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Piel: problemas más frecuentes en los mayores

El envejecimiento es un proceso que conlleva muchos cambios en el organismo y, por supuesto, también en órganos como la piel y sus anejos. Estos cambios en la piel se producen básicamente por dos mecanismos: uno intrínseco, de envejecimiento propio o verdadero y otro debido a la exposición permanente, pero evitable, a las radiaciones ultravioletas del sol y que llamamos fotoenvejecimiento.

Manos ancianas

La piel envejecida por efecto de la luz solar se caracteriza por presentar arrugas finas y toscas, pigmentación moteada irregular, manchas parduzcas, rugosidades, coloración amarillenta y pequeños vasos sanguíneos superficiales llamados arañas vasculares o telangiectasias.

©Per Christiansen

Comenzaremos describiendo brevemente este fenómeno para a continuación repasar los trastornos de la piel que con mayor frecuencia afectan a los ancianos.

Fotoenvejecimiento

En los ancianos de muchos países, la mayoría de las alteraciones en el aspecto de la piel se deben a la exposición crónica a la radiación ultravioleta de la luz solar, y los cambios cutáneos son más pronunciados en las zonas corporales expuestas. Los ancianos cuya pigmentación o estilo de vida los protege de la luz solar, suelen presentar un aspecto más juvenil que el correspondiente a su edad cronológica.

Algunas enfermedades de la piel de los ancianos, como el cáncer, aparecen de modo casi exclusivo en la piel fotoenvejecida.

La piel envejecida por efecto de la luz solar se caracteriza por presentar arrugas finas y toscas, pigmentación moteada irregular, manchas parduzcas, rugosidades, coloración amarillenta y pequeños vasos sanguíneos superficiales llamados arañas vasculares o telangiectasias.

La mejor forma de evitar el fotoenvejecimiento es la prevención, que tendrá más éxito cuanto más precozmente se inicie (incluso desde la niñez). Se ha demostrado que evitar la exposición a la luz solar y el uso de filtros antisolares proporcionan una mejora importante del aspecto de la piel, incluso cuando ya existe daño previo. Por ello, es importante aconsejar a las personas que utilicen sombreros, se cubran los hombros y se apliquen cremas protectoras antes de salir al aire libre, como parte de la rutina diaria. Es conveniente, asimismo, evitar la permanencia al sol en las horas en las que es más fuerte la radiación ultravioleta, es decir, hacia el mediodía.

Trastornos cutáneos más frecuentes en los ancianos

Muchos trastornos cutáneos afectan a jóvenes y mayores por igual. Sin embargo, determinadas enfermedades, infecciones y tumores de la piel aumentan su frecuencia con la edad. Dadas las limitaciones de espacio, en este artículo analizaremos solamente algunas de ellas.

Prurito o picor de la piel

El prurito o picor de la piel es esa sensación tan desagradable que provoca un deseo instintivo de rascarse o frotarse. Es un trastorno muy común en los mayores y suele deberse a la sequedad de la piel, también llamada xerosis.

Otras veces es producido por alteraciones de la piel, como dermatitis de contacto, o irritación de la piel por determinadas sustancias o por infecciones por piojos, sarna u hongos.

Sin embargo, a menudo no encontramos ningún tipo de lesión en la piel y nos planteamos el estudio de enfermedades sistémicas o generales (es decir, que afectan a todo el organismo) ya que llegan a suponer hasta la mitad de los casos de lo que llamamos “prurito sine materiae”, es decir, picor de la piel sin lesiones cutáneas. Muchas son las enfermedades generales que pueden ocasionar picor, entre las que destacamos algunas enfermedades del hígado, el exceso de urea en la sangre, la anemia por falta de hierro, algunos tumores y algunas infecciones por parásitos.

Para aliviar o eliminar el picor, las personas afectadas deben evitar el uso de jabones fuertes, el alcohol de frotar, detergentes y otras sustancias secantes y el contacto con materiales potencialmente irritantes como la lana (siempre es preferible el algodón). Las cremas hidratantes como la simple vaselina y los emolientes o ablandadores son útiles si se aplican con frecuencia y en cantidad abundante, sobre todo después del baño, cuando la piel aún está húmeda. También pueden usarse cremas y lociones con urea o ácido láctico que ayudan a eliminar la descamación, mantienen la piel hidratada y alivian el picor. En ocasiones, puede usarse una crema o pomada con un corticosteroide de baja potencia como la hidrocortisona, para tratar la piel seca e inflamada.

Herpes zóster

La infección de la piel por el virus del herpes zóster (el mismo que produce la varicela en los niños) es un problema relativamente común en los ancianos que afecta a personas por lo demás sanas, pero que puede causar mayores problemas en los pacientes con su sistema de defensas dañado.

La enfermedad se caracteriza por la aparición de una erupción rojiza en la piel, generalmente del pecho o la espalda y con menos frecuencia de la cara, sobre la que asientan unas vesículas pequeñas, muy dolorosas, que en el transcurso de unos días evolucionan, se secan y se transforman en costras. Puede asociarse malestar general y algo de fiebre.

Actualmente el tratamiento se realiza con unos medicamentos específicos contra esos virus (aciclovir y derivados) que deben administrarse tan pronto como sea posible para evitar la aparición de complicaciones.

La mayor complicación conocida de esta infección es la temida neuralgia postherpética, es decir, la persistencia de un intenso dolor en la región por afectación de los nervios por el virus, una vez que la erupción de la piel se ha curado. Afecta a 4 de cada 10 ancianos y su duración y gravedad aumentan con la edad. Suele ser difícil de tratar y se han intentado múltiples medicamentos con mayor o menor éxito. Últimamente se ha demostrado la eficacia de una sustancia llamada gabapentina para controlar el dolor.

Otras enfermedades de la piel que merece la pena enumerar son:

  • Las erupciones cutáneas inducidas por medicamentos, tan frecuentes en los ancianos.
  • El acné rosácea: trastorno inflamatorio que produce enrojecimiento, prominencia de vasos sanguíneos superficiales, lesiones sobreelevadas y a veces con pus, fundamentalmente en la parte central de la cara.
  • El liquen simple crónico o neurodermatitis: engrosamiento localizado de la piel, causado por rascado repetido, que afecta al tobillo y dorso del pie, la parte anterior de la pierna, el dorso del cuello, los antebrazos y los codos.
  • Las úlceras venosas debido a la insuficiencia venosa y las ulceraciones por presión en pacientes inmovilizados o encamados.

Tumores de la piel

Brevemente comentaremos los tumores de la piel más frecuentes en los ancianos. Los dividiremos en: tumores benignos, lesiones premalignas y tumores malignos.

Tumores benignos

El tumor benigno de la piel más frecuente en los ancianos, con diferencia, es la queratosis o verruga seborréica. Consiste en una lesión similar a una verruga, elevada, de color carne o pigmentada, de tamaño variable que aparece en la cara, en la frente, en la espalda o en el pecho como localizaciones más frecuentes. Estas lesiones se pueden eliminar mediante congelación con nitrógeno líquido o mediante quemadura con un bisturí eléctrico.

Otros tumores benignos son los llamados acrocordones o fibromas cutáneos, que son lesiones de color carne o pigmentadas, blandas y con frecuencia con un pedículo, que aparecen en el cuello, en las axilas o el tronco y que se pueden eliminar con unas tijeras o con un bisturí eléctrico. Los queratoacantomas son nódulos de crecimiento rápido, con un contorno liso y un tapón central de queratina. Muchas veces se resuelven espontáneamente pero otras veces hay que extirparlos.

Lesiones pre-malignas

La queratosis actínica es la lesión pre-maligna más frecuente en los ancianos. Se produce en áreas expuestas al sol y puede dar lugar a un tipo de tumor maligno llamado carcinoma de células escamosas o espinosas. Consiste en manchas parecidas al papel de lija, de color variable entre el de la piel y el pardo rojizo o el negro amarillento. Más que verse se palpa, por su tacto rugoso. Los factores de riesgo de este proceso incluyen la edad avanzada, la piel clara, los ojos azules y el historial de pecas durante la niñez.

Evitar la exposición al sol produce la regresión de las lesiones y puede ser un tratamiento suficiente en la enfermedad leve. Los pacientes con múltiples lesiones deben ser evaluados cada 6-12 meses para poder detectar precozmente un posible cáncer de piel. Cuando el número de lesiones es pequeño, el tratamiento más habitual es la crioterapia, es decir, la quemadura por congelación de la lesión con nitrógeno líquido.

Tumores malignos

Los tres tumores malignos más comunes son el epitelioma o carcinoma basocelular, el epitelioma o carcinoma espinocelular y el melanoma.

Carcinoma basocelular

El carcinoma basocelular es un tumor de aspecto perlado que si no se trata puede transformarse en una úlcera superficial de la piel, que crece con lentitud y rara vez se extiende al resto del organismo. La mayoría de las veces se asienta en la cabeza y el cuello. Su diagnóstico se realiza por su aspecto clínico que debe confirmarse mediante una biopsia de la piel. Su tratamiento es siempre quirúrgico.

Carcinoma espinocelular

El carcinoma espinocelular es un tumor maligno, que se localiza en áreas expuestas al sol y que tiene modesta tendencia a extenderse al resto del organismo (lanzar metástasis). Como antes veíamos, puede derivar de una queratosis actínica. Al igual que el carcinoma basocelular se diagnostica por su aspecto y mediante una biopsia de la piel. El tratamiento es siempre quirúrgico y requiere un seguimiento clínico evolutivo ya que hasta el 5% de los tumores producen metástasis.

Melanoma

El melanoma es uno de los tumores cutáneos más malignos conocido ya que produce metástasis con mucha facilidad y muchos pacientes mueren.

Existen varios tipos. El más frecuente, llamado de extensión superficial, se muestra como una placa pigmentada de borde irregular y pigmentación variable y suele ser asintomático. Las lesiones avanzadas pueden producir picor y hemorragia. Ante su sospecha es necesario consultar con un dermatólogo a la mayor brevedad posible ya que será necesaria una biopsia confirmatoria y el tratamiento quirúrgico oportuno con un seguimiento posterior, habitualmente a largo plazo.

Dr.  Salvador Pertusa Martínez  (especialista en Medicina Familiar y Comunitaria) .

Última versión: 2011-08-03