Infección por Ébola

Introducción

El virus del Ébola es uno de los patógenos más virulentos para los humanos, produciendo un cuadro clínico grave de fiebre hemorrágica. Hasta la fecha no existe ningún tratamiento autorizado disponible para este tipo de infecciones, aunque se está trabajando intensamente en la elaboración de tratamientos preventivos y experimentales para los pacientes infectados.

El virus

El brote más importante hasta la fecha se produjo en el año 2015. Se pudo controlar, pero con un coste de vidas en torno a 20.000 personas.

El Ébola es un virus RNA monocatenario (que tiene ácido ribonucleico (RNA) de cadena sencilla de sentido positivo como material genético y no se replica usando ADN intermedio)de la familia de los filovirus, denominados así por su estructura filamentosa. También se le ha clasificado como un virus de fiebre hemorrágica ya que produce trastornos de la coagulación y estado de choque.

El género del virus del Ébola se divide en 5 especies diferentes (Zaire, Sudán, Costa de Marfil, Bundibugyo y Reston) según su capacidad de virulencia sobre los humanos. Desde su aparición en 1976, la especie Zaire ha ocasionado múltiples importantes brotes de la enfermedad con tasas de mortalidad de hasta el 90 %.

Brote de 2014 en el oeste de África

El brote de enfermedad por el virus del Ébola más importante registrado hasta la fecha se produjo en el oeste de África y lo causaron las especies Zaire del virus. Aunque la mayoría de los anteriores brotes o epidemias de la enfermedad tuvieron lugar en el centro de África, este brote se inició en Guinea a finales de 2013 y fue confirmado por la Organizacion Mundial de la Salud (OMS) en marzo de 2014. Posteriormente la epidemia se extendió a Liberia, Sierra Leona, Nigeria y Senegal.

Hasta mediados de septiembre de 2015, el número acumulado de casos probables, sospechosos y confirmados en laboratorio atribuidos al virus del Ébola ascendía a más de 5.300, con más de 2.600 muertos (tasa de letalidad cercana al 50%). Sin embargo, la magnitud del brote probablemente ha sido infraestimada, sobre todo en Liberia y Sierra Leona debido en parte a que los individuos afectados por la enfermedad han sido cuidados fuera de los hospitales. Se estima que a finales de noviembre de dicho año el número de afectados pudo alcanzar los 20.000 (no se dispone de estadísticas fiables).

Reservorio y vías de transmisión del virus

Parece probable que el virus del Ébola viva en especies de animales pequeños que sirven de fuente para infectar tanto a los humanos como a los primates. Se cree que también se aloja en los murciélagos.

Las vías de transmisión parecen múltiples:

  • ingestión,
  • inhalación y
  • paso a la sangre a través de pequeñas heridas o roturas en la piel.

Raras veces el virus se transmite de persona a persona a través de la vía respiratoria. La infección también puede ser adquirida a través del contaco con animales salvajes (por ej., caza, matanza y preparación de carne de animales infectados). Los sanitarios presentan riesgo de infección si cuidan a pacientes aquejados de esta infección y no utilizan medidas protectoras adecuadas.

Lo que también ha mostrado la epidemia del oeste de África es que la infección por este virus puede extenderse rápida y ampliamente debido a los grandes movimientos y viajes de los individuos infectados y la falta de centros médicos de aislamiento adecuados.

¿Por qué "Ébola"?

Ébola es el nombre de un río africano, en el norte del Congo, en cuyas proximidades se detectó este virus por primera vez, en 1976

    Manifestaciones clínicas

    Habitualmente, los pacientes afectados por una infección por este virus debutan de forma abrupta con los síntomas al cabo de 8 a 10 días tras la exposición (intervalo entre 2 y 21 días). El periodo de incubación para un paciente individual depende, en parte, del tipo de exposición que haya sufrido. Debería asumirse que todos los pacientes sintomáticos presentan niveles elevados del virus en la sangre y otros líquidos corporales y, por ello, deberían adoptarse las medidas de seguridad más adecuadas para sus cuidados.

    Los síntomas iniciales de esta infección son muy parecidos a los de una gripe con fiebre, escalofríos y malestar general, pero pueden evolucionar a un fallo de diferentes órganos vitales y a un choque séptico. Otros síntomas y signos observados son debilidad, pérdida de apetito, dolores de cabeza intensos y dolor en los músculos del tronco y la espalda.

    Hacia el 5º-7º día de la enfermedad, algunos pacientes desarrollan una erupción rojiza, que no pica, en la piel de la cara, el cuello, el tronco y los brazos. Muchos pacientes presentan síntomas y signos gastrointestinales como diarrea acuosa, náuseas, vómitos y dolor abdominal. La hemorragia característica de esta infección vírica no aparece siempre, pero se puede manifestar tardíamente en el curso de la enfermedad en forma de petequias o manchas rojizas debajo de la piel, moratones, sangrado de los sitios donde se pinchan las venas y/o hemorragia de las mucosas. Otros síntomas menos frecuentes observados en estos pacientes son hipo, dolor en el pecho, fatiga, confusión, convulsiones y/o edema cerebral.

    En los casos no mortales, los pacientes mejoran en aproximadamente 6 a 11 días tras la aparición de los primeros síntomas. La enfermedad mortal se ha caracterizado por signos clínicos más graves al principio de la infección y progresión hacia el fallo de diferentes órganos vitales y el choque séptico. Como media, la muerte sobreviene entre los días 6 y 16.

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    Hallazgos de laboratorio

    Se han observado diferentes alteraciones en los análisis de sangre de estos pacientes como disminución del número de glóbulos blancos y plaquetas, elevación de las transaminasas o enzimas hepáticas y trastornos renales y de la coagulación.

    Factores pronósticos

    Ciertos hallazgos clínicos y de laboratorio pueden orientarnos sobre el pronóstico de esta enfermedad. Los pacientes que presentan signos graves de disminución del volumen intravascular, alteraciones metabólicas y de la oxigenación de la sangre son los que peores resultado alcanzan.

    Convalecencia

    El periodo de convalecencia de estos pacientes es largo y viene marcado por debilidad, fatiga y dificultad para recuperar el peso perdido durante su enfermedad.

    Diagnóstico

    La aparición aguda de un proceso febril en una persona que ha estado recientemente en el oeste o el centro de África supone un reto diagnóstico por la cantidad de enfermedades infecciosas que se pueden contraer en esas regiones. En general, lo más probable es que el paciente tenga una enfermedad más frecuente, a menos que:

    • exista antecedente de un contacto físico directo con una persona diagnosticada de infección por el virus
    • el paciente haya estado expuesto o en contacto con un chimpancé o un gorila enfermos o bien,
    • el paciente haya visitado una cueva de murciélagos infectados durante las 2-3 semanas previas.

    Es fundamental establecer el diagnóstico de esta enfermedad lo antes posible para poder iniciar medidas de apoyo antes de que se desarrolle un choque irreversible, alertar a las autoridades de salud pública y establecer procedimientos de control de la infección.

    ¿Quienes presentan mayor riesgo de desarrollar esta infección?

    • Las personas que han tenido contacto con sangre, líquidos corporales o restos humanos de un paciente que se sabe o se sospecha ha tenido la enfermedad.
    • Las personas que viven o han viajado a zonas donde la transmisión del virus del Ébola está activa.
    • Las personas que han manipulado directamente murciélagos, roedores o primates de áreas endémicas.

    Diagnóstico de laboratorio

    El diagnóstico de laboratorio de las infecciones por el virus del Ébola se realiza por la detección de los antígenos virales o el ARN en la sangre u otros líquidos corporales. Esto puede hacerse utilizando pruebas de inmunoensayo o de ácidos nucleicos.

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    Diagnóstico diferencial

    El diagnóstico diferencial de esta infección variará sustancialmente dependiendo de las circunstancias clínicas y epidemiológicas. Por ejemplo, los viajeros que regresan del oeste o el centro de África deberían ser evaluados para enfermedades comunes como la malaria.

    Otros diagnósticos que deben tenerse en cuenta son la fiebre tifoidea, la fiebre amarilla, la fiebre hemorrrágica de Lasa, la varicela, el sarampión, el dengue, infecciones estafilocócicas o estreptocócicas, sepsis por gérmenes gram-negativos, síndrome del choque tóxico, meningococemia y leptospirosis.

    Tratamiento

    Actualmente no existe ningún tratamiento específico para este tipo de infección, por lo que los cuidados de apoyo o de soporte son la piedra angular del tratamiento de estos pacientes. Se ha probado con cierta esperanza un cóctel de tres anticuerpos monoclonales dirigidos contra la glicoproteína viral del virus del Ébola (“ZMapp”). Un panel de expertos de la OMS ha recomendado el uso de la sangre entera o el suero de pacientes supervivientes convalecientes en este tipo de enfermos.

    A día de hoy no existe ninguna medida aprobada de profilaxis post-exposición para esta infección. Tampoco existe ninguna vacuna aprobada para evitar la diseminación del virus del Ébola aunque hay algunas en estudio promovidas por la OMS.

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