Varicela

¿Qué es la varicela?

La varicela es un proceso agudo. Cuando una persona se infecta por el virus de la varicela-zóster la enfermedad se caracteriza por la presencia de fiebre y una erupción generalizada en la piel con formación de ampollas y picor.

La vacuna frente a la varicela está incluida en el calendario oficial de vacunación.

La inmensa mayoría de los casos, sobre todo los que se producen en niños, se resuelven espontáneamente sin complicaciones importantes. Sin embargo, la enfermedad tiende a evolucionar peor en adultos, desarrollándose complicaciones con mucha mayor frecuencia. La enfermedad es peligrosa durante el embarazo y sobre todo cuando aparece en personas con inmunodeficiencias (disminución de la capacidad de defenderse ante las infecciones).

La varicela es una enfermedad extraordinariamente común en todo el mundo. En España, durante 2002 se declararon 194.555 casos. El 85% de los niños españoles padece esta enfermedad antes de cumplir los 7 años.

El virus de la varicela-zóster tiene un comportamiento peculiar. Cuando infecta a un individuo por primera vez da lugar a una varicela; cuando ésta se cura, el virus permanece latente, acantonado en los ganglios nerviosos, y muchos años después puede reactivarse y dar lugar a una infección localizada de la piel que se conoce como herpes zóster.

¿Cómo se contagia?

La varicela es una enfermedad muy contagiosa: hasta el 90% de las personas que tienen contacto estrecho con un enfermo desarrollarán la enfermedad (si no la han padecido previamente).

Los seres humanos enfermos de varicela (o herpes zoster) son el único reservorio conocido del virus de la varicela-zóster, es decir, la única fuente a partir de la que el virus se disemina.

Se piensa que el contagio se produce por vía respiratoria. Los virus eliminados por el paciente, contenidos en gotitas de saliva o líquido de las vesículas de la piel y transportados por el aire, entran en contacto con la mucosa del aparato respiratorio de otra persona no inmune, es decir sin defensas contra la varicela y la infectan.

Los enfermos son contagiosos sólo durante los primeros días de la enfermedad, desde unas 48 horas antes de que aparezca la erupción hasta que todas las lesiones están en estado de costra (secas).

¿Por qué se produce?

Una vez producido el contagio, se cree que el virus se multiplica en el aparato respiratorio, para pasar después a la sangre y diseminarse por todo el organismo. Los virus tienen especial predilección por colonizar las células de la piel, dañándolas y produciendo las lesiones cutáneas características de la enfermedad.

¿Qué síntomas tiene?

Tras el contagio, hay un periodo de incubación (sin síntomas) de unas dos semanas (10-22 días) antes del comienzo de la enfermedad. Después, durante uno o dos días, hay un cuadro parecido a una gripe con fiebre y malestar general sin que hayan aparecido las lesiones de la piel, que son el dato clave que permite reconocer la varicela.

Las lesiones de la piel tienen las siguientes características:

  • Cada lesión evoluciona en cuatro fases sucesivas: aparece una mancha rosada, la mancha se abulta, el bulto se convierte en una ampolla y la ampolla se seca, dejando una costra.
  • El paso desde mancha hasta ampolla puede ser cuestión de horas o días, la ampolla suele tardar varios días en hacerse costra.
  • Las lesiones aparecen en diferentes oleadas, de forma que cuando unas son ya costras, otras son todavía manchas o ampollas.
  • Las lesiones tienden a ser más frecuentes en la cabeza y el tronco que en las extremidades. Puede haber alguna en la boca, garganta y vagina.
  • El número de lesiones suele estar entre 250 y 500, pero puede variar entre unas pocas y muchísimas (hasta 2.000).
  • El tamaño de cada vesícula suele oscilar entre medio y un centímetro.
  • El principal síntoma de la erupción es el intenso picor. También suele haber fiebre y postración, sobre todo durante los primeros días.
  • Las lesiones curan en una o dos semanas, dejando a veces cicatrices: zonas hundidas en la piel.
  • Si la persona se rasca, las lesiones se pueden romper e infectarse por bacterias como estreptococos o estafilococos, que suelen requerir tratamiento antibiótico y dejar más cicatrices.
  • En el niño, la varicela suele ser una enfermedad benigna y las complicaciones graves son raras, pero en el adulto suele haber más afectación general y complicaciones por verse involucrados otros órganos diferentes a la piel como el pulmón o el sistema nervioso.

Consultas al médico

En nuestra sección 'Pregunte al médico' NetDoctor responde sus dudas, como en esta consulta sobre la vacuna de la varicela

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    ¿Cómo se diagnostica?

    El diagnóstico de la varicela es un diagnóstico clínico, es decir basado en lo que el enfermo cuenta y lo que el médico puede observar al explorar al enfermo. Aunque técnicamente es posible confirmar el diagnóstico detectando el virus o la aparición de defensas contra él, habitualmente no se necesita ningún estudio especial y es suficiente con la valoración del médico o del pediatra de atención primaria.

    Aunque existen muchas enfermedades que pueden dar lugar a erupciones, la formación de vesículas no es demasiado frecuente. De modo que cuando aparece una persona con un episodio de fiebre que presenta vesículas y costras, sobre todo si es un niño pequeño, la primera enfermedad en la que hay que pensar es la varicela, sobre todo si en esos días hay otros casos de esta enfermedad en la familia, en el colegio o entre los amigos.

    En la inmensa mayoría de los casos, no se requiere remitir el enfermo al hospital. El paciente debe ser tratado por un especialista en el centro hospitalario cuando:

    • La enfermedad aparece en una persona con un sistema inmune débil, como los enfermos de leucemia, cáncer con quimioterapia o de sida.
    • Hay síntomas de complicaciones por afectación de otros órganos diferentes de la piel, como dificultad para respirar, incoordinación, parálisis o somnolencia importante.

    ¿Cómo se trata?

    Lo principal, en la mayoría de los casos, es combatir el picor y evitar el rascado para prevenir la infección de las lesiones.

    • Mantenerse en un ambiente fresco. El calor y el sudor aumentan el picor.
    • Bañarse diariamente para mantener la piel limpia y fresca.
    • Cortar las uñas, mantenerlas limpias, incluso poner guantes para impedir el rascado.
    • El picor se puede disminuir con compresas húmedas y cuando es intenso, con medicamentos a base de antihistamínicos que además, por su efecto sedante, pueden tranquilizar a un paciente inquieto por el picor.
    • La fiebre puede tratarse con paracetamol, pero la aspirina debe evitarse en estos niños, porque su uso se ha relacionado con una rara pero grave enfermedad del hígado y el cerebro (síndrome de Reye).
    • Para evitar contagios, es conveniente que el enfermo permanezca en su domicilio hasta que todas las lesiones se conviertan en costras.
    • El aciclovir es una medicación de precio elevado, con actividad frente al virus de la varicela-zóster que, por término medio, acorta la enfermedad en un día y disminuye la aparición de nuevas lesiones en un 25% cuando se empieza el tratamiento en las primeras 24 horas desde la aparición de la erupción. Su uso es obligatorio en los pacientes con mayor riesgo de complicaciones como los que tienen problemas de inmunodepresión (escasa capacidad de defenderse frente a las infecciones), o los recién nacidos y puede tenerse en cuenta para tratar a adultos y adolescentes, dado que la varicela suele ser más grave, a medida que la edad del enfermo aumenta.

    ¿Puede prevenirse la varicela?

    Existe una vacuna eficaz y bien tolerada, cuyo uso se va incrementado en otros países; por ejemplo el Comité sobre Prácticas de Inmunización de Estados Unidos ha recomendado en 1999 a todos los estados que exijan la vacunación a todos los niños en el momento de entrar en la guardería o la escuela primaria. Asimismo, recomienda vacunar a los adultos y adolescentes que estén expuestos a mayor riesgo, por su contacto con niños y a las mujeres en edad fértil no embarazadas (todas estas recomendaciones se refieren lógicamente a personas que no hayan padecido la enfermedad con anterioridad).

    Existe también una inmunoglobulina contra la varicela, es decir anticuerpos que defienden contra el virus, que se debe usar en personas de alto riesgo con una exposición reciente a la enfermedad, por ejemplo el recién nacido cuya madre contrajo varicela en los días anteriores al parto, o los niños con problemas de inmunidad que han estado en contacto con enfermos.

    La vacunación contra la varicela está incluida en el calendario de vacunaciones recomendado en España.

    ¿Cuál es la evolución probable de la enfermedad?

    La inmensa mayoría de las veces, especialmente en los niños, la evolución de la enfermedad es benigna y cura sin complicaciones. Pueden quedar algunas cicatrices o producirse una infección de las lesiones por bacterias que requieran antibióticos. Muchos años después, puede reaparecer, en forma de herpes zóster, una erupción, en general dolorosa, con ampollas localizadas en una zona concreta de la piel.

    Las complicaciones viscerales como pulmonía o inflamación del cerebro o de las meninges son raras en niños y más frecuentes en adultos. La mortalidad es 15 veces mayor en los adultos que en los niños (aproximadamente fallece uno de cada 3.000 adultos afectados).

    En la mujer embarazada, la infección en el primer trimestre puede ocasionar malformaciones en el feto en un pequeño porcentaje de casos. Si la infección se produce unos días antes del parto, el recién nacido podría padecer una forma grave de varicela.

    En los pacientes inmunodeprimidos y en recién nacidos, la enfermedad es muy grave.

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