Cáncer de vejiga

¿Qué es el cáncer de vejiga?

El cáncer de vejiga es el resultado de alteraciones celulares en la mucosa (pared interna) de la vejiga, que conducen a la aparición de un tumor maligno.

El cáncer de vejiga es el resultado de alteraciones celulares en la mucosa (pared interna) de la vejiga, que conducen a la aparición de un tumor maligno.

Este tipo de cáncer tiene mayor incidencia en las décadas sexta o séptima de la vida. Es una enfermedad tres veces más frecuente en varones que en mujeres y uno de los tumores malignos más frecuentes en los varones.

¿Cómo se desarrolla el cáncer de vejiga?

En la mayoría de los casos, el cáncer de vejiga está causado por factores externos. El tabaco (debido a los productos químicos tóxicos que contienen los cigarrillos) y la exposición a determinados agentes carcinogénicos (causantes de cáncer), como las anilinas y otras sustancias químicas utilizadas en la industria, pueden provocar cáncer de vejiga.

El tabaco es el responsable, según diversos estudios, de alrededor del 40-50% de los casos, mientras que el 10-30% está relacionado con factores laborales. Dejar de fumar siempre es beneficioso, aunque sea después de muchos años. Algunos estudios han puesto de manifiesto que la incidencia de la enfermedad es menor entre ex-fumadores que entre quienes continúan fumando.

En área tropicales, el cáncer de vejiga se puede producir de forma secundaria a una infección crónica (la enfermedad se denomina esquistosomiasis o bilharziasis), producida por un parásito diminuto que invade este órgano.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad?

Generalmente, el primer signo es la presencia de sangre en la orina. En ocasiones, se ve a simple vista, pero a menudo se trata de una cantidad tan pequeña, que únicamente puede apreciarse a través de un análisis de orina, al microscopio, o mediante una tira reactiva.

La sangre no tiene por qué estar presente en la orina de forma continuada. De hecho, no es extraño que se den periodos en los que se comprueba la ausencia del menor rastro de sangre. Por ello, no hay que confiarse ante un síntoma que aparentemente ha desaparecido.

También suele darse micción frecuente, escozor al orinar e incluso, molestias o dolor en la zona del pubis, o los mismos síntomas que están presentes en la infección urinaria.

¿Cómo se diagnostica el cáncer de vejiga?

Cuando se descubre sangre en la orina, o cuando aparecen síntomas constantes de irritación al orinar por causa desconocida, es necesario acudir al médico. Para determinar el diagnóstico, el médico general enviará al paciente al servicio de urología correspondiente para que le efectúen las pruebas oportunas.

Si se sospecha de la existencia de un tumor, es necesario realizar una exploración denominada cistoscopia, en la que el especialista observa el interior de la vejiga a través de la uretra, con un instrumento denominado cistoscopio.

También se realizan pruebas radiológicas: de ultrasonidos (ecografías) o radiografías, que requieren la inyección de contraste intravenoso (urografía intravenosa), que permiten visualizar todo el tracto urinario.

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La orina también puede examinarse al microscopio, para detectar células malignas (citología).

Una vez diagnosticado el tumor (puede tratarse de uno o varios), se procede a la resección (extirpación) del mismo, lo cual se realiza mediante una endoscopia (con anestesia regional o general). Se realiza con un aparato (resectoscopio) de mayor calibre que el endoscopio, y que permite acoplar un asa de corte. Analizado el tumor por el patólogo, y una vez conocido el grado de extensión del cáncer, se pasa a considerar el tipo de tratamiento complementario a seguir.

¿Cómo se trata?

El tratamiento varía, dependiendo de la extensión del tumor. Recordemos que en la vejiga existen tres capas principales: mucosa (la más interna y que, por tanto, está en contacto con la orina), muscular (intermedia) y serosa (más externa). Existen dos grupos principales.

Cáncer superficial (no invasivo)

Esto significa que no hay signos que muestren la extensión del tumor en el revestimiento muscular de la vejiga. La mayoría de los casos (80-90%) pertenecen a esta categoría. Estos tumores pueden volver a aparecer en un alto porcentaje de los casos (40-60%), por lo que el paciente tendrá que acudir a reconocimientos periódicos.

Se suelen adminidtrar fármacos antitumorales (mitomicina, oncotiotepa, etc) o inmunoterapia (BCG) cuando se confirma la existencia de un riesgo elevado de nuevos tumores (que tengan alto grado o mala diferenciación celular, sean múltiples o de gran tamaño, etc.). Normalmente, llegan a curarse tras el tratamiento inicial o se controlan con las extirpaciones de aquellas lesiones similares que aparezcan en el transcurso de la enfermedad.

En algunos casos, el cáncer superficial puede convertirse en un cáncer profundo o invasivo (extenderse a la capa muscular, estructuras vecinas e incluso difundirse, y provocar tumores en otras partes del organismo).

Cáncer profundo (invade el músculo)

En esta fase, el cáncer ya afecta al revestimiento muscular de la vejiga. Esta situación es mucho más grave, al existir un mayor peligro de que el cáncer se extienda a los ganglios linfáticos o a otros órganos como el hígado, huesos, etc. Para confirmar que el tumor está confinado o limitado a la vejiga, pueden realizarse más pruebas, como una tomografía axial computerizada (TAC) o una resonancia magnética nuclear (RMN).

Las dos opciones más aceptadas de tratamiento son la extirpación total de la vejiga, o la radiación. En situaciones especiales, puede considerarse la posibilidad de realizar una segunda resección endoscópica (a través de la uretra, como en el diagnóstico de la enfermedad) o la extirpación del segmento de la vejiga que esté afectado.

Si fuera necesario extirpar la vejiga, la orina de los riñones se desvía hacia la superficie de la piel, justo por debajo de la línea de la cintura, utilizando una pequeña porción del intestino delgado (esto se conoce como ureteroileostomía). En esta intervención, los conductos de los riñones se unen a un extremo de una porción de 12 cm de intestino delgado, y el otro extremo se lleva hacia la piel, a través de la pared abdominal, para formar un estoma u orificio. Sobre el estoma, se coloca una bolsa adhesiva especial para recoger la orina. La bolsa tiene una espita para vaciar la orina cuando sea necesario.

En determinadas ocasiones, puede elaborarse una derivación más sofisticada. Con el intestino se puede fabricar un pequeño saco o bolsa, provisto de un túnel hacia la superficie de la piel, a través del cual el paciente introduce un pequeño tubo para drenar la orina (derivaciones continentes). También puede fabricarse una nueva vejiga a partir de segmentos del intestino, formando una reserva continente (la orina se puede controlar, y la micción se realiza por uretra), y que recibe el nombre de vejiga ortotópica.

Cuando el cáncer está extendido a los ganglios linfáticos o a otros órganos, suele recurrirse a tratamiento con otro tipo de fármacos contra el cáncer, que actúan en todo el organismo (quimioterapia).

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