Afrodisíacos

¿Qué es un afrodisíaco?

De un modo sencillo, podríamos decir simplemente que los afrodisíacos son sustancias que potencian la sexualidad.

Desde tiempos inmemoriales las sustancias con algún efecto afrodisíaco han sido objeto míticos de búsqueda en todas las sociedades del mundo.

La ciencia no reconoce ninguna evidencia concluyente del efecto afrodisíaco de ningún principio activo.

La imaginación al servicio de un mayor hedonismo sexual ha hecho que en todo tipo de alimentos, hierbas y otras clases de productos se haya querido ver un sinfín de atributos milagrosos que producían un mayor vigor sexual del hombre y un mayor interés por el sexo en la mujer.

Desde un punto de vista estrictamente médico se podría hacer una clasificación de este tipo de sustancias en los siguientes grupos:

Incrementadores de la líbido sexual (deseo sexual)

Serían aquellos afrodisíacos que acrecentarían el deseo del contacto sexual.

Aumentadores de la potencia sexual

En este grupo estarían los que incrementarían el poder de erección en el hombre y la capacidad de afrontar un encuentro sexual por más tiempo.

Intensificadores del placer sexual

Se clasifican en este apartado los afrodisíacos capaces de conseguir un disfrute sexual más placentero y un orgasmo más intenso o más duradero.

Los afrodisíacos a lo largo de la historia

Todos los países y civilizaciones tienen su particular lista de afrodisíacos, lo cual demuestra la escasa consistencia de la eficacia real de estos elementos. Esto contrasta con el vivo interés que han albergado desde siempre los hombres de todas las razas y culturas por descubrir nuevas vías de recreo sexual y de compensación de las mermas que, por la edad o la enfermedad, sobrevienen indefectiblemente a todos.

Qué dice la ciencia

Oficialmente no se reconoce ninguna evidencia del efecto afrodisíaco de ningún principio activo

    Tradicionalmente se han identificado ciertos alimentos o hierbas como afrodisíacos, pero también insectos, perfumes, cosméticos, etc.

    En el pasado, determinadas culturas como la árabe rodearon de un valor cuasi mágico a multitud de fragancias y preparados de uso cosmético a los que atribuían notables cualidades para el ejercicio de la seducción y el deleite sexual. Sin embargo, han sido los alimentos y las plantas de herbolario en general, en todas las civilizaciones, los reyes de la farmacopea afrodisíaca. Al principio la simple apariencia fálica de la raíz de una planta o de su fruto (espárragos, pepinos, zanahorias) servía para imaginar todo tipo de cualidades deseables de ámbito sexual.

    Cuando se incorporaban nuevos alimentos traídos de otras tierras (patatas, cacao, café) no faltaban aquellos que querían ver en ellos la solución afrodisíaca a una necesidad no bien cubierta hasta el momento.

    Por unas cosas o por otras, la lista de alimentos de los cuales la mitología popular ha reforzado la idea de que poseían un efecto afrodisíaco real no ha dejado de aumentar a lo largo de los siglos. De tal acervo podemos destacar ciertos pescados (salmón, arenque), mariscos (almejas, mejillones), caviar, ancas de rana, determinados vegetales (ajo, apio, calabaza), especias (albahaca, azafrán, pimienta, canela, vainilla, nuez moscada, estragón, cominos), órganos sexuales de animales (criadillas de toro o de gallo), huevos de codorniz, miel, vino y licores, etc.

    Otros afrodisíacos son aún más exóticos, como sacados de un libro de brujería; destacan aquí algunos muy codiciados como el cuerno de rinoceronte o los de ciervo, las pezuñas de macho cabrío, extractos de grasa o hígado de tigre, el Chan Su (sustancia con bufadienólidos como la bufotenina, poderoso alucinógeno, que se obtiene del dorso de algunos sapos), ámbar gris (obtenido de ballenas), cantaridina (sustancia muy peligrosa obtenida del polvo por maceración seca de unos escarabajos llamados "mosca española"), las hormigas negras o la sangre de serpiente.

    Respecto a las plantas son innumerables las hierbas a las que en unas u otras latitudes se les ha atribuido cualidad afrodisíaca. Podemos resaltar aquí algunas como la venenosa mandrágora, la Urtica dioca, el ricino, la Trigonella foenum-graecum, la valeriana, la turnera afrodisiaca, la zarzaparrilla, el áloe indio, el fruto del árbol Ginkgo biloba y por supuesto el ginseng rojo coreano, entre muchas otras.

    Por último cabe destacar el papel de las feromonas como sustancias de reclamo erótico. Su existencia es real en flores y animales jugando un papel muy relevante en la atracción, la excitación sexual, el galanteo y el apareamiento de muchas especies animales (mariposas, elefantes, etc.). En el hombre se han identificado este tipo de sustancias olorosas en el sudor de determinadas regiones (genitales externos, axilas,...) y se ha evidenciado una cierta capacidad de influencia en la conducta sexual tanto de mujeres como de hombres. Sin embargo su efecto no se ha caracterizado bien y parece tremendamente variable o incluso inexistente para muchas personas.

    ¿Qué dice la ciencia al respecto?

    Los científicos han estudiado muy poco la farmacología afrodisíaca. Esto ha sido debido principalmente a dos razones:

    • Que el sexo ha sido siempre un tema de estudio tabú dentro de la ciencia por la importante carga ideológica que conlleva y las severas limitaciones sociales y morales, si no éticas, que posee en todas las culturas desarrolladas.
    • La dificultad para medir todo lo que pertenece a la esfera psicológica o sensitivo-afectiva del individuo.

    Por ello, muchos de los estudios científicos se han limitado a comunicar los efectos nocivos de un gran número de sustancias que con propósito afrodisíaco fueron consumidas y que han provocado la intoxicación con resultado incluso de muerte de algunas personas. Esto se ha descrito con respecto a la cantaridina, la mandrágora, la bufotenina y otras sustancias de efecto cardioactivo.

    De cualquier modo, aunque la investigación se ha centrado sobre todo en animales, existe una cierta experiencia científica respecto a algunos fármacos o sustancias que podrían provocar un aumento de la respuesta sexual. Aun así, lo cierto es que oficialmente no se reconoce ninguna evidencia concluyente del efecto genuinamente afrodisíaco (con efecto aumentador de la líbido) de ningún principio activo, y de hecho la FDA (Food and Drug Administration, el organismo de salud estatal en Estados Unidos responsable de la autorización de sustancias terapéuticas y alimenticias) no admite que exista fármaco alguno con estas propiedades. Este mismo organismo ha retirado del mercado norteamericano determinados productos "afrodisíacos" dispensables sin receta que provocaron intoxicaciones en numerosas personas.

    ¿Fármacos afrodisíacos?

    Sí que existen fármacos que potencian la sexualidad, si consideramos como un grupo posible dentro de los afrodisíacos los que incrementan el poder de erección del varón, por ejemplo. En este apartado no podemos dejar de mencionar la clorhidrato de apomorfina (Uprima) o el citrato de sildenafilo (Viagra), fármaco que ha revolucionado el tratamiento de la impotencia y que parece ejercer clara mejoría de la función eréctil en aproximadamente dos de cada tres hombres con disfunción eréctil. Existen otros fármacos, de más reciente aparición en el mercado, y de efectos similares pero con algunas diferencias en cuanto a su propiedades farmacológicas, como el Tadalafilo (Cialis) o el Vardenafilo (Levitra).

    El alcohol, tan considerado por muchos como un ayudante de la práctica sexual, ha sido objeto también de abundante estudio. La conclusión respecto al mismo se resume en que su supuesta acción mejoradora se debería a su efecto desinhibidor, favorecedor del cortejo sexual, pero sin poseer ninguna cualidad real relacionada con el incremento del deseo o la potencia sexuales.

    El ginseng, obtenido de la planta oriental del mismo nombre, ha sido también estudiado en numerosas ocasiones, que demuestran en parte su singular efecto como sustancia agilizante e incrementadora de la tolerancia al esfuerzo (también el sexual); pero más allá de ahí, los estudios no han aportado la idea clara de que consiga un efecto afrodisíaco patente.

    Otras sustancias como los alquil-nitritos, entre ellos el nitrito de amilo (popularmente conocido como "poppers" en medios sobre todo homosexuales) parecen poseer efectos potenciadores del goce sexual, pero su uso no se halla exento de riesgos.

    Otros fármacos estudiados son numerosos extractos herbáceos en animales y algunos principios activos cardiotónicos o estimulantes centrales como el alcaloide yohimbina, de efecto cardio y neuro-excitantes principalmente.

    También se han descrito colateralmente los efectos afrodisíacos no esperados de determinados sustancias como el aminoácido arginina o fármacos de uso terapéutico convencional como la oxitocina, la hormona que estimula las contracciones uterinas en el momento del parto, la bromocriptina, la L-dopa (fármaco para el tratamiento del Parkinson), el GABA (neurotransmisor cerebral), el deprenilo o la amitriptilina; éste es un antidepresivo clásico del que en su momento se describieron curiosos casos aislados de hombres y mujeres con orgasmos espontáneos al bostezar o realizar otros gestos no propiamente sexuales.

    El afrodisíaco ideal

    Si tuviéramos que hablar de las cualidades ideales de un afrodisíaco deberíamos pensar en una sustancia que consiguiese ejercer de modo eficaz un aumento en el vigor y/o el deseo sexual de la persona con una nula toxicidad y una buena facilidad de uso.

    La ciencia actual se resiste actualmente a reconocer que pueda existir una sustancia de esas características. Por otro lado se comercializan muchos productos milagro de supuesto efecto afrodisíaco que no sólo no consiguen el supuesto efecto prometido sino que además puede comprometer de modo serio la salud.

    De cualquier modo, el ejercicio de una sana sexualidad no debe disponer su principal empeño en encontrar drogas que de modo artificial eleven nuestra líbido. Muy probablemente no existe mejor afrodisíaco que el de la imagen atractiva de la persona deseada en un clima de adecuada relajación, desinhibición y óptimo consenso emocional, sin necesidad de recurrir a sustancia alguna de ayuda para experimentar el deseo natural del contacto físico más íntimo.

    .

    ¿Le ha parecido interesante?

    16 votos, media: 4.19 sobre 5

    Contenido Relacionado

    Comparta en Redes Sociales