El acoso escolar, aún peor que el maltrato infantil

Un nuevo estudio muestra que haber sido víctima de acoso escolar –bullying– de niño tiene un impacto mayor en la salud mental del adulto joven que haber sido víctima de abuso, o maltrato, en el hogar.

Investigadores británicos encontraron que las víctimas de acoso son más propensas a experimentar ansiedad, depresión y a autolesionarse al convertirse en adultos jóvenes que los niños que han sido maltratados por adultos.

Los niños que sufrieron acoso fueron más propensos a autolesionarse

"Hasta ahora, los gobiernos han enfocado sus esfuerzos y recursos en el maltrato familiar en lugar de hacerlo en el acoso escolar", dijo el autor del estudio, Dr. Dieter Wolke, de la Universidad de Warwick, en un comunicado de prensa.

"Considerando que uno de cada tres niños en el mundo reportó ser víctima de acoso escolar, y que está claro que los niños que sufrieron acoso tienen problemas de salud mental similares o peores en la vida que los que fueron maltratados, se necesita hacer más para atender este desequilibrio. Más aún, es de vital importancia que los colegios, los servicios de salud y otros organismos trabajen juntos para detener el acoso escolar", dijo Wolke.

La investigación utilizó información sobre el maltrato de 4.000 niños del Reino Unido de entre 8 semanas y 8 años de edad. Los niños también ofrecieron información sobre el acoso escolar al cumplir 8, 10 y 13 años de edad. El estudio también incluyó reportes sobre el acoso de cerca de 1.500 niños de Estados Unidos de entre los 9 y los 16 años de edad.

Los que fueron víctimas del acoso de sus compañeros fueron aproximadamente cinco veces más propensos a desarrollar ansiedad que los que fueron maltratados por sus padres u otros adultos. Los niños que sufrieron de acoso también fueron casi dos veces más propensos a autolesionarse y tuvieron más síntomas de depresión a los 18 años que los que habían sido maltratados por adultos, mostró el reporte.

Los resultados se presentaron en la reunión anual de las Pediatric Academic Societies, en San Diego, y el estudio se publicó en The Lancet Psychiatry. Puede leer un resumen aquí.

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