Disfución sexual causada por enfermedades

¿Qué entendemos por disfunción sexual?

Se trata de un conjunto de trastornos en el ciclo de respuesta sexual o dolor relacionado con la excitación sexual.

La disfunción sexual es más frecuente en los hombres que en las mujeres.

El adecuado funcionamiento sexual tanto en hombres como en mujeres depende del ciclo de respuesta sexual, que consta de las siguientes fases:

  • Anticipación mental (el estado de motivación o el deseo sexual)
  • Congestión vascular eficaz (erección en los hombres y tumefacción y lubricación en las mujeres)
  • Orgasmo
  • Resolución (sensación generalizada de placer, bienestar y relajación muscular).

Las alteraciones en la respuesta sexual pueden afectar a una o varias fases del ciclo. Generalmente, se alteran tanto los componentes subjetivos del deseo, la excitación y el placer, como los factores objetivos de ejecución, congestión vascular y orgasmo, aunque cada uno de ellos puede verse afectado de modo independiente.

La disfunción sexual es más frecuente en los hombres que en las mujeres, dando lugar a lo que se conoce como disfunción eréctil, que consiste en la incapacidad para alcanzar o mantener una actividad sexual satisfactoria.

Disfunción eréctil

En condiciones normales, la erección del pene se produce por estímulos neuropsicológicos que finalmente producen una vasodilatación de los vasos sanguíneos que llevan la sangre a los cuerpos cavernosos (músculos que conforman el pene). La erección está precedida normalmente por un deseo sexual o libido. Cuando existe una imposibilidad para alcanzar o mantener esta erección es cuando se produce la disfunción eréctil.

Causas

Existen múltiples causas que puedan ocasionar disfunción eréctil. Estas causas se puede clasificar en tres grandes grupos: psicológicas, farmacológicas o médicas.

  • Psicológicas: generalmente están referidos a problemas de pareja, al tipo de formación sexual recibido, así como a algún tipo de experiencia previa negativa.
  • Farmacológicas: son múltiples los fármacos o drogas capaces de provocar disfunción eréctil, algunos de ellos utilizados habitualmente para alteraciones patológicas tan frecuentes como la hipertensión arterial o la depresión. También pueden provocarla el alcohol, el tabaco o los fármacos para dormir (hipnóticos o ansiolíticos).
  • Médicas: dentro de las enfermedades que son capaces de producir disfunción eréctil, cabría distinguir entre tres grandes grupos de enfermedades: vasculares, endocrinológicas y neurológicas.

Enfermedades vasculares

Nos centraremos fundamentalmente en las enfermedades vasculares dada la mayor prevalencia en nuestra población. Dentro de este grupo de enfermedades cabe destacar fundamentalmente la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, el colesterol alto y la arterioesclerosis.

Todas estas enfermedades producen daño a largo plazo, siempre que no se lleve un correcto control de las mismas, sobre los vasos sanguíneos de todo nuestro organismo, pudiendo producir trombosis cerebrales, infarto de miocardio, y por tanto, disfunción eréctil (recordamos que la erección se produce por dilatación de los vasos que irrigan los cuerpos cavernosos, por lo que cualquier circunstancia que dificulte esta llegada de sangre puede ocasionar la disfunción eréctil).

Del mismo modo, hay determinados fármacos empleados en el tratamiento de la hipertensión que pueden producir disfunción eréctil, por lo que se recomienda a los hipertensos que presenten este trastorno que se pongan en contacto con su médico, por la posibilidad de reducir dosis o sustituir ese medicamento por otro pudiéndose solucionar el problema.

En pacientes con diabetes mellitus o hipertensión arterial, la principal forma de corregir la aparición de disfunción eréctil es prevenirla, y para ello nada mejor que llevar un correcto control de las cifras de presión arterial y de glucemia, acudiendo inmediatamente al médico en caso de que este control sea defectuoso. Generalmente con buen control evitamos la aparición de este trastorno. De igual forma debemos tener en cuenta lo referido anteriormente en cuanto a la posibilidad de que determinados fármacos empleados en el tratamiento de la hipertensión puedan provocar disfunción eréctil.

Enfermedades endocrinológicas

Hay que considerar, antes que nada, que el mecanismo de deseo sexual que lleva posteriormente a la erección está mediado por andrógenos (hormonas sexuales masculinas), por lo que cualquier déficit de los mismos, ya sea primario o secundario, provocará disfunción eréctil. Las principales enfermedades implicadas son: hiperprolactinemia, hipogonadismo 1º ó 2º, insuficiencia suprarrenal...

Enfermedades neurológicas

El sistema nervioso juega igualmente un papel fundamental en la erección del pene; por tanto, cualquier afectación nerviosa ya sea por alguna patología o por un traumatismo, puede provocar disfunción eréctil. Dentro de estos trastornos cabe destacar: esclerosis múltiple, neuropatías, accidentes vasculocerebrales, lesiones medulares...

Disfunciones sexuales femeninas

Como he citado anteriormente son menos frecuentes que las masculinas, y al igual que aquéllas se trata de alteraciones que provocan una relación sexual insatisfactoria. Las principales son: anorgasmia (ausencia de orgasmo), vaginismo (contracción involuntaria de los músculos de la vagina que imposibilita la penetración), dispareunia (dolor al realizar el acto sexual) y anafrodisia (ausencia de excitación sexual).

Anorgasmia

Es una alteración bastante frecuente. Consiste en una ausencia de orgasmo pero no de excitación.

Existen varios tipos:

  • Primaria: falta de orgasmo durante toda la vida.
  • Secundaria: falta de orgasmo a partir de un determinado momento de la vida, por el motivo que sea, cuando anteriormente lo habían experimentado con normalidad.
  • Absoluta: no se alcanza el orgasmo con ningún procedimiento.
  • Relativa: cuando no se produce el orgasmo con algún procedimiento concreto, como por ejemplo anorgasmia coital.
  • Situacional: sólo se produce el orgasmo al realizar un procedimiento concreto.

La mayoría de causas de anorgasmia son de carácter psicológico, en relación con condiciones culturales negativas, experiencias sexuales traumáticas, etc. Únicamente el 5% son consecuencia de enfermedades médicas: endocrinológicas, neurológicas o ginecológicas.

Vaginismo

Consiste en una contracción involuntaria de los músculos de la vagina que imposibilita el acto sexual. En la mayoría de ocasiones la causa es psicológica, en relación con problemas de comunicación con la pareja, miedo al embarazo, miedo a contraer enfermedades de transmisión sexual, abusos sexuales...

Dispareunia

Consiste en el dolor al realizar el acto sexual. En este caso sí son bastante frecuentes las causas de carácter médico: infecciones vaginales, irritación por el uso de anticonceptivos de barrera (preservativo, diafragma, dispositivos intrauterinos), y en la tercera edad la llamada vaginitis senil, como consecuencia de atrofia de la mucosa vaginal.

Otras causas pueden ser de carácter psicológico: pérdida de interés por su pareja, falta de excitación en el momento de la penetración, etc.

Anafrodisia

Es la ausencia de deseo sexual. Esta situación generalmente provoca una sensación de insatisfacción que ocasionalmente desemboca en depresión. La mayoría de ocasiones es de origen psicológico: miedo al rechazo de la pareja, negación al éxito, al placer y al amor. Suele ir acompañada de excusas para evitar la relación sexual.

Tratamiento

El tratamiento debe ir siempre enfocado a corregir la causa que produjo la disfunción sexual. Por ejemplo, en el caso de que la causa sea psicológica se puede intentar la psicoterapia, en ocasiones con buenos resultados, con el fin de evitar un exceso de tratamiento médico o quirúrgico.

En cuanto a la disfunción eréctil, el tratamiento médico con andrógenos es eficaz en los pacientes con hipogonadismo (déficit de andrógenos) ya sea primario o secundario, si bien en este último caso debería corregirse la causa primaria que origina tal hipogonadismo.

Tanto en casos de hipertensión arterial como de diabetes mellitus lo más importante es un estricto control de la presión arterial y de la glucemia.

Finalmente, hay que referirse a la posibilidad de tratamiento quirúrgico. Obviamente se debe reservar como último recurso tras haber estudiado profundamente el resto de posibilidades, si bien las últimas técnicas parecen obtener resultados esperanzadores. En cualquier caso se recomienda, en el caso de disfunción eréctil ponerse en contacto con un especialista en urología, con el fin de iniciar un estudio minucioso.

Respecto a las disfunciones sexuales femeninas indicar que la mayoría de ellas tienen tratamiento satisfactorio, con una eficacia que en ocasiones alcanza el 95% de éxito. Se debe consultar con sexólogo/a dado que en la mayoría de los casos el origen es psicológico, quedando reservado aproximadamente un 5% para las de origen orgánico.

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