La verdad sobre los sustitutos “saludables” del azúcar

Resulta frecuente, y cada vez lo es más, leer en la etiqueta "Sin azúcar refinado”. En mayor o menor medida, todos somos conscientes de lo malo que es abusar del azúcar y tendemos a comprar cosas como azúcar de coco, miel y deferentes siropes. Supuestamente, estas alternativas -naturales, además- no alterarán los niveles de glucosa en sangre. Eso es lo que nos han hecho creer.

Lamentablemente, los mensajes publicitarios difieren muchas veces de lo que dice la ciencia. A continuación, basándonos en las investigaciones realizadas por los expertos de Eat Me Nutrition, en el Reino Unido, exponemos los datos más recientes sobre los sustitutivos naturales, “saludables”, del azúcar.

Poniendo sirope en un té

Los siropes, la miel... son frecuentes sustitutivos del azúcar

La demonización del azúcar

Como primera medida es necesario saber qué hay en el azúcar que resulta así de malo para la salud y si sus benditos sustitutos resultan, en cambio, saludables. El azúcar común, o sea la sacarosa, consta de dos componentes a partes iguales: glucosa y fructosa. La glucosa es lo que aporta el sabor dulce y es la principal fuente de energía de las células. La fructosa es, por decirlo de una manera simplista, lo malo del azúcar. Sólo puede ser procesada por el hígado.

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Tomar demasiado azúcar –más de lo que el cuerpo necesita para obtener energía– puede hacernos engordar. Pero el peligro de consumir demasiada está en la fructosa. En efecto, este exceso puede provocar resistencia a la insulina y elevar los niveles de triglicéridos en la sangre, lo que es un factor de riesgo de padecer problemas cardiacos. También propicia la acumulación de grasa, fundamentalmente en la cintura, lo que supone también un riesgo de enfermedad cardíaca y de diabetes tipo 2.

Y surge la pregunta: ¿Pero no es fructosa el azúcar que se encuentra en la fruta, “que es tan sana”? La respuesta es sí, pero no. La investigación revela que el azúcar que se consume al comer la fruta entera no tiene ese efecto negativo en el metabolismo, debido a los altos contenidos de fibra, agua, vitaminas y minerales, lo que mantiene el nivel de saciedad por más tiempo. No debe temerse la fructosa de la fruta.

En cambio, sí hay que tener cuidado con los ingredientes que figuran en las etiquetas. Leer “azúcar” o cosas que suenan muy sanas, como jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, sirope orgánico de caña y similares, debe despertar las alarmas y hacernos extremar la precaución.

El auge de los sustitutos del azúcar

Ha crecido enormemente la popularidad de las alternativas al azúcar, paralelamente a la demonización de éste. Al ser humano le encanta esa liberación de dopamina, el subidón de adrenalina, que aportan las comidas muy azucaradas. El problema es creer que los siropes de arce o de agave, la miel, el azúcar de coco… son perfectamente saludables. Están revestidos de una especie de halo de santidad que nos puede hacer creer que ancha es Castilla y que consumirlos en abundancia no es nocivo para la salud.

En última instancia, no importa de dónde provienen los azúcares; lo que importa es el nivel en el tracto intestinal y la rapidez con que se absorben en el torrente sanguíneo. Y cuál es el nivel real de azúcar en el cuerpo.

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Azúcar vs. sustitutivos

Como se ha dicho antes, el azúcar blanco refinado (sacarosa) está formado por glucosa y fructosa. Los componentes de las alternativas al azúcar, como la miel, al azúcar de coco, los siropes y jarabes, son… en efecto: glucosa y fructosa. Tomar demasiados causará los mismos problemas en el organismo que tomar demasiada azúcar.

Diversos tipos de azúcar

Los siropes, la miel... son frecuentes sustitutivos del azúcar

No debemos engañarnos, por tanto, con el hecho de que esa tarta tan apetecible no tenga azúcar entre sus ingredientes: si tiene sirope de arce es igual de poco sana que si tuviera azúcar. Tiene los mismos efectos en el cuerpo.

Un argumento que se puede oír en su favor es que son más ricos en vitaminas y minerales que el azúcar refinado, lo cual es cierto. Pero los beneficios que aportan a la salud son insignificantes en comparación con los efectos secundarios ya descritos. Es preferible tomar 5 gramos de azúcar en el café que 1 cucharada (15 gramos de azúcar) de sirope de agave para endulzarlo. Debemos centrarnos en el contenido total de azúcar, no en su procedencia, por natural y saludable que nos parezca.

No cabe calificar como alimento saludable a ningún sustituto del azúcar, nos diga la publicidad lo que nos quiera decir. Debe ser el sentido del gusto el que nos guíe: si algo es más dulce que una pieza de fruta en su punto óptimo de maduración, debe consumirse con mesura.

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