Fantasias sexuales

¿Qué son las fantasías sexuales?

Datos procedentes de investigaciones realizadas en el área de la sexología, indican que hasta un 20% de las mujeres y un 55% de los hombres tienen, al menos, una fantasía sexual al día. Las fantasías sexuales tienen su origen en la imaginación y todos podemos crearlas.

Se podrían compartir las fantasías sexuales con nuestra pareja, pero en general, las fantasías se consideran íntimas y personales.

Las fantasías sexuales son pensamientos e imágenes con contenidos sexuales, a veces involuntarias y otras voluntarias, y que provocan una amplia gama de deseos y emociones, desde placenteras y excitantes a incómodas y desconcertantes.

En general, se considera que las fantasías sexuales son un hecho normal dentro de la vida de una persona, forman parte de nuestra sexualidad, y no tienen por qué guardar relación necesariamente con la satisfacción o no de las relaciones sexuales. Su desarrollo no significa que la persona quiera que sucedan en la vida real, pero bien es cierto que en ellas no hay límite y todo está permitido: la única censura es la que nosotros mismos nos imponemos.

Las fantasías sexuales suelen iniciarse en la pubertad, sobre los 11-12 años, apareciendo antes en los varones. A esta edad, las fantasías sirven como “ensayo” de acciones sexuales que no se han producido aún, con personas de ficción o con alguien conocido. En la edad adulta pueden utilizarse para inducir o aumentar la excitación sexual, tanto en solitario como con la pareja, pudiendo llegar a tener una relación más apasionada.

¿Cómo son las fantasías sexuales?

Las personas tienen diferentes habilidades para desarrollar la imaginación y en general, las fantasías pueden ayudar a aumentar la gratificación sexual. Al ser privadas y ficticias, aseguran que no seremos descubiertos por lo que podemos variar su desarrollo, jugando con ellas a nuestra voluntad.

Las fantasías, entonces, pueden variar en su contenido y su duración. En los hombres es más frecuente que sean más impersonales, más visuales y más activas. En las mujeres tienden a ser más pasivas y más románticas. De todas formas existen numerosas similitudes entre las fantasías de hombres y mujeres.

Se considera que el contenido de las fantasías puede estar influido por la aceptación de la persona, por su sexualidad y por el grado de culpabilidad que se produzca por tener esas fantasías. Hoy en día el factor sociocultural es todavía un importante condicionante para la mujer.

Tipos de fantasías sexuales

Los tipos de fantasías sexuales más comunes son:

Las fantasías de exploración

En las que el individuo se imagina desde una orgía a una relación sexual con una persona de su mismo sexo; otras fantasías son más íntimas, incluyendo desde besos apasionados a hacer el amor en diferentes lugares.

Las fantasías impersonales

Een las que se mantienen relaciones sexuales con un extraño, se observan otras personas que mantienen relaciones o imaginamos que vemos material pornográfico. Hay que comentar que en ocasiones, las fantasías pueden crear sentimientos negativos de culpa y llegar a inhibir el deseo sexual.

La mayoría de las fantasías son de tipo íntimo, en las que se mantienen relaciones con una persona conocida o con una persona imaginaria, en diferentes lugares y en diferentes posturas.

Normalmente, cada uno de nosotros tiene una o varias fantasías a las que recurre con más frecuencia porque provocan mayor placer, siendo por ejemplo, recuerdos agradables que incluyen desde un beso o una mirada a imágenes de revistas, libros o películas o experiencias no vividas pero que nos gustaría experimentar, de tipo amoroso y romántico pero también de dominio y sumisión, incluso experiencias no aprobadas socialmente.

¿Hay que compartir las fantasías sexuales?

Es posible que nuestras fantasías no estén en concordancia con nuestra escala de valores o con el del medio en el que vivimos. Al estar relacionadas con la esfera de la sexualidad, se han originado numerosos mitos y tabúes alrededor de las fantasías sexuales, e incluso algunas religiones las llegan a considerar una grave falta o pecado.

Por ello, en ocasiones se producen conflictos personales entre lo que pensamos y lo que sentimos, reprimiendo estas fantasías. Para evitar los conflictos, hay que intentar desligar la imaginación del mundo real, aceptando las fantasías que se produzcan sin juzgarlas, teniendo bien claro qué es lo real y lo irreal. Si pensamos que las fantasías no tenemos que realizarlas en la realidad, disfrutaremos mucho más de ellas.

De esta forma, podríamos compartir las fantasías sexuales con nuestra pareja, lo que podría aumentar la comunicación, pero en general, las fantasías se consideran íntimas y personales, muy privadas, no compartiéndolas por sentimiento de vergüenza, o porque pensamos que podemos descubrir aspectos “negativos” de nuestra personalidad o porque si hacemos partícipe de ellas a nuestra pareja, podemos provocar un sentimiento de rechazo, de desconfianza e incluso de celos.

Debemos considerar las consecuencias, positivas o negativas, que puede tener para nuestras relaciones el hecho de dar a conocer nuestras fantasías, aunque sea a nuestra pareja.

Conclusiones

Las fantasías sexuales pueden considerarse beneficiosas, son excursiones en la mente que ayudan a la excitación y al placer, sirven para expresar nuestros deseos sexuales e incluso nos ayudan a evadirnos de la vida real y monótona.

Con ellas iniciamos o aumentamos la excitación sexual, tanto durante las relaciones con nuestra pareja como con nosotros mismos. Liberamos estrés y tensiones y hasta anticipamos situaciones que nos ayudan a vencer ciertos miedos y tabúes, mejorando la autoestima.

Incluso a individuos que tienen problemas en sus relaciones sexuales, como un trastorno del deseo sexual inhibido en el que disminuye e incluso se produce una ausencia de fantasías y de deseo sexual, se les aconseja que utilicen y fomenten su imaginación construyendo fantasías de manera positiva.

Pero si las fantasías sexuales son tan frecuentes que llegan a interferir con la vida normal, y queremos reproducirlas en la vida real, en general es aconsejable consultar con un psiquiatra o con un sexólogo.

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