Retraso en el crecimiento: importancia de los percentiles

Mi hijo no crece: ¿qué le ocurre?

El término “retraso de crecimiento” es simplemente un síntoma observado por quien vigila la tasa del crecimiento de un niño, que suele ser un pediatra.

La frase “retraso de crecimiento” describe a los lactantes y niños pequeños que no ganan peso, talla o ambos.

La frase “retraso de crecimiento” o la palabra “desmedro”, aunque son conceptos excesivamente restrictivos, describen a los lactantes y niños pequeños que no ganan peso, talla o ambos de forma adecuada. Es decir, describen la discrepancia entre los incrementos del peso y de la talla observados para su edad y sexo.

Este hecho es una causa muy frecuente de consulta al pediatra y genera mucha ansiedad familiar.

En el proceso de crecimiento están implicados múltiples factores y prácticamente todos los órganos y sistemas, por lo que la valoración del crecimiento del niño constituye un indicador de su estado de salud y bienestar.

¿Qué es el crecimiento? ¿Qué factores lo determinan?

El crecimiento es un proceso complejo que está determinado por la herencia genética propia (de los padres) y depende de una serie de factores:

  • Un adecuado aporte de nutrientes.
  • La integridad de todos nuestros sistemas para que estos nutrientes lleguen a las células.
  • El correcto funcionamiento de estas células Todo este proceso está regulado por una serie de hormonas.
  • El entorno psicoafectivo. Una privación afectiva prolongada puede afectar al correcto crecimiento por la acción sobre el sistema nervioso del individuo.

Importancia de los percentiles

Para valorar el adecuado desarrollo de los niños se utilizan unas curvas llamadas percentiles. Son “curvas de crecimiento” en las que se muestran las tasas de crecimiento esperadas para los niños, según su edad y sexo, en los primeros dos años de vida.

Estas gráficas son fundamentales para el diagnóstico, y deben ser valoradas a lo largo del tiempo, por lo que es conveniente que las realice siempre la misma persona, con los mismos aparatos de medida de peso y talla. Si cambiamos de báscula siempre hay mínimos errores de gramos que son muy importantes cuando el niño aún es bebé y nos puede llevar a error y provocar una preocupación innecesaria.

¿Qué miden los percentiles?

Los percentiles miden el peso, la talla, el perímetro craneal, los pliegues subcutáneos y el perímetro braquial.

En los niños prematuros deben realizarse correcciones del peso hasta los 24 meses, y de la talla hasta los 40 meses.

Los percentiles describen unas curvas de normalidad de la población que se cuantifican entre el percentil 3 y el 97, en función de la edad del niño o niña. Esas cifras indican que solo un 3% de los niños “normales” tiene un peso y una talla por debajo de la curva del P3 o por encima de la curva del P97.

La medida que se relaciona de forma más directa con el crecimiento es la talla, pero los padres, erróneamente, suelen dar más importancia al peso.

Las tablas que se han utilizado con mayor frecuencia son las del National Center for Health Stadistics (NCHS) o las de Tanner y Whitehouse.

En la actualidad los pediatras utilizamos las tablas de "Estudio longitudinal del crecimiento de 0 a 18 años" elaboradas por M. Hernández y col. que son más fiables para la población española.

Curvas de crecimiento normal

Estudio longitudinal de crecimiento: curvas de 0-14 años

©NetDoctor/es

¿Qué es la velocidad de crecimiento?

El crecimiento es un fenómeno dinámico que, como hemos señalado, depende de muchas cosas: herencia genética, tipo de nutrición, ambiente, entorno psicoafectivo, etc. Por esta razón un valor estático, como por ejemplo la talla, nos facilita poca información sobre la “normalidad”.

Necesitamos obtener la velocidad de crecimiento que resulta de dividir el incremento de la talla por el tiempo en que dicho incremento se ha producido.

El crecimiento de un niño no es constante y puede variar dependiendo de enfermedades ocasionales que provocan fenómenos de desaceleración seguidos de procesos de recuperación. Por ello es recomendable valorar la velocidad a intervalos de 6 meses.

Factores implicados en la velocidad de crecimiento

La velocidad de crecimiento varía en función de la edad:

  • 1er año de vida: 25cm/año
  • 2º año de vida: 12cm/año
  • De 2a 4 años: 9-7cm/año
  • Desde los 4 años hasta la pubertad: 5-6cm/año.

Poco antes de la pubertad se suele presentar una ralentización en el crecimiento que se llama "desaceleración fisiológica" y que se interpreta como una preparación previa al periodo de gran crecimiento que se da en la pubertad. Es el punto más bajo de la curva de velocidad de crecimiento y el momento en el que los padres más consultan porque “el niño no crece”, sobre todo si se está retrasando el inicio de la pubertad.

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¿Qué se entiende por crecimiento normal?

Está claro que no podemos decir que el crecimiento de un niño está alterado si antes no comprendemos qué es lo que se considera un crecimiento normal.

Los percentiles de los que hemos hablado antes nos muestran las tasas de crecimiento esperadas durante los primeros dos años de vida. Pero eso no significa que el niño vaya a seguir estrictamente estas curvas. Hay que individualizar cada situación.

Una medida aislada de peso o talla sobre una tabla de percentiles no es suficiente para detectar un retraso de crecimiento, ya que el niño en ese momento puede estar enfermo, o que para el control de su talla y peso se haya utilizado unos instrumentos distintos de los que habitualmente se usa en los controles de salud, y esto puede dar lugar a error.

Fenómenos normales dentro del crecimiento infantil

Tenemos que saber cuales son los fenómenos normales que no deben preocuparnos, como por ejemplo:

  • Tras el nacimiento se produce una bajada de peso en el recién nacido, por pérdida del exceso de agua que tiene, que puede llegar hasta el 10% del peso que tuvo al nacer. Esta pérdida de peso se recupera aproximadamente hacia el 10-14 día de vida.
  • Cualquier infección o alteración patológica incide directamente sobre su curva de crecimiento, de manera que se observa un descenso brusco o una parada. Esto no debe preocuparnos pues si el niño tiene un desarrollo normal recuperará la curva para encarrilar de nuevo su percentil.
  • Si en la familia hay una “talla corta constitucional” o “genética” los hijos presentarán valores de altura menores de dos desviaciones estándar por debajo de la media para su edad y sexo, pero no por ello su velocidad de crecimiento es anormal, sino que el niño sigue sus propias curvas.
  • Otro motivo de preocupación para los padres es la edad de inicio de la pubertad, pero esto está determinado también genéticamente. Los niños la inician aproximadamente dos años más tarde que las niñas. Y existe una diferencia de 4 a 5 años en cuanto a las edades a las que se producen los fenómenos de crecimiento y las características sexuales acompañantes en los distintos niños.

Definición de retraso de crecimiento

Para determinar que un lactante tiene un retraso en su crecimiento debemos comprobar:

  • Que tenga un peso por debajo de los límites normales para su edad (<P3).
  • Que tenga un peso por debajo de los límites de peso altos para su talla (<P90).
  • Curva de peso decreciente: aquellos niños que desciendan dos percentiles debajo de su curva normal de crecimiento deben estudiarse aunque su peso siga estando dentro de los límites de normalidad.
  • Mantenimiento de este déficit de peso al menos durante dos meses si se trata de un lactante menor de 5 meses o durante tres meses si es mayor de esta edad.

Causas del retraso de crecimiento

Clásicamente se habían clasificado las causas de retraso de crecimiento como orgánicas y no orgánicas:

Orgánicas

Existe una causa del retraso:

  • Ingestión inadecuada de alimentos
  • Anorexia
  • Digestión o absorción defectuosa de los alimentos
  • Pérdidas excesivas de nutrientes
  • Requerimiento de calorías mayor al normal para su edad por una enfermedad crónica de base (cardiopatía, enfermedad renal, enfermedad hepática...).

No orgánicas

Crecimiento anormal sin enfermedades identificables que lo causen. Lo más frecuente es que exista un entorno psicosocial adverso y/o una alteración de la relación madre/hijo.

Pero en el resto de casos muchas veces no se llega a averiguar la causa, aunque suelen mejorar en un plazo variable.

Los factores de riesgo son:

  • Niños difíciles, enfermizos, con trastornos de sueño.
  • Madres agobiadas y padres emocionalmente incapaces de soportarlo.
  • Trastorno o desorden en la situación alimentaria.
  • Entorno social de estrés o pobreza.
  • Otros: exposición a tóxicos (tabaco, alcohol o drogas) durante el embarazo, niños prematuros, retraso de crecimiento intrauterino o síndromes malformativos.

¿Cómo llegar al adecuado diagnóstico de la causa del retraso?

Historia clínica

Lo más importante es la correcta recopilación de datos y una cuidadosa exploración clínica del niño. Debe tenerse en cuenta:

  • Antecedentes familiares: edad de los padres, nivel sociocultural, enfermedades familiares y talla.
  • Antecedentes personales: exposición a tóxicos durante el embarazo, peso al nacer, relación madre-hijo, enfermedades previas del niño, etc.
  • Exploración clínica por aparatos: se hará especial hincapié en los síntomas digestivos: ritmo de deposiciones, regurgitaciones, vómitos, apetito. Evaluación de la dieta y de los hábitos alimenticios (del niño y de la familia: vegetarianos etc.) y existencia de anorexia materna.

Valoración antropométrica

Se valorarán peso, talla, perímetro craneal y velocidad de crecimiento, utilizando las tablas y los percentiles de los que ya hemos hablado.

Pruebas complementarias

En un primer momento se solicitará al pediatra de Atención Primaria que realice las pruebas necesarias para descartar las posibles causas orgánicas del retraso:

  • Análisis de sangre, necesarios para evaluar el estado nutricional del niño y descartar algunas enfermedades.
  • Análisis de orina general y cultivos, para descartar infecciones.
  • Análisis de heces y parásitos
  • Radiografía de muñeca para establecer la edad ósea Hormonas tiroideas.

Tratamiento y manejo del niño con retraso de crecimiento

Con todas las pruebas anteriores el pediatra tendrá suficientes datos para determinar si la causa es orgánica, en cuyo caso remitirá al niño al especialista correspondiente, o si por el contrario no es orgánica.

El tratamiento ideal es multidisciplinario ya que en él deben intervenir un psicólogo, un nutricionista, un trabajador social y un pediatra.

Para que el niño se recupere habrá que darle un aporte calórico 50% por encima de sus necesidades básicas y, además, un suplemento vitamínico-mineral.

Hay que modificar los malos hábitos alimentarios y mejorar la relación afectiva madre-hijo-comida:

  • Evitar líquidos una hora antes de las comidas. Ofrecerlos al final.
  • Permitir que el niño coma por sí mismo y en compañía de otros miembros de la familia.
  • No forzarle a comer.
  • No mostrar enfado ni nerviosismo delante del niño.
  • Evitar la televisión u otras distracciones durante la comida.
  • Evitar ritos y chantajes al niño durante la comida.
  • Tener un comportamiento espontáneo y afectivo durante la comida.
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