Revisiones periódicas tras un cáncer

Con las distintas técnicas actuales de tratamiento, más de la mitad de los pacientes diagnosticados de cáncer se curan. Sin embargo, cuando a una persona se le informa que padece un cáncer, a menudo experimenta esta vivencia como uno de los acontecimientos más traumáticos y perturbadores de su existencia. Con independencia del pronóstico, el diagnóstico de cáncer conlleva un cambio en la propia imagen de la persona y en su papel en el trabajo y en casa y en su relación con los demás.

Más de la mitad de los pacientes de cáncer se curan hoy en día.

El cáncer es la segunda causa más importante de muerte, sólo por detrás de las enfermedades del corazón. Por ello, cada año miles de pacientes son diagnosticados de esta enfermedad en nuestro país. Prácticamente las células de cada órgano del cuerpo humano son capaces de degenerar transformándose en cáncer, de ahí la extensa variedad de los tipos de cáncer existentes. Los más frecuentes son por este orden:

En este artículo desarrollaremos algunos aspectos generales de las revisiones médicas que se realizan tras un cáncer centrándonos en los chequeos que se llevan a cabo en los tres principales tipos de cáncer antes mencionados.

Tratamientos

Los grandes tratamientos empleados para combatir un cáncer se pueden resumir en 4 tipos: cirugía, radioterapia, quimioterapia y terapia biológica.

A partir de la información obtenida sobre la extensión de la enfermedad y el pronóstico, y adecuándonos a los deseos del paciente, determinaremos si el método de tratamiento debe ser curativo o simplemente paliativo, es decir, aliviar los síntomas sin cambiar el curso de la enfermedad.

Un mismo tipo de cáncer podrá ser subsidiario de los distintos tipos de tratamiento antes mencionados en sus distintas fases evolutivas. Habitualmente los médicos que tratan a estos pacientes siguen los llamados protocolos normalizados en el tratamiento de un tipo determinado de cáncer. Son procesos estandarizados que se aplican en los más importantes hospitales del mundo y han sido revisados y consensuados por numerosos equipos de expertos multidisciplinares basados en investigaciones científicas. Por ello, es común que un mismo tipo de cáncer se trate igual en EEUU que en Alemania que en España, consiguiendo resultados similares.

Control de las complicaciones de la enfermedad y el tratamiento

La mayoría de los tratamientos aplicados contra el cáncer son tóxicos, por lo que el paciente con esta enfermedad debe seguir controles periódicos para detectar precozmente y tratar las complicaciones de la enfermedad y su tratamiento, así como los complejos problemas psicosociales asociados a este trastorno.

Los efectos adversos más frecuentes de los tratamientos contra el cáncer son las náuseas y los vómitos, la bajada en el recuento de glóbulos blancos en la sangre, asociada a fiebre, y la alteración de la función de la médula ósea en su capacidad de producir glóbulos rojos, blancos y plaquetas.

Algunos tumores pueden ser vigilados determinando en la sangre u otros líquidos corporales los llamados marcadores tumorales, sustancias específicas que producen determinados tipos de tumor. Las elevaciones y descensos de los niveles del marcador suelen asociarse a aumentos y disminuciones de la masa o del tamaño del tumor.

Revisiones tras el cáncer

En general, los pacientes diagnosticados de cáncer deberán someterse a revisiones periódicas, variables en el tiempo según la gravedad del proceso, pero habitualmente cada 3-6 meses una vez controlado éste y, posteriormente, al menos una revisión anual. Insistimos que estos períodos son aproximados y dependen siempre del proceso y su gravedad, por lo que aconsejamos seguir siempre las indicaciones del médico responsable. Se emplean todo tipo de pruebas complementarias para seguimiento y control de un paciente diagnosticado de cáncer de las que las más habituales son:

Revisiones tras un cáncer de pulmón

El cáncer de pulmón constituye la primera causa de muerte por cáncer en ambos sexos y en cualquier raza. Los porcentajes de supervivencia global a los 5 años del diagnóstico de un cáncer de pulmón se han casi duplicado durante los últimos 30 años. Esta mejora se debe a los avances en los tratamientos combinados de cirugía, radioterapia y quimioterapia. No obstante, es conocido que el pronóstico en general es todavía bastante malo. De todas formas, si se diagnostica correcta y precozmente, se estudia a fondo y se aplican los tratamientos más adecuados, existen posibilidades individuales de curación.

En el seguimiento de un paciente diagnosticado de cáncer de pulmón, y dependiendo de los tratamientos recibidos (radioterapia, quimioterapia, cirugía, paliativos), lo más habitual es que necesite revisiones periódicas (cada 3-6 meses al principio y más espaciadamente después, según la evolución) que incluirán:

  • un examen físico completo, así como análisis de sangre y orina
  • radiografía y TAC torácicos
  • pruebas de función pulmonar
  • determinación del oxígeno en la sangre
  • otras pruebas, como broncoscopio, punción torácica, etc.

El médico habitualmente recordará al paciente la importancia de no fumar y evaluará el estado de ánimo y los síntomas del paciente (dolor, cansancio o fatiga, etc.) para administrar el tratamiento paliativo correspondiente.

Revisiones tras un cáncer de mama

El cáncer de mama es hoy en día una causa muy frecuente de cáncer en la mujer. Afecta a una de cada siete mujeres a lo largo de su vida y supone por tanto un verdadero problema de salud pública, hasta el punto que las autoridades sanitarias han creado los llamados programas de cribado de cáncer de mama, con la realización de mamografías seriadas a las mujeres mayores de 45 años. Ello ha posibilitado que actualmente el cáncer de mama sea potencialmente curable y su supervivencia cada vez más elevada.

La determinación correcta de la fase de la enfermedad en las pacientes con cáncer de mama reviste una extraordinaria importancia, porque no sólo permite un pronóstico exacto, sino que en muchos casos determinará la toma de decisiones terapéuticas.

Se han ensayado distintos tratamientos para el cáncer de mama: desde las distintas modalidades de cirugía hasta la quimioterapia, la radioterapia y los tratamientos hormonales. Dependiendo del tratamiento realizado, la paciente requerirá distintas revisiones médicas que, en general, constarán de:

  • Una anamnesis o preguntas por el estado de la paciente.
  • Una exploración física general por parte del médico, cada 3-6 meses durante los primeros 3 años; cada 6-12 meses durante los siguientes 2 años y después anualmente.
  • Una autoexploración mamaria mensual.
  • Una mamografía anual.
  • Una exploración ginecológica anual.
  • Asimismo, las pacientes deben ser instruidas acerca de los síntomas de recaída de la enfermedad y coordinación de la asistencia.

No se recomiendan en general otras pruebas rutinarias, como análisis de sangre periódicos, radiografía de tórax, TAC, marcadores tumorales, etc., salvo que la situación clínica así lo aconseje o el médico responsable de la paciente estime oportuno.

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Revisiones tras un cáncer de colon

El cáncer de colon o intestino grueso es el cáncer más frecuente del aparato digestivo y sus causas parecen estar relacionadas con factores ambientales, fundamentalmente la dieta. Una porción de los casos (hasta el 25 % de los mismos) pueden tener antecedentes familiares de la enfermedad, lo que sugiere una predisposición genética.

La extirpación total del tumor es el tratamiento de elección cuando se detecta, por endoscopia o por radiología, una lesión maligna del intestino grueso. Antes de la intervención se debe realizar una valoración extensa en busca de metástasis o extensión a distancia del tumor mediante exploración física completa, radiografía de tórax, diferentes análisis de sangre y determinación de un marcador tumoral específico llamado CEA (antígeno carcinoembrionario). Si es posible, es conveniente realizar una colonoscopia de todo el intestino grueso para descartar otras lesiones. Otros tratamientos asociados a la cirugía son la radioterapia y la quimioterapia.

Tras el período de recuperación después de una extirpación completa del tumor, hay que vigilar estrechamente al paciente durantes los siguientes 5 años, con exploraciones físicas cada 6 meses y análisis completos de sangre todos los años. Algunos expertos recomiendan determinaciones periódicas de las concentraciones del marcador tumoral CEA cada 3 meses, debido a la sensibilidad de esta prueba como marcador de recaída de la enfermedad no detectable por otros procedimientos. Posteriormente se realizará una colonoscopia o una radiografía del intestino grueso cada 3 años debido al riesgo de recaída de la enfermedad.

En pacientes con antecedentes familiares de la enfermedad se proponen colonoscopias periódicas para la detección precoz y tratamiento temprano de las lesiones.

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