La esquizofrenia afecta al resto del cuerpo, no solo al cerebro

Articulo original del Dr. Toby Pillinger, publicado en The Conversation. Traducción de NetDoctor.

La esquizofrenia se considera una enfermedad mental que afecta a la forma en que el paciente piensa y siente, así como a su comportamiento. Nuestra nueva investigación muestra ahora que hay otros órganos, aparte del cerebro, que se ven afectados por la aparición del grave trastorno.

Hombre obeso sentado, visto de espaldas

La diabetes tipo 2, con el consiguiente riesgo de obesidad, se asocia en muchos casos a la esquizofrenia

La comunidad científica sabe desde hace años que los esquizofrénicos presentan niveles de enfermedades físicas mucho más altos que la media, lo que contribuye a una mortalidad prematura sorprendentemente alta. Los esquizofrénicos mueren de 15 a 20 años antes que la media.

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Estas deficiencias en la salud se han considerado a menudo como un efecto secundario de la enfermedad. Los medicamentos antipsicóticos, por ejemplo, se asocian a mayores riesgos de ganancia de peso y de generar diabetes tipo 2. También se piensa que los factores correspondientes al estilo de vida juegan su papel, pues una persona con problemas mentales es más proclive a olvidarse del ejercicio y seguir una dieta poco sana.

Recientemente, sin embargo, se ha observado que los pacientes recién diagnosticados de esquizofrenia y que aún no han recibido la medicación, muestran evidencias de cambios fisiológicos, como un sistema inmunitario sobreactivado. ¿Podría ser que la esquizofrenia es en realidad un trastorno que afecta a todo el cuerpo?

Mis colegas y yo examinamos la evidencia de cambios fisiológicos globales con la aparición de la enfermedad y los comparamos con la evidencia de cambios en el cerebro del mismo grupo. Obtuvimos datos de diferentes estudios, estudiando los marcadores de inflamación, los niveles hormonales y los factores de riesgo cardíacos, incluyendo los niveles de glucosa y colesterol. Tuvimos también en cuenta datos extraídos de investigaciones que estudiaban la estructura del cerebro, los niveles de diferentes compuestos químicos de dicho órgano y los marcadores de actividad cerebral.

Comprobamos que la esquizofrenia en las primeras fases va asociada a ciertos cambios en la estructura y función cerebrales. Y también comprobamos que está asociada a diversos cambios en el cuerpo. Se usó un baremo estadístico, conocido como el effect size, a efectos de medir la magnitud de esos cambios. Observamos que en las fases iniciales de la enfermedad no había diferencias en el effect size entre los cambios sufridos por el cerebro y el effect size de los cambios sufridos en el resto del cuerpo, lo que sugiere que la esquizofrenia podría ser, en realidad, una enfermedad que afecta a todo el organismo (no sólo al cerebro) y que consecuentemente debería tratarse como tal.

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Tres posibles explicaciones

Hay tres teorías para explicar la asociación entre las alteraciones cerebrales y las del resto de cuerpo debidas a la enfermedad.

Los pies de una persona en la báscula

Los niveles altos de la hormona cortisol se asocian a la ganancia de peso

©DONOT6_STUDIO/Shutterstock.com

La primera, que la disfunción en el cuerpo podría causar los cambios en el cerebro que en última instancia llevarían a la esquizofrenia. Este proceso se ha visto en ciertos raros casos de cáncer que producen anticuerpos que afectan al cerebro y desencadenan episodios psicóticos. Si el tumor se extirpaba, dichos episodios mejoraban.

La segunda, que los síntomas de la esquizofrenia podrían abocar a trastornos físicos. Un ejemplo de esto es el estrés generado por la psicosis, resultando en niveles altos de la hormona esteroidea cortisol. Los niveles elevados de esta hormona van asociados a ganancia de peso y aumento de la presión arterial.

La tercera, que los síntomas de la esquizofrenia y los trastornos físicos pueden aparecer como consecuencia de diferentes mecanismos, pero con un factor de riesgo común. Un ejemplo de ello es cómo el caso de nutrición deficiente de la madre durante el embarazo incrementa las posibilidades de que el niño presente tanto diabetes como esquizofrenia en la edad adulta. Este incremento en el riesgo de esquizofrenia podría deberse a deficiencias en el desarrollo cerebral del niño como consecuencia de la malnutrición de la madre. El mayor riesgo de diabetes podría ser deberse a deficiencias en la capacidad del niño para metabolizar la glucosa, de nuevo como resultado de la malnutrición de la madre.

Queda trabajo por hacer

Es necesario seguir trabajando para descubrir si los cambios producidos en el cuerpo son bien la causa, o bien la consecuencia de la esquizofrenia. Un posible enfoque es estudiar individuos con riesgo de padecer esquizofrenia para ver cómo evolucionan los cambios en el cuerpo de quienes finalmente desarrollan la enfermedad en comparación con quienes acaban no presentándola. También hay que estudiar cómo los cambios en el cuerpo responden a los cambios en la gravedad de los síntomas de la esquizofrenia.

Finalmente, la mayoría de las muertes prematuras en esquizofrénicos se deben a la enfermedad cardiovascular. La esperanza de vida de estos enfermos de esquizofrenia no ha aumentado en las últimas décadas y, de nuevo hay que estudiar si abordar antes el tratamiento de la salud física logrará reducir la mortalidad de la enfermedad.

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