Terapia de pareja

El cambio que la sociedad, sobre todo la occidental, ha experimentado últimamente ha modificado el concepto tanto de la pareja como de la familia. La mujer se ha emancipado y ha empezado a asumir roles tradicionalmente masculinos, y viceversa. Es decir, se ha transformado el papel que cada miembro de la pareja desempeña en la misma.

El terapeuta debe mantener su neutralidad y recalcar que el tratamiento se basa en una visión no culpabilizadora de la relación insistiendo que son necesarios cambios recíprocos.

Asimismo, no hay que olvidar la aparición de nuevos tipos de familia, como las formadas por parejas homosexuales, familias uniparentales, o lo que se conoce habitualmente como segundas nupcias. Esto tiene una gran repercusión en la pareja, ya que desaparecen los patrones a imitar y como consecuencia se facilita la manifestación de conflictos.

Estos acontecimientos han desembocado en un aumento de la demanda de terapia de pareja.

Factores que contribuyen a la aparición del conflicto

Los principales factores que contribuyen a la aparición del conflicto son:

  • Déficit de habilidades (de comunicación, de resolución de problemas, sexuales, etc.)
  • Déficit en el control de acontecimientos, como por ejemplo el nacimiento de un hijo o problemas con personas fuera de la pareja.
  • Cambios en el entorno, tales como cambios en el trabajo, en el círculo social, aparición de un posible amante.
  • Preferencias discrepantes respecto al grado de intimidad deseado.

¿Cuándo acudir a una terapia de pareja?

Habitualmente, la pareja es capaz de enfrentarse a estas situaciones pero cuando no es así, estas mismas situaciones se transforman en problemas.

Si se presenta cualquiera de los siguientes conflictos de pareja puede necesitar una valoración, un consejo o un tratamiento con el especialista:

  • Incompatibilidad de pareja
  • Celos excesivos
  • Insatisfacción con la pareja
  • Conflictos o discusiones constantes
  • Alejamiento o frialdad con la pareja
  • Infidelidad
  • Conflicto con la familia política
  • Falta de intimidad
  • Problemas de comunicación en la pareja
  • Problemas sexuales en la pareja.

Objetivos de la terapia de pareja

Lo que se pretende conseguir cuando se acude a una terapia de pareja es lo siguiente:

  • Mantener una alianza de trabajo con la pareja, procurando la participación de ambos cónyuges (aunque también se puede trabajar con uno solo de ellos).
  • Aumentar el nivel de satisfacción de la relación, produciendo modificaciones en sus conductas de comunicación, expresión afectiva y resolución de problemas.
  • Que los miembros de la pareja tomen conciencia de cómo se trastornan emocionalmente y perturban la relación al mantener una serie de pensamientos erróneos; y trabajen en su modificación.

El papel del terapeuta

El terapeuta es alguien formado especialmente para ofrecer un tipo definido de tratamiento. Al ayudar a comprender cómo funciona la pareja, los terapeutas pueden ayudar a ver cómo contribuye cada miembro de la pareja en el malestar de la relación y cómo se pueden modificar las pautas de actuación. Para ello es necesario que el terapeuta sea capaz de facilitar un clima emocional que permita a los miembros de la pareja conversar con mucho respeto.

El terapeuta debe mantener su neutralidad, negarse a asumir la situación de juez, recalcar que el tratamiento se basa en una visión no culpabilizadora de la relación e insistir en que son necesarios cambios recíprocos. Asimismo, debe evitar que haya un intercambio de críticas negativas.

Para determinar el éxito del tratamiento es crucial la relación terapeuta-paciente. Hemos de tener en cuenta que en la terapia de pareja por paciente se entiende la relación en sí misma y no cada uno de sus miembros por separado. Los buenos profesionales reconocen la importancia de un buen entendimiento entre terapeuta y paciente. Es necesario sentirse cómodo ante el terapeuta, ya que los pacientes contentos con sus terapeutas realizan mayores progresos.

Cada terapeuta trabaja de manera diferente: ver a los dos miembros de la pareja a la vez o que cada miembro acuda a sesiones alternas por separado. En cuanto a la frecuencia de las sesiones, se puede citar a la pareja una hora por semana, determinar sesiones de dos horas cada dos o cuatro semanas, o establecer algún otro horario ya que esto varía según el terapeuta. De la misma manera, el problema se puede solucionar con cuatro o cinco sesiones o puede ser necesario tratar a la pareja durante un año o incluso más. Todo esto depende de la orientación del terapeuta, las inclinaciones de la pareja y de la gravedad y el tipo de problema.

¿En qué consiste una terapia de pareja?

En la terapia de pareja se pueden distinguir dos fases: la fase de evaluación y la fase de intervención, que se solapan a lo largo de la terapia.

Fase de evaluación

En la fase de evaluación se pretende conocer la problemática específica de la pareja y se realiza tanto de manera conjunta como individual. Las entrevistas individuales se realizan para completar la recogida de información, sopesar el grado de motivación e indagar sobre las soluciones concretas que cada uno de los miembros de la pareja ha intentado para resolver la situación.

La fase de evaluación, al estar centrada en conductas concretas, tanto positivas como negativas, no permite las quejas de insatisfacción y requiere cierta colaboración entre los miembros de la pareja, por lo que pueden empezar a surgir conductas positivas entre ellos. Es en esta fase cuando la pareja va a decidir si la terapia va dirigida a mejorar su relación o a conseguir una separación no traumática.

Fase de intervención

Una vez identificadas las áreas problema, se indica que la terapia está basada en el presente y en el futuro y que cada uno es responsable en parte del comportamiento del otro (muchas parejas acuden con la idea de que es el otro quien debe cambiar), por lo que ambos se convierten en terapeutas. Se les entrena para observar en casa su propia conducta y la del otro, y con este material se trabajará en la terapia.

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Principales áreas de conflicto

La comunicación

Cuando comienzan los conflictos se van instaurando unos patrones de comunicación que agravan el problema y que en numerosas ocasiones conducen a la separación. Por ello, es necesario volver a establecer las bases de una comunicación respetuosa que permita restaurar el diálogo.

La pasión

La fase inicial de enamoramiento va dando paso al cariño y a la intimidad, pero esto no significa que se pierda la atracción que se siente por el otro como sujeto sexual.

La intimidad

Se refiere a los momentos que comparten los dos miembros de la pareja, la separación de la familia de origen, del grupo de amigos, etc.

El poder

Hay que establecer quién se encarga de hacer las cosas y quién decide lo que hay que hacer, tanto en las finanzas como en el cuidado de los hijos o en las relaciones sociales. La incorporación de la mujer a la vida laboral con su consiguiente contribución a la economía familiar está dando lugar a una lucha de poder dentro de la pareja. De ahí que se haya convertido en una de las áreas más frecuentes de conflicto.

Diversos estudios han demostrado que las parejas en conflictos tienen una expectativa de vida menor, más riesgo de enfermar y mayor frecuencia de cuadros depresivos, sin olvidar las consecuencias en la convivencia familiar.

Muchas veces la crisis sobreviene sin que ninguna de las dos partes tenga ningún deseo de que suceda, ni mucho menos de romper la pareja. Cuando esto ocurre, tal vez sea el momento de buscar un poco de ayuda externa para recuperar la armonía perdida.

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