Pero, bueno, ¿la mantequilla es mala o no? Pues aún no está claro

Ahora parece que las grasas saturadas, la mantequilla y la de demás lácteos y la de carne, quizá no sean tan malas como nos han hecho creer.

La mantequilla aún no se sabe del todo si es buena o no; pero la bollería industrial sí es perjudicial

“La asociación entre el consumo de grasa saturada y un riesgo más alto de sufrir problemas cardiacos fue variable y no quedó clara", afirmaron los investigadores, dirigidos por el Dr. Russell De Souza, de la Universidad McMaster en Hamilton, Ontario. "Pero queremos ser precavidos. No estamos diciendo que tengamos la seguridad de que la grasa saturada sea realmente benigna".

"No todos los estudios que observamos llegaron a la misma conclusión, pero en general encontramos que la asociación entre un consumo más alto de grasas saturadas y un riesgo más alto de enfermedades cardiacas y muerte prematura fue muy consistente", señaló.

Sobre la margarina

Recibimos en Julio de 2017 un comentario de Unilever en que asevera que "desde hace 20 años el proceso de elaboración de las margarinas en España no incluye hidrogenación parcial, y por lo tanto, se ha eliminado la presencia de este tipo de grasas en las margarinas presentes en el mercado, convirtiéndola en un producto beneficioso, además, para la salud cardiovascular".

Avala esta información un detallado y serio estudio de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética.

    La nueva revisión se muestra, eso sí, firme ante las grasas trans, asociadas a problemas cardiacos. Las grasas trans, o hidrogenadas, están presentes en aperitivos, pasteles y bollería industriales, en la margarina y en los alimentos con grados altos de procesamiento.

    "Y dado que no encontramos evidencias de que la grasa trans ofrezca ningún beneficio para la salud, suprimirla de la dieta es lo correcto", añadió de Souza.

    De momento, limitar el consumo…

    Los autores del estudio dijeron que las directrices dietéticas actuales defienden que se limite el consumo de grasa saturada a menos del 10 por ciento de la ingesta calórica, y que se limite la grasa trans a menos de un 1 por ciento de la dieta.

    El análisis de la grasa saturada del equipo contó con 41 estudios realizados en Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Canadá, China, Grecia y Australia. Una investigación internacional distinta también se incluyó en la revisión.

    Su examen de la grasa trans se centró en 20 estudios realizados en Estados Unidos, Finlandia, China y los Países Bajos.

    Al final, el equipo no descubrió ninguna evidencia clara que hiciera hincapié en una asociación entre unas cantidades más altas de grasa saturada y un riesgo más alto de fallecimiento por cualquier causa. Igualmente, no se encontró ningún vínculo entre la grasa saturada y un riesgo más alto de accidente cerebrovascular, la diabetes tipo 2 y/o las enfermedades cardiacas.

    "Parte del problema es que sabemos que hay algunas grasas saturadas que no son dañinas y posiblemente incluso sean beneficiosas. Pero no podemos distinguir los tipos saludables de grasas saturadas de las que no son tan saludables. Vienen juntas en los alimentos", explicó.

    …Y tomar aceite de oliva

    Por tanto, los investigadores advirtieron de que la carencia de suficientes evidencias significaba que no podían descartar la posibilidad de que la grasa saturada contribuya a tener un riesgo más alto de muerte prematura por una enfermedad cardiaca.

    Por otra parte, la revisión sí observó un vínculo firme entre un mayor consumo de grasas trans y un aumento del 34 por ciento en el riesgo de muerte prematura por cualquier causa, además de un aumento del 28 por ciento en el riesgo de muerte prematura concretamente por una enfermedad cardiaca.

    "De momento, lo ideal es dar preferencia al consumo de grasas no saturadas saludables, como el aceite de oliva, cuyo consumo aporta beneficios en cuanto a la reducción de los niveles de colesterol y riesgo de enfermedades cardiacas".

    Los hallazgos aparecen en la revista British Medical Journal. Puede acceder al comunicado, en inglés, aquí.

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