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Melanoma

¿Cuántos tipos de cáncer de piel hay?

Existen dos tipos principales de cáncer cutáneo:

Hombre con gafas mirando al sol

Las vacaciones y los deportes al aire libre aumentan el riesgo de melanoma, por la mayor exposición a las radiaciones solares intensas.

©NetDoctor/Justesen

El melanoma

Es un tumor maligno originado en los melanocitos, que son unas células que producen melanina (pigmento que absorbe los rayos ultravioleta). Los melanocitos se localizan en la piel, los pelos, los ojos, el sistema nervioso central, las mucosas y el oído.

Los epiteliomas cutáneos

Son tumores malignos originados en la epidermis (capa más superficial de la piel) y/o sus anejos (folículos pilosebáceos y glándulas sudoríparas). Los más frecuentes son el carcinoma de células basales o epitelioma basocelular y el carcinoma de células escamosas o epitelioma espinocelular. Constituyen el grupo de tumores malignos más frecuentes en el ser humano.

¿Qué es un melanoma maligno?

Como hemos dicho anteriormente, se trata de un tipo de cáncer originado en los melanocitos. En la mayoría de los casos se localiza en la piel, aunque también pueden producirse en mucosas, los ojos, aparato digestivo, sistema nervioso, etc. Nosotros nos referiremos al melanoma de origen cutáneo. El melanoma maligno es un cáncer muy peligroso. La supervivencia del paciente depende en muchos casos de la detección y tratamiento precoces, por lo que es fundamental detectar el melanoma cuanto antes.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

Hay una serie de factores que aumentan el riesgo de desarrollar un melanoma. Estos factores determinan que existan grupos de personas con mayor probabilidad de desarrollarlo. Entre ellos, cabe destacar:

  • Las personas de piel blanca, pelo rubio o pelirrojo y con ojos claros (verdes, azules y grises) sufren mayor riesgo de padecer un melanoma. La piel de las personas blancas es más sensible y más propensa a ser dañada por los rayos del sol.
  • Presencia de nevos (lunares) atípicos (nevos mayores de 6 milímetros de diámetro, asimétricos, con bordes irregulares, con diferentes colores en su interior y con elevaciones). Estos nevos son más propensos a convertirse en malignos. El riesgo aumenta cuantos más lunares de esta clase se tengan en la piel.
  • Presencia de nevos en gran cantidad. Cuanto mayor sea el número, mayor será el riesgo. Igualmente a mayor tamaño mayor riesgo.
  • Presencia de nevos congénitos (presentes desde el nacimiento). Los gigantes (mayores de 20 centímetros) son los que conllevan mayor riesgo.
  • Efélides (pecas). A mayor número, mayor riesgo.
  • Tener antecedentes familiares (de nevos atípicos, de melanoma o de ambas cosas). Puede heredarse genéticamente una mayor predisposición a padecer melanoma.
  • Haber padecido una o más quemaduras graves por el sol, especialmente si se han sufrido en la infancia o la adolescencia, pues el efecto de la irradiación solar es acumulativo.
  • La ausencia de bronceado ante la exposición solar implica un aumento del riesgo del melanoma.
  • Haber estado expuesto muchas horas a rayos ultravioleta (sol, UVB, UVA) aunque se tenga la piel totalmente bronceada.

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    ¿Cuáles son los grupos de riesgo?

    Son varios los grupos de personas que presentan un mayor riesgo de desarrollar un melanoma:

    Con relación a la edad: aunque el melanoma puede aparecer a cualquier edad y cada vez se diagnostica más en jóvenes, se da más en personas de edades medias y avanzadas, lo cual es común a los distintos tipos de cáncer de piel.

    Las personas mayores tienen un riesgo mayor de haber estado en contacto excesivo con la luz del sol durante un tiempo más largo. Sin embargo, es durante la niñez y la adolescencia cuando con más probabilidad se produjeron las lesiones iniciales.

    Con relación al sexo: el melanoma es más frecuente en mujeres que en varones. El tronco es la localización más frecuente en el varón, mientras que en la mujer predominan en las extremidades inferiores.

    Con relación a la actividad al aire libre: las profesiones realizadas al aire libre, con un mayor riesgo de exposición solar diario, aumentan la posibilidad de padecer un melanoma: sector de la construcción, agricultores, pescadores, marineros, etc.

    Las vacaciones y deportes al aire libre: también aumentan el riesgo, sean las exposiciones solares largas o sean intermitentes, pero intensas.

    Con relación al tipo de piel según el grado de sensibilidad a la luz solar (fototipo cutáneo): las personas con una piel muy sensible que siempre se queman y nunca se broncean en su primera exposición al sol, constituyen un grupo de riesgo. Pertenecen a este grupo las personas pelirrojas, pecosas, de piel muy blanca y de ojos y cabello claros. Las personas que se broncean fácilmente abusan de las horas de exposición, aunque por lo general no se hayan quemado en las primeras exposiciones solares.

    Con relación al historial clínico: Las personas que en algún momento de su vida se han visto afectadas por un melanoma, tienen el riesgo de recaer en el mismo o de desarrollar nuevos melanomas. Por este motivo, son muy importantes el seguimiento médico y el mantenimiento de medidas de prevención.

    ¿Cuáles son los signos y síntomas del melanoma?

    Uno de los aspectos más importantes del melanoma es su diagnóstico en sus fases más iniciales.

    La gran mayoría de las veces, la aparición del melanoma se detecta por un cambio en el tamaño, la forma o el color de un lunar que ya existía. El melanoma también puede aparecer como un lunar nuevo, o un lunar de aspecto extraño.

    Existen unos signos guía, que se expresan con las letras ABCDE, para simplificar:

    • Asimetría: la mitad del lunar no es igual a la otra mitad.
    • Borde: el contorno del lunar es irregular. Tiene una apariencia desigual o borrosa.
    • Color: el color del lunar no es uniforme. Pueden aparecer zonas más oscuras de color marrón, bronce o negro. También se pueden apreciar ciertas áreas del lunar de color rojo, blanco, gris o azul.
    • Diámetro: el tamaño del lunar es superior a los 6 milímetros.
    • Elevación: la elevación está casi siempre presente, aunque puede faltar.

    Los cinco signos son de gran utilidad para detectar posibles lesiones en la piel con riesgo de transformarse en melanomas. No obstante, estas características pueden estar presentes en muchos nevus benignos clínicamente atípicos, y en ocasiones, en otros tipos de nevos. Hemos de hacer énfasis en que son los cambios en estas características, más que las características en sí, lo que debe constituir el signo principal de alerta.

    El melanoma no suele causar ningún dolor a las personas afectadas, aunque en algunos casos puede causar picor y llegar a sangrar.

    Cuando aparece bajo la uña, adquiere el aspecto de un hematoma.

    ¿Cómo se diagnostica la enfermedad?

    Cuando se plantean dudas sobre la naturaleza maligna de un tumor, se puede recurrir a la biopsia. La biopsia consiste en una extirpación de una muestra del tumor, para poder proceder al análisis del tejido a través del microscopio y tomar la decisión de tratamiento más adecuada, si se confirma el diagnóstico.

    ¿Cómo se puede prevenir el melanoma?

    El principal factor de riesgo que existe para desarrollar el melanoma es la exposición a las radiaciones solares.

    Por otra parte, las personas afectadas por un melanoma son las que tienen más riesgo de desarrollar nuevos melanomas. Por tanto, las personas con melanoma deben seguir con especial atención las normas generales para protegerse de las radiaciones solares.

    Tan dañina es la exposición continuada (trabajadores al aire libre), como la exposición intermitente pero intensa, por ejemplo, en vacaciones. Además, las largas exposiciones al sol pueden hacer que la piel envejezca prematuramente y pierda elasticidad y suavidad.

    Es muy importante recordar que los niños y adolescentes necesitan un cuidado especial. Un gran porcentaje de los casos registrados de melanoma tiene su origen en exposiciones excesivas al sol antes de los 18 años.

    Se debe evitar el efecto acumulativo del sol en nuestra piel.

    Evitar las quemaduras, en especial durante la niñez y la adolescencia, ya que la piel es mucho más sensible.

    Los rayos solares son más dañinos entre las diez de la mañana y las dos de la tarde. Durante todo este tiempo, hay que evitar exponerse al sol sin protección.

    En la playa, el agua o la nieve, el reflejo de la luz del sol aumenta y, por tanto, sus efectos se multiplican. La vegetación, palmeras o pinos, en las zonas de playa hace que el reflejo sea menor. Hay que buscar la sombra natural que proporcionan los árboles, los edificios, etc., como una eficaz protección contra el sol.

    Otros accesorios de gran utilidad para protegerse son las gafas de sol y los sombreros anchos que además de la cara, protejan orejas y cuello. Las ropas de color oscuro ofrecen mayor protección que los vestidos de color pastel o suave.

    Al exponerse al sol, hay que utilizar en abundancia y frecuentemente cremas, lociones, sprays o cremas protectoras (eficaces tanto para los rayos UVA como para los UVB) que tengan, como mínimo, un factor 15 de protección. Deben escogerse productos resistentes al agua y probados dermatológicamente, que contengan filtros físicos o químicos.

    Las cremas protectoras deben aplicarse sobre la piel seca, 20-30 minutos antes de la exposición al sol.

    Los bronceados artificiales o cosméticos de los salones de belleza deben tomarse bajo control, ya que contienen rayos UVA, perjudiciales para nuestra piel.

    Ante una exposición solar, hay que evitar cualquier contacto con productos potencialmente fotosensibles, es decir, que puedan crear en el organismo (o en la piel) una alta sensibilidad a la luz del sol, como jabones, desodorantes, cosméticos, perfumes, etc.

    Hay que prestar especial atención si se toman medicamentos fotosensibilizadores. El médico, cuando los aconseje, informará sobre las precauciones a tener en cuenta.

    Debe consumirse una adecuada cantidad de fruta fresca, verduras y cereales con un alto nivel de fibra.

    Debe moderarse el consumo de alcohol.

    ¿Cómo se trata el melanoma?

    El médico es la única persona indicada para determinar el tratamiento adecuado para cada persona. El tratamiento del melanoma depende del tipo y estadio del tumor, así como de otros factores como el estado de salud y la edad del paciente. Existen cuatro tipos de tratamientos, que pueden utilizarse de forma combinada:

    Cirugía

    El tratamiento quirúrgico consiste en la total extirpación del tumor, junto con una parte del tejido sano que hay a su alrededor. Así, se evita que el cáncer se reproduzca si ha invadido zonas cercanas.

    La extirpación quirúrgica es el tratamiento más común para esta enfermedad. La cantidad de tejido que se extirpa depende de la profundidad y el grosor del melanoma. Es importante tener en cuenta la eficacia de la cirugía: cura el melanoma si este es inicial y, por tanto, la decisión de extirparlo debe prevalecer sobre los criterios estéticos.

    Quimioterapia

    La quimioterapia consiste en la administración de fármacos anticancerígenos. Pueden establecerse combinaciones de varios fármacos para incrementar su eficacia, e incluso aplicarse localmente. Se utiliza cuando hay extensión del melanoma desde el lugar de origen a otras partes del cuerpo.

    Inmunoterapia

    Consiste en aumentar las defensas del cuerpo ante la enfermedad. Las sustancias más utilizadas son los interferones. Han demostrado ser útiles como tratamiento post-quirúrgico en los melanomas con alto riesgo de recaída.

    Radioterapia

    La radioterapia es el uso de radiación de alta intensidad para destruir las células cancerígenas, y detener su crecimiento. En el caso del melanoma, sólo se utiliza para tratar metástasis (diseminación a otras partes del cuerpo) en los huesos o en el cerebro.

    Dr.  Eric Olesen  (especialista en Cirugía Plástica) , Dr.  Dan Rutherford  (médico general) .

    Última versión: 2011-06-20

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