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Enfermedades de conducta en los niños

Existe una serie de trastornos de la conducta y de las emocionesque habitualmente se manifiestan en la infancia o la adolescencia. Entre ellos, se encuentran los trastornos de ansiedad y las fobias, el trastorno de rivalidad entre hermanos, los trastornos de tics, la enuresis y el tartamudeo. Sin embargo, hay dos tipos de alteraciones de la conducta que, por su frecuencia y repercusión, se describen a continuación: los trastornos hipercinéticos y los trastornos disociales.

niño jugando solo

Los trastornos hipercinéticos se caracterizan por comenzar a una edad temprana, a partir de los 3 años.

©Photodisc

Los trastornos hipercinéticos

¿En qué consisten?

Se caracterizan por comenzar a una edad temprana (a partir de los 3 años), y consisten en una combinación de un comportamiento hiperactivo con una marcada falta de atención y de continuidad en las tareas. Quienes los padecen son niños que están en constante movimiento, que no paran, especialmente cuando se encuentran en presencia de otras personas, y que no acaban sus tareas. Son niños nerviosos difíciles de educar, lo que genera la lógica preocupación de sus familiares y educadores.

Los trastornos hipercinéticos afectan, en nuestro país, al 2,5% de la población. Estudios norteamericanos elevan este porcentaje hasta el 5%, mientras que otras investigaciones en Gran Bretaña estiman la cifra en un 1%. Son tres veces más frecuentes en varones que en mujeres y se dan más en los hijos primogénitos.

El problema se acentúa con el tiempo, pues estos niños suelen ser descuidados, propensos a accidentes e incidentes y se saltan continuamente las normas. Lógicamente se vuelven impopulares, tanto entre los otros niños como entre los educadores y los adultos, lo que desemboca progresivamente en su aislamiento.

¿Cómo se diagnostican?

Estos casos se detectan al observar una falta de atención e hiperactividad (actividad excesiva) en el niño. Deben darse ambas características en más de una situación (por ejemplo, en clase, en la consulta del especialista, en casa). El déficit de atención se identifica porque los chicos cambian frecuentemente de una actividad a otra, dando la impresión de que pierden la atención en una tarea porque pasan a entretenerse con otra. La hiperactividad se caracteriza por una inquietud excesiva, en especial en situaciones que requieren una relativa calma.

Además, estos niños tienden a comportarse de forma desinhibida y descarada, no se atienen a las normas y, en muchas ocasiones, sufren trastornos en el aprendizaje y torpeza y dificultad en los movimientos. En cualquier caso, el diagnóstico definitivo deberá ser determinado por un especialista.

¿Cuáles son sus causas?

No se conoce la causa de esta enfermedad, pero sí algunos factores que influyen en su aparición:

Factores genéticos

Los hermanos de un niño hiperactivo tienen un riesgo dos veces mayor de padecer el trastorno que la población general. Se ha comprobado que el trastorno hiperactivo se presenta, con más frecuencia, en ambos gemelos homocigóticos que en el caso de los heterocigóticos.

Factores estacionales

Se ha demostrado que septiembre es el mes en el que nacen más niños con este trastorno. Podría deberse a infecciones que, durante el invierno, afectan al desarrollo del feto en sus tres primeros meses de evolución.

Lesiones cerebrales

Se pueden producir durante el embarazo, en el parto o en los primeros años de vida del niño (por accidentes o infecciones).

Factores neuroquímicos y neurofisiológicos

Algunos indicios hacen pensar que algunos neurotransmisores cerebrales (como la noradrenalina) y ciertas hormonas tienen que ver con este trastorno.

Factores psicosociales

Los niños ingresados en instituciones son con frecuencia hiperactivos y tienen periodos de atención cortos. Se cree que es debido a la falta de cariño y apoyo familiar, pues mejoran cuando son adoptados por una familia.

¿Cuál es su tratamiento?

El tratamiento debe instaurarlo un especialista. Se utilizan fármacos estimulantes del sistema nervioso central, como la anfetamina o el metilfenidato. En ocasiones, están indicados los fármacos antidepresivos o los antipsicóticos. Nada más comenzar el niño a tomar la medicación, se debe hacer un seguimiento consensuado, de acuerdo con los familiares y los profesores o educadores, para que la intervención sea más efectiva.

En muchos casos, se complementa el tratamiento farmacológico con la psicoterapia, especialmente para mejorar el aprendizaje, la conducta y las habilidades sociales. Es preciso, asimismo, contar con los padres y los educadores en el proceso de psicoterapia.

Los trastornos disociales

¿En qué consisten?

Son una forma persistente y reiterada de comportamiento agresivo o retador. El niño o joven comete actos graves contra los demás o contra bienes ajenos. Los trastornos disociales suelen acompañarse de unas relaciones sociales insatisfactorias y de fracaso escolar. Estos chicos se dedican a tiranizar, amenazar o intimidar a los demás. Es un trastorno mucho más frecuente en varones y, según los estudios se da entre el 6% y el 16% de los chicos menores de 18 años.

Es una enfermedad más frecuente en niños cuyos padres padecen alcoholismo o personalidad antisocial.

¿Cómo se diagnostican?

Se trata de niños que, con el tiempo, de manera persistente muestran las siguientes actitudes: peleas e intimidaciones, crueldad hacia los demás, agresión ante bienes ajenos, robos, mentiras reiteradas, desobediencia y huidas de casa y de la escuela.

Difícilmente sienten remordimientos y no responden ante los castigos. Tienen tendencia a utilizar drogas y armas y, a menudo tendrán problemas sociales y judiciales, sobre todo en los casos más graves.

¿Cuáles son sus causas?

Como ocurre con los niños hiperactivos, se conocen algunos factores que influyen sobre la aparición de esta enfermedad:

Educación de los padres

Una educación dura, caracterizada por las agresiones físicas o verbales, favorece la aparición del trastorno disocial.

Factores socioculturales

Los niños que sufren de privaciones socioeconómicas, cuyos padres están en desempleo y reciben un insuficiente apoyo social, tienen más probabilidades de desarrollar trastornos disociales.

Factores psicológicos

Los niños criados en malas condiciones suelen ser agresivos e inmaduros. Está comprobado que los niños expuestos al abuso o a los malos tratos tenderán a reaccionar de forma agresiva e imitar el “ejemplo” de sus progenitores.

¿Cuál es su tratamiento?

Ante la complejidad de la conducta de estos chicos, el tratamiento debe ser integral y abarcar todos los ámbitos posibles. La base está en crear una estructura ambiental con normas consistentes y consecuencias establecidas. La mencionada estructura se debe instaurar en el hogar, para lo que los padres y familiares pueden aprender algunas técnicas de conducta. Lo mismo se puede aplicar al ámbito escolar, para que los chicos encuentren un refuerzo en su conducta positiva y adecuada, tanto en casa como en el colegio.

A menudo, tanto el niño como los padres precisan tratamiento psiquiátrico. El especialista aplicará técnicas de psicoterapia y de educación sanitaria. Algunos niños deberán ser tratados con medicaciones antipsicóticas, litio y antidepresivos, según los casos, para complementar la psicoterapia y la intervención educativa.

Cuando el medio familiar sea caótico o agresivo con el niño, será necesario encontrar una residencia alternativa para el chico, con el fin de procurar su bienestar y su salud.

Dr.  Eduardo de la Sota Guimón  (especialista en Psiquiatría) .

Última versión: 2014-09-22

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