Fealdad

Una de las más prestigiosas revistas médicas, el British Medical Journal, publicó hace un par de años un artículo sobre los términos enfermedad, no enfermedad y salud, ofreciendo una lista de las 20 condiciones o procesos que podían ser definidos actualmente como “condiciones médicas”, reconociendo que el sufrimiento que muchos de ellos generaba podía ser mayor incluso que el producido por enfermedades clásicas o ya reconocidas. Entre ellos citaba a la fealdad (Smith R. In search of "non-disease". BMJ 2002; 324:883-5).

Algunas personas pueden sufrir alteraciones psicológicas que les lleven a una baja autoestima y a enfermar

Una de las características emblemáticas del mundo actual es la importancia que se concede a la imagen exterior, a la apariencia. El individuo de hoy en día se define por la imagen que proyecta en los demás, “es lo que aparenta ser” y forma parte del grupo en la medida en que se atiene a las normas de comportamiento y cánones estéticos que ese mismo grupo dicta. De esta misma forma imagen externa, identidad personal y éxito social resultan ser una misma cosa, y en la práctica se confunden.

La fealdad y su contrario, la belleza, son dos conceptos abstractos, muy subjetivos, muy personales. La mayoría de las personas, aun así, somos capaces de reconocer o de catalogar un paisaje, un monumento, una imagen, una fotografía, un dibujo, un cuadro o a un hombre o a una mujer como feos o bellos. Hay situaciones que no ofrecen ninguna duda. Es lo que en términos probabilísticos o de probabilidad corresponde con la llamada campana de Gauss, en la que la población que se estudia se distribuye siguiendo una curva en forma de campana en la que en un extremo se sitúa el 5% de los individuos, en el otro extremo otro 5% y en el centro, el 90% restante. Aplicando este modelo a la población general, el 5% de los individuos podrían ser catalogados de feos, el 5% de guapos y el 90% de, digamos, normales.

Pero al margen de la estadística, el asunto se complica cuando estas características o atributos personales suponen un trastorno de la imagen corporal y afectan a la autoestima, es decir, al concepto y valor que cada persona tiene de sí mismo. La mayoría de las personas (guapos o feos) aceptamos nuestra imagen corporal sin grandes problemas. Otros, sin embargo, por factores y circunstancias tan diversos como las presiones sociales, la influencia de los medios de comunicación, las ganas de ser famoso o de salir en la televisión, la cultura de la delgadez en la que nos movemos, etc. pueden sufrir alteraciones psicológicas que les lleven a una baja autoestima y a enfermar por este motivo.

Personas feas y guapas han existido toda la vida. Desde los clásicos o antiguos, la belleza ha sido un motivo de inspiración constante, que se ha reflejado en las distintas disciplinas culturales: la escultura, la pintura, la literatura y otras formas de arte, que incluso ha establecido cánones de belleza en épocas diferentes. El culto al cuerpo ha sido uno de los temas favoritos en determinadas épocas de la historia de la humanidad. El filósofo Sócrates aconsejó a sus discípulos que se miraran con mayor frecuencia en los espejos antes de asegurarse de que su comportamiento era merecedor de su belleza o, si eran feos, cubrieran su imperfección mejorando sus mentes.

En nuestros días parece que retornamos un poco al pasado en estos asuntos. Nuestra cultura actual regresa al culto al cuerpo, de ahí la extraordinaria proliferación de salones de belleza, peluquerías, balnearios y centros de spa, gimnasios, asesores de imagen, clínicas de cirugía estética y demás centros o personas orientados a mejorar la imagen de todo tipo de personas y especialmente de personajes públicos (políticos, presentadores, actores o actrices, empresarios, etc.) para ser o estar guapos. La imagen es hoy en día la clave del éxito social.

Si bien este problema de la fealdad afecta en principio por igual a hombres y mujeres, son estas últimas las que clásicamente han tenido mayor preocupación por los cuidados de su imagen. La fealdad femenina ha sido siempre peor vista que la masculina. Esta tendencia, sin embargo, ha cambiado en los últimos años y ahora son también los hombres los que acuden a todo tipo de establecimientos para corregir sus defectos físicos corporales y ponerse guapos y en forma.

Pero la belleza o la fealdad muchas veces son aspectos superficiales, superfluos, sólo de imagen. Mucha gente inteligente no se queda sólo en la fachada de las personas y valora más otros aspectos: el carácter, la personalidad, la gracia, las habilidades sociales, el desparpajo, la inteligencia, la cultura y otras muchas cualidades personales.

Cuando hablamos de fealdad, la primera parte del cuerpo a la que nos referimos suele ser la cara. La cara en su conjunto y las partes que la forman (ojos, nariz, labios y boca, orejas) son nuestra tarjeta de presentación. La mirada, la sonrisa, los gestos, la voz son partes fundamentales de nuestro cuerpo, porque con ellas nos relacionamos con los demás y pueden hacer que nuestra imagen y nuestra presentación cautiven o, por el contrario, sirvan de rechazo a los demás.

La fealdad como problema médico

Aunque hemos visto que la fealdad es un concepto muy abstracto y subjetivo, en algunos casos puede llegar a convertirse en un verdadero problema médico. Situaciones como la desfiguración de la cara por accidentes, quemaduras, traumatismos, etc.; la obesidad, enfermedades que afectan a la cara o a otras zonas corporales afeando el aspecto que presenta el paciente (elefantiasis, neurofibromatosis, cáncer, acné juvenil y otras muchas) pueden llevar al individuo a enfermar en la esfera psicológica y presentar ansiedad, depresión, fobia, baja autoestima y sentimiento de rechazo social. Muchos de estos pacientes buscarán ayuda en un equipo médico, no ya tanto para resolver su problema físico, como para resolver su problema psicológico.

La desfiguración y la deformidad de la cara son causas comunes e importantes de sufrimiento humano. En la raíz del estrés y la ansiedad de estas personas descansa la presión ejercida por la sociedad cosmopolita moderna para conservar una apariencia idealizada.

La imagen y la belleza son herramientas de mercado que retratan un supermodelo particular como el aspecto deseado, disminuyendo o despreciando el valor de los individuos que se desvían o apartan de la cara o de la forma del momento. Esta obsesión con la apariencia o el aspecto devalúa y margina a aquellos que no casan con el ideal percibido.

Se ha sugerido que la simetría de la forma del cuerpo o de la cara conlleva atracción física; los “hombres simétricos” tienen más parejas sexuales que la gente “asimétrica” y unas relaciones más satisfactorias. Existen dudas, sin embargo, acerca de la medida de la simetría.

Las víctimas del ataque cultural de la sociedad pueden adoptar simplemente un estilo defensivo de comportamiento. Alternativamente, pueden acercarse a su médico de familia con una queja dirigida claramente hacia un aspecto específico anatómico o patológico de la cara o el verdadero problema puede ser ocultado como parte de un estado de ansiedad o depresión. Debería remarcarse que el impacto sobre un paciente no es proporcional a la magnitud de la desfiguración y depende de otros parámetros psicológicos, de su adaptación familiar y de cuánto interfiere en su vida. Estas quejas no son frívolas y pueden generar tantas lágrimas y sufrimiento como una enfermedad grave.

Las estrategias negativas de afrontamiento del problema pueden incluir evitación del contacto social, abuso del alcohol y agresiones, pero estos pacientes no son enfermos psiquiátricos. Sería peligroso para un médico menospreciar una queja de este tipo porque podría resultar en una fatalidad; la insatisfacción con el aspecto físico parece ser un factor determinante en muchos casos de suicidio. Como en otros muchos procesos, algunos pacientes pueden imaginar o pensar que tienen un problema donde realmente no existe, y grados menores de la enfermedad puede que no requieran ningún tratamiento o sólo tranquilizar al paciente.

La cirugía reparadora por sí sola no es, a menudo, una medida suficiente y estos pacientes requieren también apoyo psicológico. Otra posibilidad terapéutica serían los grupos de apoyo del paciente, algunos de los cuales proporcionan entrenamiento en habilidades sociales.

.

¿Le ha parecido interesante?

Comparta en Redes Sociales