Lo que hay que saber sobre la deshidratación

¿Cuánta agua hay que beber para evitar deshidratarse? ¿Cuáles son los síntomas de la deshidratación? ¿Sólo el agua cuenta? A continuación, algunas respuestas.

Más de la mitad de tu cuerpo es agua

Nos animan constantemente a beber agua para “mantenernos hidratados”, conservar joven la piel y para nuestros bienestar y vitalidad general. Y ¿qué pasa en realidad con toda esa agua?

Chica joven con audífonos y una botella de agua

El cuerpo humano es agua en un 55-65%

El cuerpo humano tiene una concentración muy alta de agua. Los hombres son alrededor de un 60% agua y las mujeres algo menos, entre el 50 y el 55%. Resulta pues evidente la importancia del agua para la vida humana.

Las células del cuerpo necesitan la dosis adecuada de agua para funcionar bien y para mantener las funciones vitales. En los adultos, la mayor parte del agua se encuentra en el interior de las células y, el resto, viaja alrededor de ellas, por el torrente sanguíneo, por ejemplo.

En todas esas partes juega papeles esenciales: manteniendo la presión arterial (la sangre del exterior de las células) y la forma, integridad y funciones vitales (la del interior). No podemos vivir sin ella.

El gran trabajo de los riñones

Los riñones cuidan el equilibrio de agua en el cuerpo mediante un proceso llamado homeostasis. Cuando el nivel de agua desciende los riñones retienen más agua, devolviéndola al cuerpo y reduciendo la que se elimina: produciendo menor cantidad de orina, claro que más concentrada.

Este proceso se puede afectar con sustancias llamadas diuréticos: medicamentos o elementos que estimulan los riñones para el procesamiento de más agua, con mayor producción de orina. Por ejemplo, el alcohol y la cafeína.

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Existen muchos puntos de vista acerca de la cantidad de agua que debería tomarse al día, pero, como ocurre con la mayoría de las cosas, esto depende de cada persona y de diversos factores, tanto internos como externos.

Niños y ancianos: mayores riesgos

La deshidratación es perder agua. Se pierde constantemente por la orina, el intestino, el sudor y hasta por la respiración. Pero los riñones equilibran el nivel de agua sin problemas… que empiezan cuando la pérdida de agua es excesiva: cuando tenemos fiebre, tomamos muchos elementos diuréticos, sufrimos vómitos o diarreas. Ahí es donde la deshidratación aparece, porque los riñones no son capaces de compensar las pérdidas.

Bebé con chupete mirando desde el parque

Los niños y los ancianos tienen mayores riesgos de deshidratación

Los problemas se presentan antes en quienes tienen menos agua, o sea los niños, y en quienes los riñones funcionan peor, es decir los mayores.

Señales físicas de deshidratación

Ante el principio de la deshidratación, el cuerpo trata por todos los medios de evitarla, no sólo evitando que los riñones la expulsen, sino sacándola o metiéndola en las células para restablecer el equilibrio. De manera que tenemos diferentes síntomas según el área de que proceda el agua perdida: cuando se le roba a las células la piel aparece seca y arrugada, mientras que si se pierde del torrente sanguíneo la presión arterial baja y pueden producirse mareos.

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Deshidratación = 2% de pérdida

Apenas con un 1-2% de falta de agua aparece la sed, que nos indica que hay que reponer líquidos. Además de la sed, otros síntomas de deshidratación son la boca seca, menor cantidad de orina (y más oscura), además de cansancio, dolores de cabeza y mareos.

A medida que la deshidratación se grava, los síntomas empeoran y aparece la confusión, la falta de orina y sudor, ojos hundidos y piel reseca y arrugada.

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Comida = agua

Prácticamente todo lo que comemos contiene agua. Los alimentos frescos, incluyendo el pescado o el pollo, tienen hasta un 65% de agua; una pechuga de pollo de 300g proporciona no menos de 195ml de agua, o sea, las dos terceras partes del líquido contenido en una lata de refresco.

Gota de agua cayendo en un recipiente

Prácticamente todo lo que comemos contiene agua

Algunos alimentos contienen gran cantidad de agua, pero porque tienen poca fibra, o grasas o proteínas. Y por tanto no aportan gran cosa, pues el cuerpo puede retener cierta cantidad, eliminando el exceso.

No es lo que bebemos, sino cómo lo bebemos

Bebe con rapidez un litro de agua y enseguida te encontrarás yendo al cuarto de baño, y más de una vez. La orina será muy pálida, lo que sugiere que has llegado al máximo de hidratación.

Si bebes la misma cantidad de líquido, pero más despacio, el cuerpo tendrá tiempo para distribuir y utilizar adecuadamente la aportación y mantener la adecuada hidratación.

Qué sucede cuando bebes durante la comida

El líquido ingerido con la comida se absorbe más lentamente. Y si el plato contiene gran cantidad de agua y se come sin otros ingredientes, lo más que puede suponer es un viaje adicional al cuarto de baño.

Si no el que más, el pepino es uno de los alimentos que más agua contiene: el 96,7%, lo que deja poco margen para ingredientes como la fibra, que ralentizaría el procesamiento de los líquidos. Lo mismo se puede decir de alimentos como la lechuga, el melón o el tomate, todos los cuales contienen sobre el 95% de agua.

Todo esto viene a recalcar un principio nutricional básico, que es que una comida debería contener cierta variedad de alimentos y no basarse en uno solo.

Las comidas a base de platos frescos (mejor que las procesadas o los zumos industriales), especialmente a base de fruta y verdura, contribuirán a una hidratación consistente y sana.

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