Cistoscopia

¿Qué es una cistoscopia?

La cistoscopia es una exploración telescópica de la vejiga y de la uretra (el conducto que lleva la orina al exterior) y se realiza por medio de un aparato (cistoscopio), que se hace pasar a través del interior del conducto uretral, sin requerir incisión alguna. Se realiza para diagnosticar las causas de los síntomas originados en las vías urinarias inferiores o bien como parte del tratamiento de una determinada enfermedad, como por ejemplo, un tumor o cálculos (piedras) en la vejiga.

La cistoscopia suele hacerse bajo sedación o incluso con anestesia local o general

Existen dos tipos de cistoscopio:

Cistoscopio rígido

Es un tubo recto que incorpora un sistema óptico para recibir la imagen (con una fuente de luz muy intensa para iluminar el interior de la vejiga) y un canal o vía de acceso independiente para permitir que se añadan otros instrumentos (pinza de cuerpo extraño, pinza de biopsia, introducción de sondas o catéteres, electrocauterio, fibra de láser, etc.) con los que el médico puede manipular a distancia en el interior de la vejiga.

Cistoscopio flexible

Se utiliza sobre todo para el diagnóstico y el seguimiento de tumores de la vejiga. Es un aparato que tiene una punta que puede doblarse, y con la que es fácil, por tanto, pasar a través de toda la longitud uretral.

¿Cómo se realiza una cistoscopia?

El cistoscopio rígido se suele utilizar con anestesia local. Con este aparato se dispone de una buena visión y se pueden utilizar diversos instrumentos con los que se pueden obtener muestras para biopsias, extraer piedras de la vejiga o incluso cauterizar (quemar) pequeños tumores vesicales o condilomas uretrales. Hay que señalar que, por motivos anatómicos (la uretra de la mujer mide 4 centímetros y la del varón 20-25 centímetros, básicamente por la existencia del pene) las exploraciones realizadas con este aparato a varones son por ello más molestas. Por esta causa, en algunos casos, según los recursos disponibles y la tolerancia del paciente, se puede recurrir a la sedación del paciente o incluso a la anestesia general (que duerme a toda la persona) o regional (que duerme sólo la parte del cuerpo sobre la que trabaje el médico). En nuestro país, el cistoscopio rígido sigue siendo el más utilizado.

El cistoscopio flexible se puede hacer pasar a través de la uretra sin ningún tipo de anestésico, pero lo habitual es que el médico aplique algún gel lubricante a la punta del aparato y/o al orificio uretral. Flexionando y girando la punta del cistoscopio, el médico puede ver todas las zonas de la vejiga. Tiene la desventaja de no disponer del canal de manipulación a distancia y, por tanto, no permitir la utilización de los accesorios comentados en el apartado anterior.

En ambos casos se puede acoplar una cámara que permite ver las imágenes en un monitor.

¿Para qué sirve la cistoscopia?

Según avanza el aparato, el médico explora la uretra, examinando la posible existencia de estrechamientos de la uretra y signos de obstrucción de origen prostático. Una vez en el interior de la vejiga, el revestimiento interno de ésta (la membrana mucosa) se examina cuidadosamente para comprobar la existencia de pólipos, divertículos (herniaciones de la mucosa vesical) y cálculos (piedras). También se revisa el aspecto de la membrana mucosa en su conjunto. Además, se evalúa la capacidad de la vejiga y la existencia de deformidades. Asimismo, se explora la desembocadura de los uréteres (los conductos que transportan la orina desde los riñones) y se examina cuidadosamente el cuello de la vejiga (la unión con la uretra). El médico informará debidamente del resultado de la prueba y de si considera necesario algún otro procedimiento diagnóstico complementario para obtener más datos.

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