Los problemas de adaptación en la vuelta al colegio

El regreso al colegio no suele ser motivo de felicidad para nuestros hijos, pero forma parte de la vida normal y es algo por lo que han de pasar ineludiblemente todos los años. Es divertido disfrutar de las vacaciones pero también es importante que nuestros hijos comprendan claramente que, tan necesario como divertirse, es estudiar y esforzarse para tener un futuro mejor, pleno de éxitos y satisfacciones. Sin embargo, en ocasiones, nuestros hijos pueden adoptar una mala respuesta en el retorno al medio escolar, produciéndose entonces lo que se denomina trastorno de adaptación.

Tras las vacaciones, la ineludible vuelta al colegio puede suponer algún trastorno en ciertos niños.

¿Qué es un trastorno de adaptación escolar?

Una respuesta no positiva al retorno escolar de grado menor no es un trastorno de adaptación en sí mismo, pues forma parte de una actitud sana y normal en cualquier niño. El trastorno adaptativo se instaura cuando lo que sería una respuesta corriente se convierte en una reacción anómala que se sale de lo normal, tornándose en excesiva y/o demasiado persistente. Este tipo de reacción se produce siempre en el plazo de tres meses desde el comienzo del curso escolar, pero afortunadamente no se suele prolongar más allá de los 6 meses. Cuando se sobrepasa este plazo de tiempo el trastorno de adaptación ha de considerarse crónico o podemos estar frente a un trastorno psicológico de entidad más definida (depresión mayor infantil, trastorno de ansiedad, etc.)

¿Qué tipos de trastorno adaptativo escolar existen?

Existen 6 subtipos, de los cuales los principales son los siguientes:

  • T.A. con depresión: El niño se muestra triste, con facilidad para el llanto, sin apetito, con anhedonia (incapacidad para disfrutar de las cosas que antes le gustaban).
  • T.A. con ansiedad: El niño tiene nerviosismo, tolera mal las frustraciones, es irritable…
  • T.A. con alteración de la conducta: El niño se torna agresivo, se opone a todo, no coopera.

Los otros subtipos son: T.A. con alteración afectiva y de conducta (combinación de los 3 anteriores), T.A. con ansiedad y depresión y T.A. inespecífico (no clasificable en los subtipos descritos).

¿Sólo afecta a los niños este tipo de trastorno?

El trastorno de adaptación escolar es una variante del de las personas adultas. Las personas en general pueden sufrir un trastorno de adaptación en respuesta a uno o más factores estresantes de muy diversos tipos (el regreso al trabajo, una ruptura de pareja, la pérdida de un ser querido, etc.) En el caso de los adultos que lo presentan por causa del retorno a la vida productiva puede surgir también con las mismas presentaciones clínicas que hemos descrito previamente para los niños.

¿Todos los niños pueden sufrir un trastorno de adaptación escolar?

Todos los niños y adolescentes pueden sufrirlo, sin duda, pero existe más probabilidad de que lo padezcan unos más que otros, siendo prácticamente impredecible el identificar a los de mayor riesgo. La posibilidad de padecer este trastorno depende de las características genéticas de la persona, de su entorno familiar y de las características del factor estresante (este caso es el medio escolar).

¿Es muy frecuente el trastorno de adaptación?

Se calcula que este tipo de trastorno pueden padecerlo hasta un 8% de los niños y los adolescentes, y parece ser idéntica la incidencia por sexos.

¿Qué podemos hacer ante este problema?

No se trata de un trastorno que sea posible prevenir con medidas concretas, por lo que es muy importante la detección precoz, lo que nos permitirá emprender una acción a tiempo que determine un mejor resultado. Si sospechamos que nuestro hijo puede estar padeciendo un trastorno de adaptación escolar debemos consultar con el pediatra para hacer una primera aproximación diagnóstica, pudiendo ser necesario que sea visto por un psicoterapeuta infantil. En la evaluación psicológica el especialista deberá intentar identificar los elementos generadores de estrés y proponer una actuación sobre los mismos mediante psicoterapia individual, psicoterapia familiar (si se debe incidir globalmente sobre la familia) o psicoterapia de grupo (junto a otros niños con su mismo problema que pueden ser incluso de su mismo colegio.) En casos especiales puede ser necesario el empleo de fármacos como tratamiento complementario.

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