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Enfermedad descompresiva

El deporte del buceo, que se ha hecho tan popular en todos los países en los últimos años, no está exento de riesgos y uno de ellos es la enfermedad descompresiva.


La enfermedad descompresiva o "enfermedad del buzo", se debe a la formación de burbujas de nitrógeno en la sangre.

©NetDoctor/Geir

Como primera medida debemos señalar que los cursos para aprender a bucear deben realizarse en escuelas acreditadas y es importante someterse un examen médico de aptitud, a ser posible con un especialista en medicina subacuática, dado que existen factores patológicos que pueden contraindicar su práctica.

Las inmersiones deben hacerse de forma responsable, asegurándose de que el equipo de primeros auxilios y los números de teléfono de los centros de asistencia estén a mano. Conviene conocer los síntomas y ser capaz de proporcionar los primeros auxilios al buceador afectado.

¿Qué es la enfermedad descompresiva?

Esta enfermedad también llamada "enfermedad del buzo" o "ataque de presión", se debe a la formación de burbujas de nitrógeno en zonas del organismo que pueden pasar a la sangre (dando lugar a fenómenos embólicos), permanecer donde se han formado o emigrar a otras partes, produciendo diversos síntomas.

De interés

Le sugerimos la lectura del artículo 'Embolismo pulmonar', así como la visita a nuestra sección 'Salud del viajero'.

    Las burbujas se forman cuando el buceador sube desde aguas profundas, donde hay más presión, hacia la superficie, donde la presión es menor, en un espacio de tiempo demasiado corto.

    Los síntomas se presentan poco después de salir a la superficie y van desde un simple dolor de cabeza, vértigos y cansancio, hasta dolor en las articulaciones, trastornos cutáneos, neurológicos (parálisis) e incluso en los casos graves, shock y muerte.

    Si sospecha que ha sufrido un accidente de descompresión, deje de bucear, ponga en marcha los primeros auxilios y acuda a un centro especializado en medicina subacuática. El tratamiento consiste en la administración de oxígeno al 100% en el lugar del accidente y durante el traslado, seguida de terapia en una cámara hiperbárica.

    ¿Por qué se produce?

    El nitrógeno constituye el 70% de los gases de la atmósfera y está presente en el aire que respiramos y en las botellas que se emplean para bucear. Al sumergirse, la presión ambiental aumenta de forma proporcional a la profundidad alcanzada, con lo que el buceador respira aire a una presión mucho mayor que en la superficie. Al aumentar la presión parcial del nitrógeno, gran cantidad de este gas tiende a penetrar en los tejidos del organismo.

    La cantidad de nitrógeno disuelto depende de la profundidad y duración de la inmersión: cuanto más larga y profunda, mayor cantidad de nitrógeno absorberán los tejidos del organismo. No hay problema mientras el buzo permanezca a presión, pero al ir ascendiendo la presión disminuye y el nitrógeno tiende a abandonar los tejidos y es eliminado por los pulmones al expulsar el aire.

    Si la velocidad del ascenso supera a la que el nitrógeno disuelto es capaz de abandonar los tejidos, éste formará burbujas que pasarán a la sangre o permanecerán en los tejidos produciendo una serie de síntomas (parecido a lo que ocurre al abrir demasiado rápido la botella de una bebida gaseosa).

    Para disminuir el riesgo de formación de burbujas se deben cumplir las normas de seguridad establecidas:

    • Ascender lentamente, a un ritmo no superior a 12-18 metros por minuto.
    • Realizar, a ciertas cotas de profundidad, unas paradas de descompresión.

    Existen tablas que establecen la relación entre profundidad y el tiempo de inmersión, e indican las paradas a realizar, a qué cotas de profundidad y de qué duración. Con todo, dichas tablas no garantizan no sufrir un accidente de descompresión, ya que influyen otros factores como la edad, la obesidad, el ejercicio, el frío, algunos fármacos y el sexo (las mujeres tienen más riesgo que los hombres).

    El buceador debe conocer el perfil de descompresión más adecuado a su actividad y añadir a lo indicado en las tablas las variaciones de seguridad en función de estos factores.

    ¿Cuáles son los síntomas?

    • Dolor de cabeza, vértigos, cansancio inusual o agotamiento. También erupciones en la piel, dolor en las articulaciones, hormigueo en brazos o piernas, debilidad muscular o parálisis. En algunos casos dificultad para respirar, alteración de conciencia e incluso la muerte.
    • Los síntomas suelen aparecer al poco tiempo de salir del agua o durante las últimas etapas del ascenso en las formas graves. Casi el 80% de los casos presentan los síntomas dentro de las primeras 2 horas posteriores a la inmersión y el resto dentro de las 24 siguientes. Si aparecen 24 horas después de bucear, es poco probable que se trate de un accidente descompresivo, aunque hay excepciones.
    • Si el buceador se somete a un descenso significativo de la presión atmosférica durante las 12 ó 24 horas siguientes a su inmersión (escalar una montaña, viajar en avión, etc.) puede producirse un accidente descompresivo ya que la baja presión facilita la formación de burbujas en tejidos que ya estaban saturados de nitrógeno.

    ¿Qué hay que hace para evitarla?

    • Siga estrictamente las normas de seguridad (buceo en parejas, velocidad adecuada de ascenso, paradas de descompresión según indican las tablas).
    • Sumérjase sólo dentro de los límites establecidos en las tablas de buceo.
    • Mantenga un ritmo de ascenso lento y pausado, no superior a 12-18 metros por minuto.
    • Procure evitar las inmersiones que exijan una parada de descompresión en el agua.
    • Haga una parada de seguridad de 3 minutos a una profundidad de 5 metros.
    • No se sumerja más de tres veces al día.
    • Si programa más de una inmersión en el mismo día, empiece por la más profunda.
    • Si bucea durante varios días seguidos, tómese un día libre cada dos o tres días.
    • No realice esfuerzos antes o después de bucear.
    • Beba mucho líquido antes de bucear.
    • Evite beber alcohol antes de una inmersión.
    • Asegúrese de que está descansado y en buena forma física. Sométase a chequeos médicos con regularidad. De padecer alguna enfermedad, consulte al especialista antes de realizar una inmersión.
    • Respete un intervalo de al menos 24 horas entre una inmersión y un vuelo o el ascenso a una montaña. Si se ha sometido a terapia de recompresión en una cámara hiperbárica, el intervalo será de al menos 48 horas.

    ¿Cómo se diagnostica?

    En la mayoría de los casos el perfil de la inmersión (número de inmersiones, profundidad, duración, velocidad de ascenso y descompresiones) junto a factores como el frío, las corrientes, el esfuerzo y condición física del buzo aportarán indicios al diagnóstico.

    Tras una exploración minuciosa ( pruebas para evaluar el equilibrio, la coordinación, la sensibilidad, los reflejos y la fuerza muscular) el médico podrá diagnosticar y decidir si hay que trasladar al buceador a una cámara hiperbárica.

    Pronóstico

    El pronóstico depende de la gravedad, los factores individuales, la premura, tipo y eficacia del tratamiento aplicado. Con un tratamiento adecuado se pueden evitar lesiones permanentes. Cuanto más se retrase mayor es el riesgo de consecuencias graves.

    Ante la mínima sospecha acudir a un médico, ya que el trastorno podría empeorar aunque no parezca grave en ese momento.

    Después del tratamiento se debe dejar la actividad algún tiempo. El descanso dependerá de la gravedad de la sintomatología y de los resultados del tratamiento.

    ¿Cómo se trata el síndrome de descompresión?

    En el lugar de buceo y durante el traslado:

    • Primeros auxilios o maniobras de reanimación si el buzo está inconsciente.
    • Pedir ayuda.
    • Administración de oxígeno al 100% a un ritmo de 10-15 litros por minuto.
    • Rehidratación oral (dar a beber líquido) siempre que el buceador esté consciente.
    • No dejar que el buceador haga esfuerzos ni coja frío.
    • Nunca recomprimir volviendo a sumergirse en el agua.

    En el hospital y centros especializados el único tratamiento eficaz es la terapia en cámara hiperbárica.

    • Una cámara hiperbárica es un tanque de acero que se puede presurizar.
    • En nuestro país existen en varios lugares, algunas de ellas en instalaciones de la armada.
    • La presión de una cámara hiperbárica se aumenta cerrando las puertas y bombeando aire hacia el interior.
    • Se aplican diferentes tablas de tratamiento dependiendo de los síntomas o gravedad del cuadro clínico.
    • Durante el tratamiento se va aumentando la presión hasta que se corresponda con la que existe a 18 metros de profundidad.
    • En algunos casos la presión de la cámara se aumenta hasta la equivalente a 50 metros.
    • Mientras está en la cámara, el buceador respira oxígeno puro a través de una mascarilla, con lo que aumenta la eliminación de nitrógeno.
    • La presión de la cámara se reduce gradualmente hasta que el buceador alcanza la presión de la superficie.
    • El tratamiento suele durar varias horas.
    • Durante la terapia, una enfermera especializada permanecerá con el buceador en el interior de la cámara.
    • El estado del paciente se vigila constantemente y se vuelven a explorar la coordinación, el equilibrio, la sensibilidad, etc.
    • Si es necesario, el médico especialista entra en la cámara, pero normalmente controla el tratamiento desde fuera en colaboración con la enfermera.
    • Tras el tratamiento se mantendrá al buceador en observación durante 24 horas, por si su estado empeora.
    • En la mayoría de los casos es suficiente con una sesión de terapia, pero a veces son necesarias más.
    • Tras el tratamiento, el buceador debe descansar del buceo durante un tiempo. La duración del descanso debe discutirse con un especialista en medicina subacuática.

    Más información

    Centros de Medicina Hiperbárica en España: http://www.cccmh.com

    Dra.  Charlotte Barfod  (especialista en Medicina Subacuática) , Dr.  Charlie Easmon  (especialista en Salud Pública) .

    Última versión: 2011-06-13