Depresión, ansiedad y ejercicio

Cómo el ejercicio ayuda con la depresión y la ansiedad

Puede parecer absurdo hablar de hacer ejercicio cuando se pasa por un estado depresivo o se tienen episodios de ansiedad. “Es lo único que me falta, ponerme ahora a hacer ejercicio…”, se puede pensar. Y, sin embargo, merece la pena intentarlo. Y ponerse a ello nos puede hacer descubrir que nos sienta bien.

Que el ejercicio es beneficioso para la salud, sin más paliativos, es de sobra conocido por todos. Ayuda con la presión arterial, previene la diabetes, la artritis y las enfermedades cardiovasculares. Y, aunque la relación no está del todo clara, hay estudios cuyos resultados muestran que también resulta beneficioso para la depresión o la ansiedad.

hombre caminando por la playa, visto de espaldas

Como primera medida, el ejercicio:

  • Propicia la liberación de endorfinas, esas “drogas internas” que el cerebro libera y que proporcionan una sensación de bienestar.
  • Atenúa las preocupaciones, mitigando los pensamientos negativos que generan los estados depresivos.
  • Mejora la autoestima. Cuando te decidas, márcate una meta, aunque sea modesta. Verás como en el momento en que la cumplas te vas a encontrar mejor, con más confianza en ti mismo.
  • Mejora tu aspecto físico, lo que redundará en aún mayor aplomo.
  • Tendrás más posibilidades de socializar, entrar en contacto con otras personas. Sólo el decir “hola” y sonreír a ése con quien te cruzas a diario en el parque, te hará sentir mejor.

No debes pensar que el ejercicio va a ser la panacea contra la depresión. Sí va a suponer una ayuda –una ayuda más que apreciable– pero no va a curar la depresión. Una persona deprimida deberá siempre ir al médico, que evaluará y comentará con el paciente las diversas opciones de tratamiento de la depresión.

Si crees que tienes síntomas de depresión, puedes hacer aquí el test de depresión de Goldberg, uno de los más aceptados por la comunidad científica, y que podrá darte alguna pista sobre si pasas, o no, por un estado depresivo.

Qué es “hacer ejercicio” en este contexto

Lo inmediato, hablando de ejercicio, es pensar en bajar al parque más cercano a correr. Y desde luego, pero no solo; el ejercicio incluye una gran variedad de actividades. Estrictamente hablando, deberíamos distinguir entre ejercicio y actividad física, pero si nos referimos a sus efectos en personas con depresión o ansiedad, podemos considerarlos sinónimos: cualquier actividad que te levante del sofá –pasar la aspiradora, cortar el césped, ordenar la librería o caminar un rato por el parque– será benéfica en el sentido descrito aquí. Lo ideal, con todo, es que no sólo te haga levantarte del sillón, sino que te obligue a salir de casa.

Piensa, por poner algunos ejemplos, en aparcar más lejos de la oficina para andar cinco o diez minutos diarios. Considera si podrías ir en bicicleta. O utiliza las escaleras, en lugar de coger el ascensor... Y procura que la actividad que elijas te resulte grata, de modo que no te tiente a diario abandonarla. Y debes mantener el nivel de actividad a largo plazo, de lo contrario sus efectos beneficiosos disminuirán drásticamente.

Pero, recuerda, el ejercicio va a paliar los síntomas de la ansiedad o de la depresión, pero no va a curarte. El tratamiento que pueda instaurar un médico cualificado será lo más efectivo.

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