Falta de interés por el sexo

¿Qué es el deseo sexual?

Existen diferentes definiciones que intentan precisar el concepto de deseo sexual y casi todas ellas tienen en común el referirse a un impulso de carácter instintivo y/o psicológico que incita a la persona hacia la conducta sexual.

A lo largo de la vida todos pasamos por diferentes etapas en cuanto al impulso sexual.

El deseo sexual está determinado por una serie de factores de carácter biológico, psicológico y social.

Desde el punto de vista biológico, el deseo sexual está estrictamente relacionado con el equilibrio hormonal, andrógenos en el hombre y estrógenos en la mujer. La determinación biológica de este tipo de deseo queda patente en algunos trastornos cromosomáticos que producen una inhibición permanente del impulso sexual, por ejemplo el síndrome de Klinefelter en los hombres y el síndrome de Turner en las mujeres.

Se pueden realizar estimaciones sobre la presencia e intensidad del deseo sexual a través de tests psicológicos, pero no es posible realizar una medida objetiva y pura del mismo. No debe confundirse el deseo sexual con la presencia de prácticas sexuales: el tener conductas sexuales puede ser un indicador de presencia de deseo sexual (y no siempre), pero no son cuestiones plenamente identificables.

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Vea nuestra sección 'Sexualidad y relaciones de pareja'

    ¿El deseo sexual es siempre constante?

    No. Las personas a lo largo de la vida pasamos por diferentes etapas en cuanto al impulso sexual. Tampoco todas las personas tienen el mismo grado de motivación en etapas similares. La intensidad del deseo sexual varía mucho de una persona a otra, y en una misma persona, varía en distintas etapas de su vida, o en diferentes situaciones.

    Es normal, por tanto, que tengamos subidas y bajadas en nuestro interés por el sexo.

    En este sentido, es importante diferenciar entre pasar por una etapa de escaso interés por el sexo y la aversión sexual. La aversión sexual es un trastorno psicológico caracterizado por un miedo irracional y paralizante hacia la conducta sexual. Esta fobia imposibilita de forma permanente el disfrute de la sexualidad y requiere la oportuna terapia psicológica para devolver a la persona a la normalidad en el comportamiento sexual.

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      ¿Existen diferencias entre los hombres y las mujeres?

      Una mujer sana y un hombre sano deben tener un grado de deseo sexual que, de forma individual y en relación a su pareja, vivan como suficiente y gratificante. No existe un nivel universal que determine lo que es "normal", ya que estamos fundamentalmente ante una cuestión subjetiva.

      El hombre y la mujer no se diferencian en cuanto a la presencia o no de deseo sexual, o en cuanto a la intensidad del mismo.

      Sí que existen diferencias entre ambos sexos en cuanto a la manifestación del deseo sexual, es decir, en cuanto al ritmo y forma de realizar las prácticas sexuales.

      El hombre, de forma general, puede encauzar su deseo en una manifestación sexual individual o de pareja de una forma muy rápida y sin mayor preámbulo que la práctica sexual en sí. Sin embargo, la mujer requiere de forma habitual de un entorno sentimental afectivo donde se sitúe la conducta sexual. Puede ocurrir que el hombre incite de forma inmediata y rápida a la mujer a realizar un acto sexual, y ésta no responda con la misma urgencia e interés; puede que él interprete esto como una falta de deseo sexual, cuando lo que realmente ocurre es una descoordinación entre los ritmos de respuesta sexual.

      En la relación hombre-mujer hay que adaptar esta diferencia en la forma de manifestar las conductas sexuales para que ambos desarrollen su impulso sexual, y que ninguno acuse al otro de escasez de deseo sexual o falta de amor o cariño.

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      ¿Cómo detectar si mi impulso sexual está inhibido?

      Existen varios indicadores que podrían señalar que estamos ante una etapa de deseo sexual inhibido. Cuanto más acusada sea la presencia de estos indicadores, mayor inhibición existe y mayor interés deberá poner la persona afectada en buscar posibles soluciones.

      Algunos de los indicadores mencionados son los siguientes:

      • No tener fantasías sexuales, no tener pensamientos sobre temas sexuales, considerarse no apasionado, sin atractivo físico y sexual.
      • Repeler las relaciones sexuales, no iniciarlas nunca, rechazar las aproximaciones de la pareja, inventarse excusas para no tener prácticas sexuales.
      • No disfrutar de las relaciones sexuales, no concentrarse en ellas cuando se practican, considerarlas prescindibles en nuestra vida o en nuestra relación.
      • Tener frecuentes desacuerdos con la pareja en cuanto al grado de deseo sexual o a la frecuencia de las relaciones.

      Consideramos que el deseo sexual está inhibido y es un trastorno personal y/o de pareja, si esta inhibición se presenta de forma permanente y prolongada y se vive como un problema que impide una vida sana.

      ¿Cuáles son las posibles causas de un deseo sexual inhibido?

      Si una persona pasa por una etapa de escaso interés por el sexo, la cual se vive como preocupante e insatisfactoria, o es la propia pareja la que considera que en su relación existe este problema, se deberían analizar las posibles causas.

      A continuación se exponen algunas de ellas.

      • Primero, descartar cualquier causa orgánica o médica: presencia de los síndromes de Klinefelter o Turner (enfermedades congénitas por cromosomas sexuales anormales), anemia, anorexia nerviosa, cardiopatías, tumores, consumo de drogas, ingestión de determinados fármacos (como antiandrógenos, antihipertensivos, cualquier fármaco que realiza un efecto sobre la consciencia o la conducta del individuo-psicotropo-), etc.
      • Comprobar si existe alguna disfunción sexual, como la disfunción eréctil o problemas de eyaculación en el hombre, o problemas de excitación o anorgasmia de la mujer.
      • Presencia de causas psicológicas personales: falta de interés en el sexo por pasadas experiencias negativas, orientación sexual no definida o no autoaceptada, presencia de alteraciones psicológicas (como la depresión), falta de aprendizaje de las conductas sexuales como experiencias agradables.
      • Posibles causas debidas al tipo de relación de pareja: falta de comunicación entre ambos miembros, diferencias en la forma de entender la relación sexual, cambios físicos, psicológicos o estéticos en uno de los miembros de la pareja que inhiban al otro, tener patrones de comportamiento sexual rígidos y/o monótonos, uso de la conducta sexual como elemento de control del otro...

      ¿Cómo recuperar el interés por el sexo?

      En primer lugar analizar si el origen de esta falta de interés está en alguna de las causas orgánicas o en una posible disfunción sexual, y realizar el oportuno tratamiento médico o psicológico.

      Si el problema es una afección psicológica individual, explorarla y ver posibles soluciones, considerando la oportunidad de una terapia psicológica.

      En el caso de que el problema esté en la relación de pareja, poner especial atención en los siguientes aspectos:

      • Comprobar que se comparte la misma idea de la sexualidad como una experiencia común y gratificante.
      • Mejorar los niveles de comunicación entre los miembros de la pareja, hablar de los gustos de cada uno, de los problemas mutuos, de las expectativas ante la sexualidad.
      • Tener una actitud abierta al cambio de comportamiento propio, estar dispuesto a poner en práctica nuevas formas de relacionarse, poner especial atención a los gustos y formas de responder del otro, ser receptivo a sus necesidades...
      • Asumir, cuando los haya, que los problemas sexuales de la pareja son responsabilidad de los dos y no es sólo el problema de uno de ellos.

      Y si los esfuerzos personales o de ambos, no mejoran la percepción del deseo sexual como normal y satisfactorio, solicitar la ayuda de un profesional de la psicología.

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