Cáncer de hígado

¿Qué es el cáncer en el hígado?

El hígado es un órgano sólido de color marrón situado en la parte superior derecha del abdomen, escondido detrás de las costillas. Fundamentalmente se encarga de destruir, transformar y eliminar muchas sustancias del organismo, sobre todo la bilirrubina y otros pigmentos, y de fabricar gran cantidad de elementos. La eliminación de las sustancias se realiza por los conductos biliares hacia el intestino o por liberación de las sustancias metabolizadas al torrente sanguíneo. Recibe sangre de la arteria hepática y sobre todo de la vena porta (por la que sale casi toda la sangre procedente del intestino).

El cáncer es la proliferación descontrolada y generalmente agresiva, de un grupo de células malignas, que por lo común se organizan formando uno o más tumores y que tienen tendencia a invadir otros tejidos sanos y a diseminarse por el organismo por vía sanguínea, linfática o por mera contigüidad, formando así metástasis.

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    El hígado se puede afectar por el cáncer de 2 formas distintas:

    • Tumores que se originan en el hígado (cáncer primario del hígado)
    • Tumores 'procedentes' de otros órganos. El hígado es uno de los órganos más afectados por metástasis de cánceres de otras localizaciones. Este hecho, que puede ocurrir prácticamente en cualquier órgano del cuerpo, cobra especial importancia en el caso del hígado, pues las metástasis son 3 veces más frecuentes que los tumores primarios.

    El cáncer primario de hígado puede tener fundamentalmente dos orígenes: las células propias del hígado o hepatocitos y los conductos por los que pasa la bilis. Hablaremos entonces de hepatocarcinoma en el primer caso y de colangiocarcinoma en el segundo.

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      En el hígado pueden aparecer metástasis de prácticamente todos los tipos de cánceres que existen en el hombre, pero sin duda los que con más frecuencia metastatizan en este órgano son los tumores abdominales, sobre todo los de colon (con diferencia sobre el resto) estómago y páncreas. De los órganos no abdominales, los cánceres que con más frecuencia afectan al hígado son los de mama y de pulmón.

      ¿Cómo se produce el cáncer en el hígado?

      El hepatocarcinoma es un tumor que afecta fundamentalmente a pacientes que sufren algún tipo de enfermedad crónica del hígado, sobre todo, la cirrosis hepática (alcohólica o no) y las hepatitis crónicas virales B y C. Otras situaciones en las que aumenta el riesgo de hepatocarcinoma son la ingestión de aflatoxinas (sustancias tóxicas de un hongo), la hemocromatosis y el déficit de alfa-uno-antitripsina. Este cáncer es mucho más frecuente en los países del Lejano Oriente que en nuestro medio, y es probable que su incidencia (número de casos que aparecen al año en una población) disminuya a medida que se extienda la vacunación contra el virus B de la hepatitis.

      El colangiocarcinoma es más frecuente según avanza la edad y, como el anterior, su incidencia aumenta mucho en los países orientales. Aunque normalmente aparecen de forma espontánea, sin que existan en los pacientes factores de riesgo, en el caso de los pacientes con colangitis esclerosante (una enfermedad inflamatoria de los conductos biliares) el riesgo está aumentado al quíntuple. El colangiocarcinoma se puede presentar tanto en los conductos biliares que hay dentro del hígado como en los que están fuera.

      Las metástasis hepáticas se producen cuando el tumor ha pasado a la sangre en su punto de origen y se ha trasladado por los vasos sanguíneos depositándose en el hígado. La lógica hace pensar que cuando un tumor ha pasado a la sangre se puede depositar en el hígado y en otros muchos lugares, pero esto no siempre es así. De todas formas sí que indica que esté donde esté el tumor original, ahora es un tumor avanzado y que requerirá de algo más que la cirugía del tumor primario para su tratamiento. Las metástasis en el hígado se pueden detectar a la vez que se diagnostica el tumor en su origen (y a veces es el motivo por el que se detecta el tumor) o en las revisiones pasado un tiempo tras el tratamiento del foco primario de tumor.

      ¿Cuáles son los síntomas del cáncer en el hígado?

      Inicialmente los síntomas serán los mismos independientemente del tipo de tumor de que se trate, es decir, ninguno. Generalmente estos tumores se diagnostican por alteraciones en los análisis o en revisiones, bien de un tumor ya tratado o bien de una cirrosis o hepatitis.

      Hasta que los tumores no alcanzan un tamaño considerable no empiezan a dar síntomas. Al principio puede haber una sensación de pesadez en el lado derecho, acompañada de pérdida de apetito y de peso. Luego puede aparecer dolor por estiramiento de la envoltura o cápsula que envuelve al hígado, o el paciente se puede empezar a poner amarillo (ictérico) por obstrucción de los conductos de la bilis o por destrucción de las células encargadas de eliminar la bilirrubina. Finalmente, cuando la destrucción del hígado es mayor se va afectando la consciencia, pudiendo entrar en coma. Otras alteraciones posibles son las náuseas, los escalofríos y las alteraciones de la coagulación.

      Aparte de estos síntomas también pueden aparecer otros por aparición de metástasis en otras localizaciones. Metástasis que pueden derivar tanto de los tumores primarios del hígado, como pueden ser otras metástasis del tumor que las originó en el hígado.

      ¿Cómo se diagnostica el cáncer en el hígado?

      En la historia clínica el médico recogerá los antecedentes del paciente sobre la posibilidad de hepatitis crónica o cirrosis, los antecedentes de tumores u otros síntomas que puedan orientar el diagnóstico. En la exploración física a veces se puede palpar un agrandamiento irregular del borde inferior del hígado, se puede encontrar un tinte amarillento en los ojos o se pueden encontrar otros datos de enfermedad hepática o del origen de las metástasis (bultos en el abdomen o en la mama, alteraciones en la auscultación, sangre en el recto...).

      Es frecuente que aparezcan alteraciones en el análisis de sangre. Las transaminasas se suelen elevar (si es que no lo estaban previamente en los enfermos del hígado) por destrucción de células del hígado por el tumor. Puede aparecer aumento de la bilirrubina en distinta intensidad por obstrucción de los conductos biliares o por falta de células hepáticas. Una anemia puede apuntar a un tumor en el tubo digestivo como origen de metástasis.

      La ecografía es la prueba más utilizada para el estudio inicial del hígado y, por lo tanto, suele ser la prueba con la que se detectan los tumores en el mismo. Con la ecografía se puede comprobar el número, la localización y el aspecto (ecográfico) de los tumores hepáticos. También aporta información sobre la posibilidad de enfermedad crónica del hígado, sobre una posible obstrucción de los conductos biliares y puede apuntar un posible origen si es un tumor metastásico.

      El escáner o TAC abdominal es la prueba de mayor valor para establecer el diagnóstico y para planear el tratamiento. Es más sensible que la ecografía para encontrar tumores. Aporta información sobre la localización de los tumores y, por tanto, sobre la posibilidad de extirparlos. Además, se puede utilizar de guía para realizar una punción y obtener una biopsia. Utilizado con una sustancia de contraste (que realza las imágenes) llamada lipiodol aumenta su rentabilidad diagnóstica en el caso del hepatocarcinoma.

      Luego, en función de los resultados obtenidos en estas pruebas, se puede considerar necesario completar el estudio con otras exploraciones como endoscopia, colonoscopia, arteriografía, laparoscopia, etc.

      ¿Cómo se trata el cáncer en el hígado?

      En general el mejor tratamiento es la extirpación quirúrgica. Para esto es necesario que la lesión o las lesiones estén en una porción del hígado que permita extirparlas todas sin sacrificar excesivo hígado como para impedir la supervivencia. En ocasiones esto sólo puede ser comprobado durante la intervención quirúrgica, teniendo entonces que decidir si seguir adelante con la resección hepática (extirpación de parte del tejido hepático incluyendo la lesión) u optar por otro tipo de tratamiento.

      Cuando los tumores no son extirpables se puede optar por otras alternativas en función del tipo de tumor de que se trate, aunque en general como tratamiento paliativo:

      Metástasis

      Pueden tratarse mediante quimioterapia intravenosa (por una vena en el brazo o el cuello) o intra-arterial (aplicada directamente sobre la arteria hepática) según la pauta adecuada para el tipo de tumor de que se trate. En algún caso se ha conseguido que tras unos ciclos de quimioterapia se puedan extirpar los tumores hepáticos.

      Colangiocarcinoma

      Tiene peor tratamiento y a veces lo único que se puede hacer es colocar algún tipo de prótesis (stent) en los conductos biliares para permitir la disminución de la ictericia.

      Hepatocarcinoma

      Las alternativas más utilizadas son la etanolización de la lesión (inyección de alcohol en el tumor bajo control ecográfico, con el propósito de destruirlo) y la embolización u obstrucción de la arteria hepática. Además, existen distintos protocolos de investigación con quimioterapia sobre todo intraarterial; y en algunos casos muy señalados de tumor pequeño y localizado con función hepática deteriorada podría estar indicada la realización de un trasplante hepático.

      En la actualidad, se están probando distintas técnicas a base de frío con nitrógeno líquido (crioterapia) o con radiofrecuencia (hipertermia o calor excesivo) para destruir los tumores del hígado sin tener que abrir el abdomen con resultados provisionalmente aceptables, sobre todo en el caso de metástasis.

      ¿Qué complicaciones pueden surgir?

      La resección hepática es una técnica quirúrgica agresiva, lo que conlleva importantes complicaciones y una mortalidad nada despreciable (hasta alrededor de un 5%-10%). Sin embargo, con las mejorías técnicas adquiridas a lo largo de los últimos años por algunos grupos, se ha conseguido disminuir de manera importante la mortalidad y la morbilidad (complicaciones) por resección hepática. Las complicaciones más frecuentes son la infección, las complicaciones respiratorias (atelectasias o colapsos pulmonares, derrame pleural, neumonía) y las fístulas biliares. Sin embargo, siendo menos frecuentes, la hemorragia y la insuficiencia hepática postoperatoria son las más temidas, pues pueden condicionar la supervivencia del paciente. Estas complicaciones son tanto más frecuentes cuanto mayor es la resección a realizar y cuanto más deteriorada está la función hepática.

      La embolización de la arteria hepática también puede llegar a condicionar una insuficiencia hepática. La quimioterapia intraarterial puede dar complicaciones sobre el duodeno y el páncreas. Con la crioterapia y la radiofrecuencia se han descrito pocas complicaciones, pero la experiencia no es muy grande. La colocación de prótesis biliares puede producir hemorragias e infecciones de la bilis.

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      ¿Qué pronóstico tiene el cáncer en el hígado?

      En general el pronóstico del cáncer en el hígado es bastante malo.

      • Por un lado la existencia de metástasis hepáticas implica la existencia de células tumorales en el torrente sanguíneo que pueden dar lugar a nuevas metástasis tanto en el hígado como en otras localizaciones. Aun así, la extirpación y la quimioterapia han demostrado aumentar la supervivencia de estos pacientes.
      • Por el otro, los tumores primarios del hígado son bastante agresivos desde el principio. Los colangiocarcinomas son extirpables en un porcentaje mínimo de casos, que suele referirse a los que afectan a la vía biliar por fuera del hígado. Los hepatocarcinomas en cambio suelen tener más posibilidades de resección, gracias sobre todo a los controles que se realizan a los pacientes con hepatopatías. Sin embargo, la deteriorada situación hepática de estos pacientes condiciona tanto la resecabilidad de los tumores como la supervivencia.

      ¿Se puede prevenir el cáncer en el hígado?

      Los siguientes consejos ayudan a prevenir el cáncer de hígado o a diagnosticarlo tempranamente y, por tanto, a tener mayores opciones de tratamiento:

      • Vacunación contra el virus de la hepatitis B
      • Abstinencia de alcohol
      • Asistencia a controles rutinarios tras el tratamiento de algún cáncer para poder diagnosticar tempranamente las metástasis.
      • Efectuar análisis de rutina y aclarar las alteraciones que puedan aparecer, fundamentalmente si se trata de aumentos de las transaminasas o la bilirrubina.
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