Mayores: ¿dónde vivir?

Introducción

El hogar y especialmente las condiciones de las viviendas, es una cuestión importante por la forma en la que puede afectar a los mayores. Hay que tener en cuenta que algunas personas en un momento de su vida deben incluso tomar la decisión de dejar su casa de toda la vida, por problemas de diferente índole: físicos, psicológicos, familiares e incluso económicos. En general, el problema de la vivienda, cómo y dónde vivir cuando seamos mayores, es un inconveniente que no abordamos con frecuencia. De cara al futuro, es importante pensar en una vivienda con unas condiciones que permitan una vida más cómoda y una mayor movilidad.

Muchos mayores prefieren vivir en su casa de siempre, mientras puedan valerse por sí solos.

Es bien conocido el aumento en la longevidad de las personas, por lo que en los últimos años la sociedad se está preocupando cada vez en mayor medida de la calidad de vida. Es aquí donde entra de lleno el tema de cómo se vive y dónde se vive, buscando principalmente viviendas adaptadas para los mayores que padezcan problemas físicos o que puedan padecerlos en un futuro.

En nuestro entorno cambiar de casa no es muy frecuente, al contrario que en los países del norte de Europa, donde hay una mayor movilidad geográfica, principalmente por motivos laborales. Además, en España se concede una enorme importancia social a la vivienda en propiedad, ya que confiere cierto status y mayor autoestima. Esto explicaría las reticencias de los mayores a cambiar de vivienda. La gran mayoría de ellos, un 80% según el Instituto Nacional de Estadística, tiene su vivienda en propiedad y libre de cargas económicas. El pequeño porcentaje de mayores que se encuentran en régimen de alquiler de la vivienda, sobre un 15%, suele tener un régimen de “vivienda antigua”, pagando una cantidad baja si se comparan con el resto de alquileres de otros grupos de edad.

Precisamente una característica general de las viviendas de los mayores es su antigüedad, lo que conlleva ciertas carencias de gran importancia, como puede ser la falta de ascensor (hasta en un 35% de las viviendas), lo que repercute en la movilidad de las personas y por tanto agrava la dependencia. Otras carencias, aunque se dan en menor medida, son la falta de calefacción, de teléfono y de agua caliente. Como dato positivo hay que destacar que las viviendas de nuestros mayores tienen una mayor superficie comparándolas con las de otros grupos de edad.

De este modo, las iniciativas sociales para mejorar las condiciones de vida de los mayores en referencia a las viviendas son numerosas. Estas van desde programas de asistencia a domicilio con voluntarios que acuden unas horas a la semana para ayudar y acompañar a los mayores hasta subvenciones para la rehabilitación de las casas, pasando por programas municipales de viviendas compartidas entre jóvenes y mayores.

La Ley de Dependencia

Por su importancia en el cuidado y ayuda a las personas mayores, remitimos al lector a un artículo aparte donde encontrará la información más relevante sobre la nueva ley:

Ayuda a los mayores: La Ley de Dependencia

Modelos de vivienda

Además de las viviendas propias existen otros tipos de “hogar” donde residir, así como diferentes iniciativas provenientes tanto de entidades públicas como privadas:

Vivienda compartida

La vivienda compartida entre varios mayores (“viviendas de mayores”) o por ejemplo, entre un mayor que vive solo y un estudiante universitario, es una experiencia que funciona en varias ciudades y en la que ambos se hacen compañía y comparten los gastos.

En el caso de las “viviendas para mayores” se trata de casas supervisadas en las que vive un grupo pequeño de mayores que disponen de un cierto nivel de autonomía para su vida diaria pero que tienen dificultades para vivir solos.

Programas de asistencia domiciliaria

Los programas de asistencia domiciliaria, prestada por voluntarios o cuidadores profesionales, cubren las necesidades básicas diarias, aportando tanto apoyo a la persona en el terreno psicológico y social como en el doméstico, realizando tareas del hogar. Se trata de un servicio muy demandado puesto que los mayores prefieren envejecer en su casa aunque no puedan valerse por sí mismos.

Este tipo de programas se centra principalmente en mayores con problemas de autonomía personal o con alguna discapacidad o minusvalía y también en aquellos con problemas sociales.

Teleasistencia

La ayuda a domicilio se ha visto complementada desde finales de los años ochenta con la teleasistencia. Este servicio se presta a través de un sistema de alarma que conecta mediante línea telefónica con una centralita que funciona las 24 horas y que tan solo con pulsar la alarma permite la atención en cualquier momento del día de los mayores con dificultades de movilidad o que vivan solos, ante situaciones de emergencia, de soledad (por necesidad simplemente de hablar con alguien), de crisis de angustia, etc. Además, facilita la atención de las emergencias en el domicilio, movilizando los recursos asistenciales necesarios.

Un nuevo complemento en los últimos tiempos está siendo la telemedicina, mediante la cual y a través de medios telemáticos apoyados también en la línea telefónica, se puede controlar a un mayor convaleciente en su domicilio, sin necesidad de que realice desplazamientos frecuentes.

Centros de día

Otro tipo de ayuda se encuentra en los centros de día, lugares a los que se puede acudir durante el día regresando al domicilio para dormir. Es un servicio que suele prestarse en residencias o en centros de mayores ofreciendo ayuda y atención sobre todo a personas con dependencia para las actividades de su vida diaria y problemas médicos y/o psicosociales, que durante el día no puedan disponer de la ayuda necesaria para su atención.

Centros de mayores

Aunque desde luego no se trata de un tipo de “vivienda”, sí que son una forma más de ayuda y de colaboración con los mayores, por lo que no hay que dejar de nombrar a los centros de mayores (más conocidos como hogares del jubilado). En estos establecimientos se fomenta y facilita la convivencia entre los mayores, principalmente con actividades socioculturales y en los que también se ofrecen servicios de información y de atención sociosanitaria.

Residencias

Las residencias (tanto para mayores asistidos, sobre todo con problemas médicos, como con cierto grado de autosuficiencia) ofrecen diferentes servicios, como médico, enfermería, auxiliar, rehabilitación y fisioterapia, terapia ocupacional, servicios sociales, servicios de soporte como aseo personal, alimentación, acompañamiento, vigilancia y transporte, entre otros, además de programar diariamente actividades recreativas.

Se trata de un sistema de alojamiento y convivencia alternativo sobre todo para aquellas personas que tienen algún tipo de dificultad o limitación física o psíquica y no pueden permanecer en su domicilio habitual, que no pueden valerse por sí mismas y que necesitan ayuda de otras personas. También hay mayores que encontrándose bien prefieren vivir en estos centros.

Nos encontramos aquí con residencias públicas, privadas o concertadas, que cumplen con una serie de condiciones y requisitos mínimos establecidos previamente y que garantizan una calidad mínima y aceptable en la atención a los mayores. Disponen también de programas de estancias diurnas (centros de día), estancias temporales o de terapias de apoyo.

Mediante las estancias temporales se trata de prestar una atención integral durante períodos de tiempo limitados, que generalmente no exceden de 30 días, originados por motivos temporales, como personas que viven solas normalmente y que necesitan ayuda durante la convalecencia posterior a una intervención quirúrgica, una enfermedad o un accidente, o por incapacitación temporal o vacaciones de la persona (familiar, sobre todo) que habitualmente les cuida.

Complejos residenciales

Se puede apuntar también como una variedad de residencias los complejos residenciales para personas mayores, que proporcionan todo tipo de servicios y suelen estar formados por viviendas tuteladas independientes. Se trata de grandes urbanizaciones que están proliferando principalmente en la zona mediterránea y que además de viviendas, a las que se les dota de todo tipo de servicio doméstico, disponen de un centro médico e incluso de una residencia para las personas con mayor dependencia.

A estos complejos residenciales se trasladan principalmente personas originarias del norte de Europa, con un mayor poder adquisitivo y que buscan la benignidad de nuestro clima. Son las llamadas “residencias de alto standing”.

Mundo rural, mundo urbano

Un punto importante que se debe tener en cuenta es la adaptación de estos recursos al mundo rural. Hacerse mayor en el campo es muy diferente a envejecer en el medio urbano. Aunque el número de personas mayores de 65 años que viven solos en las grandes ciudades supera a los del medio rural, y a pesar de que la pérdida de actividad es más lenta en el medio rural que en el urbano, la soledad es más temida por los mayores que viven en los pueblos pequeños. Son estos últimos lo que tienen un menor acceso a los servicios sociales y sanitarios y por lo tanto tienen una mayor sensación de desprotección.

Para compensar estas diferencias las autoridades públicas realizan numerosas actividades e iniciativas, tratando así de favorecer a este grupo de población.

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