Adicción al sexo

La adicción al sexo es una de las adicciones más negadas en nuestra cultura. Siempre ha existido la búsqueda compulsiva de sexo, pero hoy en día es un hecho cada vez más frecuente, sobre todo por la facilidad que existe para acceder a teléfonos eróticos, revistas especializadas, películas porno y páginas en Internet dedicadas o vinculadas al sexo.

El pensamiento obsesivo sexual aumenta en la persona afectada, así como las fantasías sexuales y la necesidad de buscar sensaciones inmediatas.

Diferentes estudios indican que hasta un 5% de la población padece este tipo de adicción, predominando de forma mayoritaria los hombres, con edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta años. La adicción al sexo es un problema que acaba provocando una gran sensación de malestar a quien lo padece y a las personas de su entorno más inmediato.

¿Qué es la adición al sexo?

La sexualidad es inherente al ser humano, es parte natural de nosotros mismos, pero cuando el sexo se convierte en una actividad prioritaria que llega a interferir en la vida cotidiana, alterando las relaciones familiares, sociales o laborales, se puede hablar de adicción al sexo.

No se debe identificar esta adicción, de entrada, en una persona que lleve una vida con numerosas y variables relaciones sexuales, lo que en sí no es un problema ni una enfermedad; todo depende de cómo lo viva esta persona.

Así, la adicción al sexo es una conducta compulsiva por la que se establecen relaciones y actos sexuales que dejan una sensación final de insatisfacción y de malestar y sobre todo, un profundo sentimiento de culpa y de pérdida del control sobre uno mismo.

Características

En la adicción sexual se mantienen períodos de descontrol en la conducta sexual alternados con períodos de cierta normalidad. Comienza a ser un verdadero problema cuando se deja de controlar la situación y lo que en apariencia es divertido, provoca un gran malestar.

La persona afectada niega y justifica los hechos, como ocurre en otras adicciones, aumentando el pensamiento obsesivo sexual, las fantasías sexuales y la necesidad de buscar sensaciones inmediatas para calmar la ansiedad provocada por los problemas cotidianos. Esta ansiedad se ve reforzada al pensar continuamente cuál será la nueva relación o vínculo para mantener la adicción. Se entra en un círculo vicioso con el que se genera mayor malestar, según se reincide en la conducta sexual, llegándose a producir el rechazo hacia uno mismo.

Con todo ello, y por los cambios tan frecuentes en el estado de ánimo, la comunicación y la convivencia con las personas más próximas se hacen cada vez más difícil y dolorosa: los familiares sufren tremendamente esta adicción, e incluso los hijos pueden llegar a repetir, en su vida adulta, la adicción de sus padres. A los problemas familiares pueden añadirse la pérdida del resto de relaciones sociales o los problemas financieros.

La persona afectada mantiene su adicción con relaciones múltiples de tipo heterosexual u homosexual, masturbaciones compulsivas, abuso de pornografía y mediante el uso de líneas telefónicas eróticas o Internet. Es una persona que dedica mucho tiempo a buscar y complacer sus comportamientos y fantasías sexuales.

En la adicción al sexo mediante líneas telefónicas o Internet el paciente cumple sin un gran esfuerzo con sus impulsos sexuales, no necesita un compromiso “real” que conlleve una relación personal cara a cara.

De todas formas, el proceso hacia la adicción suele ser progresivo, empezando con la afición a la masturbación, pasando por la pornografía o una relación personal, incluso con los años puede progresar hacia conductas que hasta llegan a considerarse peligrosas.

Diagnóstico

Este problema adictivo debe ser evaluado y el tratamiento debe determinarlo un especialista, psiquiatra o sexólogo.

Como valoración previa, si se quiere descartar un problema de adicción al sexo habría que preguntarse cuestiones como las siguientes:

  • si al despertar existe una necesidad casi imperiosa de buscar “escenas sexuales” en periódicos, revistas u otros medios
  • si se siente remordimiento o vergüenza
  • si se tiene la necesidad de alejarse de la compañera después de una relación sexual
  • si utiliza el sexo como forma de escape para disminuir la ansiedad
  • si la búsqueda compulsiva de sexo interfiere en sus relaciones sociales o laborales
  • si para obtener placer sexual utiliza Internet, el teléfono u otros medios antes que alcanzar el placer con su pareja.

Una sola respuesta positiva a una de estas cuestiones puede indicar la necesidad de consultar con un psiquiatra o sexólogo que realizará una valoración clínica, incluso solicitando la colaboración de las personas más cercanas al afectado.

Tratamiento

Desde luego que es posible tratar esta adicción, siendo importante que el paciente acuda motivado y cuente con el apoyo de las personas de su entorno. El tratamiento no pretende conseguir una abstinencia sexual, algo realmente difícil, sino que trata de dirigir el comportamiento sexual hacia una conducta que disminuya la angustia y el malestar generados.

En un inicio, se intenta que la persona adicta reconozca los motivos que le impulsan a ese tipo de adicción, algo que se puede lograr mediante la terapia cognitivo-conductual, dirigida por un psiquiatra o sexólogo, y con la que se trata de llegar a controlar los estímulos, enseñar a prevenir la respuesta identificando las situaciones de riesgo, desarrollar el autocontrol y alcanzar una reestructuración cognitiva, “manejando” los pensamientos inadecuados, entre otras técnicas.

En otros casos se puede utilizar la terapia de grupo y enseñar técnicas de relajación, aplicables a la vida real. Puede ser necesario administrar de manera conjunta algún medicamento específico para estos casos.

Sobre la prevención de las situaciones, se trata incluso de reducir el acceso a la adicción: los sitios, momentos, posibilidades. Es posible que se tenga que suprimir el ordenador o los teléfonos de forma temporal, el uso del dinero, evitar que se encuentre solo, etc. En esto deben colaborar tanto los pacientes como las personas del entorno próximo. A la vez, se debe ocupar el tiempo que era ocupado por la adicción con otro tipo de actividades, como paseos, deporte, lectura u otras.

Hay que señalar que respecto a la pareja, la adicción sexual suele llenar las necesidades emocionales y sexuales del individuo, por lo que no son pocos los casos en los que el paciente no mantiene relaciones sexuales con su pareja, al preferir mantenerse en su propia experiencia sexual.

A la pareja se le debe explicar que en la mayoría de los casos no es culpable de la adicción y no está relacionada con ella, pues posiblemente se inició antes incluso de conocerse.

Conclusión

La adicción al sexo es una patológica en progresivo aumento en nuestro medio gracias, entre otros factores, a la excesiva publicidad y al fácil acceso a material relacionado con la pornografía.

Más de la mitad de las personas que acuden a un experto logran solucionar esta adicción, aunque deben estar siempre alerta para prevenir posibles recaídas.

Sería ideal proporcionar una educación y una información saludables sobre sexualidad a los niños y adolescentes, proporcionando información sobre el tema para evitar caer en una adicción al sexo.

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