Qué es la dieta 80-20

Es lo último entre celebridades, parece. Miranda Kerr, Cameron Díaz y Jessica Alba, entre otras muchas, han afirmado que la siguen. Pero la pregunta es inevitable: ¿Se trata de una extravagancia más, o disponemos, finalmente, de una dieta cabal con un enfoque sostenible y saludable?

Cómo funciona la dieta 80-20

El fundamento es muy simple: elabore sus menús con un 80 por ciento de alimentos ricos en nutrientes y relájese un poco con el 20 por ciento restante: puede darse el capricho que le apetezca.

Sus defensores argumentan que no sólo evita el sentimiento de culpabilidad que produce comer algo “prohibido”, sino que, al ponerle un límite bien definido, no aparece la necesidad de “pasarse”. En cambio, se centra en que la mayoría de lo que se come es tan sano como cabe pensar.

Una de las razones de los repetidos fracasos de las dietas es la sensación de privación que, unida a la de hambre, no sólo nos hace sentirnos miserables, sino que acaba siendo insostenible. La dieta 80-20 es positivista, incluso optimista, pues no prohíbe nada ni se centra en un constante contar calorías o en discutibles puntuaciones de alimentos.

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Cómo organizarse la 80-20 depende de uno mismo. Hay quien establece los menús semanales (asumiendo tres comidas al día, un total de 21) y dejan libertad en 4 ó 5 de ellos. Otros se permiten una infracción diaria, o se toman la libertad de una copa de vino o un pastelito.

El mensaje, parece, es no obsesionarse con la aritmética sino tomar la regla 80-20 como una guía, y no como una imposición precisa y estricta.

Problemas de la dieta 80-20

La flexibilidad de la 80-20 es su principal éxito, pero tiene un doble filo y es que la falta de una estructura puede convertirse fácilmente en una trampa. Para los principiantes, el éxito reside en saber a fondo qué se entiende por “alimento sano”. Hay estudios que muestran que la percepción de qué alimentos lo son es muy variable. Y el etiquetado de los alimentos, muchas veces confusa, no ayuda en absoluto. Sin reglas claras acerca de qué puede incluirse en el 80%, los usuarios pueden seguir pautas erróneas a la hora de clasificar como “sano” un alimento dado.

Además, la dieta 80-20 no tiene en cuenta las porciones, las cantidades, y confía exclusivamente en el sentido común del seguidor.

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Con todo, el principal riesgo está en que se considere el 20 por ciento como un “todo vale” y comer sin restricciones. No debe caerse en el error de pensar que el 80% es nutrirse y el 20% es un festín.

Cómo enfocarla

Todo pasa por conocer las propias sensaciones de hambre y saciedad y “escuchar” lo que el cuerpo nos dice. Hay que preguntarse en cada comida ¿qué es lo que me gustaría comer? ¿Qué puedo hacer para sentirme bien? ¿Cómo comer de la mejor manera –saludable– posible? Y es de Perogrullo: hay que comer cuando se tiene hambre y parar cuando la sensación desaparece.

Y ¿qué pasa con ese 20%?

Ese 20% de indulgencia probablemente debería reservarse para las ocasiones especiales, como comer con amigos o bien para cuando sienta ansia de comer algo en particular, algo “prohibido”.

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¿Una dieta o un estilo de vida..?

La dieta 80-20 no es prescriptiva, no prohíbe alimentos ni exige contar calorías. Sí da a sus usuarios una flexibilidad inédita a la hora de adelgazar.

Pero para que resulte efectiva, hay que recordar que se basa en el principio de la moderación, incluso en los “momentos 20”. Quienes la sigan deben tener presente la necesidad de controlar las cantidades y evitar abordar ese 20 con mentalidad “de trampa”. Nadie discutiría un enfoque basado en el equilibrio y la moderación en las comidas, pero se puede pensar que eso no es una dieta como Dios manda.

Los principios de la 80-20 chocan frontalmente con las estrictas reglas y restricciones asociadas a las dietas. En su lugar, la dieta 80-20 debe considerarse como un enfoque en el estilo de vida: come sano y con cabeza “casi” siempre, pero no temas sentirte culpable por darte de vez en cuando un capricho.

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