos. Esa actitud de “Gran Hermano” hacia el niño le causa muchas dificultades a la hora de empezar a vivir su propia vida.

“Controlar así al niño, bloqueando su independencia, puede causar que no ‘esponje’, y retrasar o socavar su desarrollo natural. Esto puede provocar bien rebeldía, bien volverse demasiado complaciente. Hay que dejarlos irse. Todos –los padres también- saldrán ganando”, concluyó Hong.

Cómo motivar a los hijos sin pasarse

De vez en cuando, a la hora de los deberes, la mayoría de los niños necesita un empujoncito, pero es importante no cruzar la línea entre motivarlos y forzarlos, línea no siempre bien definida. Aquí mostramos tres consejos para encontrar el deseado equilibrio.

1. Establezca metas realistas

No importa cuánta fe tenga en las capacidades de su hijo: ponerle un objetivo inalcanzable nunca acabará bien. Baje el listón un par de puntos, o tres, para darle algo de respiro. Si las matemáticas no es su fuerte no le presione para que saque un 10 en la nota final. En vez de ello, pruebe a animarle para que tenga notas razonablemente buenas en las evaluaciones del curso.

2. Celebre sus logros

Puede ser algo que no le preocupe a usted, pero si el niño está contento consigo mismo debería estarlo usted también. Ya sea porque ha marcado en un partido o porque ha tenido un notable en redacción, asegúrese de alabar el trabajo que le ha costado hacerlo. ¡Le animará a logros más frecuentes!

3. No le deje abandonar sin lucha

A lo mejor (o a lo peor) al niño no le salen sus planes a la primera: cuando se trastabille exponiendo un tema en la clase o cuando en un examen no rinda como él pensaba y piensa en arrojar la toalla. Ése es el momento de recordarle, suavemente pero con firmeza, que así pueden venir dadas y que en la vida no siempre todo rueda como esperamos. Y que merecerá la pena el esfuerzo realizado, que obtendrá su recompensa. Dicho lo cual, si tras un esfuerzo real y constante el niño quiere dejar alguna actividad, no le fuerce a seguir con ella.


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