Invierno loco: llegan ya las alergias

La alergia al polen, o rinitis alérgica, se concentraba de siempre en los meses de mayo, junio y julio. Sin embargo, la tendencia de los últimos 30 años a padecer inviernos cada vez más cálidos ha generado lo que los alergólogos llaman polinosis multiestacional y las alergias, cada vez más, comienzan en febrero debido a procesos de floración más tempranos.

Las cupresáceas se usan frecuentemente en setos

Este invierno, el más cálido de los últimos años, se ha sumado una polinización explosiva en plantas que habitualmente lo hacen en febrero (cupresáceas) con el de especies que han visto alterado su floración normal.

Cipreses y setos

La alergia al polen de las cupresáceas –las más comunes son el ciprés y los típicos setos de jardines– se ha disparado en los últimos años. Su presencia, habitual en zonas mediterráneas, unida a un mayor uso de estas especies en jardines y urbanizaciones, así como a polinizaciones cada vez más intensas por las altas temperaturas, explican que su polen afecte a un porcentaje amplio de población alérgica.

“Hasta hace unos años era una alergia poco común que afectaba en torno a un 5% de la población, hoy se ha disparado por encima del 20%; uno de cada dos alérgicos al polen sufre con las cupresáceas” afirma el Dr. Agustín Fernández, alergólogo de Hospitales Nisa.

¿Alergia o catarro?

El hecho de coincidir estacionalmente con el catarro invernal, hace que en muchas ocasiones los casos de alergia al polen en invierno pasen desapercibidos. O, lo que es peor, “se traten de forma errónea con fármacos destinados a combatir síntomas propios del catarro como congestión, dolor de garganta, etc.”.

En este sentido, es importante resaltar que, mientras un catarro tiene una duración de entre cinco y siete días, “la alergia al polen puede durar de cuatro a seis semanas y su intensidad dependerá del tiempo. Los días secos y soleados serán peores mientras que los días de lluvia y húmedos la persona que padece la alergia mejora”, continuó.

Picor de ojos –hasta enrojecerse– y nariz, lagrimeo, secreción líquida y clara, estornudos, tos seca y hasta pitidos y dolores en el pecho al respirar en los casos más graves son los síntomas más habituales de los procesos de alergia al polen en invierno.

Otros factores

Los cambios de temperatura a los estamos expuestos en invierno “pueden producir reacciones inflamatorias nasales y rinitis en personas con alergia”.

Otro factor que puede empeorar esta alergia invernal es la contaminación ambiental. “Los elementos contaminantes de la atmósfera se depositan en el suelo, lo que provoca que los pólenes sean mucho más agresivos y con mayor capacidad alergénica que los pólenes de un medio rural”, concluyó Fernández.


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