No por tener muchos lunares aumenta el riesgo de melanoma

El pasado mes de octubre de 2015 apareció un estudio que recomendaba contar los lunares del brazo derecho; y, en caso de contar once o más, la persona en cuestión podría tener un riesgo mayor de padecer un melanoma. Lo publicó la revista British Journal of Dermatology y tuvo gran repercusión mediática.

Hay que prestar mucha atención a cualquier cambio en un lunar

Una nueva investigación cuestiona ahora el hecho y ha encontrado que los pacientes con melanoma a menudo tienen pocos lunares.

De los 566 pacientes de melanoma del estudio, aproximadamente un 66 por ciento tenían entre 0 y 20 lunares en total y en torno al 73 por ciento no presentaban lunares atípicos, según la investigación, a cargo del Dr. Alan Geller, de la Universidad de Harvard, en Boston.

Lunares y "lunares atípicos"

El grosor del melanoma es un factor importante en los resultados de los pacientes, dado que los tumores más gruesos tienen más probabilidades de expandirse. Pero en el nuevo estudio, los pacientes menores de 60 años que tenían más de 50 lunares en total en realidad presentaban un riesgo más bajo de tener un tumor grueso de melanoma.

Sin embargo, las personas con más de 5 “lunares atípicos” tenían más probabilidades de tener un melanoma grueso que quienes no los tenían, según los investigadores.

En realidad los melanomas aparecen en las personas que tienen menos lunares, más que en los que tienen muchos, así que los médicos no deberían confiar en el recuento de lunares "como la única razón para realizar exámenes de la piel o para determinar el riesgo de un paciente".

Un lunar atípico es el que se caracteriza por las cinco iniciales:

  • Asimetría: la mitad del lunar no es igual a la otra mitad.
  • Borde: el contorno del lunar es irregular. Tiene una apariencia desigual o borrosa.
  • Color: el color del lunar no es uniforme. Pueden aparecer zonas más oscuras de color marrón, bronce o negro. También se pueden apreciar ciertas áreas del lunar de color rojo, blanco, gris o azul.
  • Diámetro: el tamaño del lunar es superior a los 6 milímetros.
  • Elevación: la elevación está casi siempre presente, aunque puede faltar.

"Lo más importante es conocer los factores de riesgo, empezando por los antecedentes familiares. Tener un familiar de primer grado con melanoma (uno de los padres o un hermano), aumenta drásticamente el riesgo. Si se quema la piel fácilmente, el riesgo también aumenta", explicó.

Además de reducir la exposición a los rayos UV del sol y evitar las “camas de bronceado”, "también hay que saber que el melanoma puede aparecer donde no da el sol", dijo. "De modo que es importante que un dermatólogo efectúe revisiones regulares, además de hacer autoexámenes regularmente para detectar los lunares nuevos y, sobre todo, los que cambien de aspecto".

El estudio aparece en la revista JAMA Dermatology. Puede acceder a un resumen aquí.


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