6 señales de que su hijo está estresado

Es frecuente oír cosas como “quién pudiera volver a ser niño para olvidarse del fin de mes, de los problemas laborales, sin más preocupación que levantarse e ir al colegio, sin responsabilidades…” Quizá quienes suspiran por su niñez hayan sido muy felices en esa época de su vida, pero la realidad es que la niñez también puede ser una etapa infeliz y muy estresante, y hoy probablemente más que nunca. Young Minds, una organización británica sin ánimo de lucro, asevera que al menos uno de cada diez niños padece un trastorno mental diagnosticable –estrés, depresión, ansiedad– lo que supone tres niños en cada clase de 30 alumnos… y esta cifra parece que crece.

Niña en el colegio tapándose la cara

Los jóvenes también sufren estrés, exactamente igual que los adultos. Puede provocarlo un sinfín de factores, desde el acoso escolar hasta una rivalidad aparentemente nimia entre hermanos, pasando por cosas como una mudanza, la posible separación de los padres o la presión social. Quien más quien menos, todos hemos pasado etapas en que nos hemos enfrentado a este tipo de problemas, y deberían considerarse casi como una fase del crecimiento. Pero el problema es que los niños tienen menos tiempo de ocio, saben que las expectativas puestas en ellos son altas y en general están sometidos a más presiones que “antes”. Los problemas anteriores pueden verse por ello magnificados y resultar mucho más agobiantes a los niños.

"Nadie cuenta a los padres, antes de que nazcan, qué es eso de tener hijos. Ningún padre sigue un ‘curso de paternidad’ previo. Y ahora es más difícil que hace 40 años, con una oferta de todo tipo de cosas (bienes de consumo, de distracción…) mucho más alta. Los padres necesitan muchas veces orientación y ayuda”, asegura la Dra. Carole Spiers, de la International Stress Management Association.

A continuación, mostramos algunos signos que pueden ayudarle a detectar que algo no va bien con los niños.

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1. No quiere ir al colegio

No es extraño a ningún padre oír un día que el niño no quiere ir al colegio. Lo malo es si esa negativa se produce con frecuencia, lo que significará que existe una razón concreta para que el niño rechace ir a clase. Puede tratarse de muchas cosas: los exámenes, los deberes o falta de adaptación social o, el peor caso, por intimidación.

Los niños pueden verse sometidos a un gran estrés si notan, por ejemplo, que van por detrás del resto de la clase en su rendimiento escolar. Esto puede sucederles incluso a alumnos brillantes en una materia determinada, pero lentos en, un suponer, la lectura. Con facilidad pueden creerse más tontos y con ello generar sentimientos negativos hacia el colegio. Todo ello puede crearles serios problemas.

2. Saca peores notas

Otra señal importante son las notas. Si sacaba regularmente ochos y nueves y de repente pasa a tener treses y cuatros, algo va mal. No se pasa del 8 al 4 de la noche a la mañana. Debe controlarse el esfuerzo que hagan, las calificaciones, debe hablarse con los profesores y asistir a las reuniones de padres.

Niña con cara de enfado

Los niños también pueden verse presionados por sus padres y profesores, principalmente en la época de exámenes. Un estudio reciente llevado a cabo por la NSPCC muestra que la principal fuente de estrés del 50% de los niños eran los problemas académicos.

Se dan casos de niños con pensamientos suicidas por no poder responder adecuadamente a la presión a que se ven sometidos por sus propios padres. En muchos casos estos niños son incapaces de hablarlo con ellos, que a su vez no son conscientes de que ese exceso de presión les genera ese nivel de preocupación.

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3. Tiene problemas con la comida

Los hábitos alimentarios también constituyen una buena señal o, para ser más precisos, los posibles cambios en la alimentación, como sucede en los adultos.

Puede suceder de dos maneras opuestas: comer de más o de menos. En el primer caso, la comida puede suponer un consuelo mientras que en el segundo pierde todo el interés por ella.

Cuando se es algo mayor, pongamos nueve o diez años, la comida puede ser un verdadero escape, especialmente si pueden comprar chuches de camino a casa. No ayuda nada, claro está, porque pueden engordar y empeorar las cosas. El caso contrario, cuando el niño no quiere comer en absoluto puede tener consecuencias aún peores.

4. Dice que está enfermo

Hay que entender que "sentirse enfermo" puede ser un síntoma causado por el estrés, que se puede somatizar en problemas físicos, como dolores de cabeza y de estómago. Si esto ocurre con más frecuencia o aumenta en ciertas situaciones, como antes de un examen, el niño puede estar sometido a estrés.

El estrés también se puede manifestar con comportamientos anómalos, como mostrarse más nervioso y menos capaz de estar tranquilo.

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5. No duerme bien

Los niños que sufren de estrés a menudo duermen mal: no duermen toda la noche o les cuesta levantarse o, en el peor de los casos, vuelven a mojar la cama. Los síntomas de que un niño duerme mal son los mismos que en los adultos, y puede dificultar afrontar las labores cotidianas. Si se muestran somnolientos o más cansados, debe controlar cuántas horas de inactividad tienen.

La tecnología juega un papel importante aquí. Su el niño se lleva el móvil o su iPad a la cama y “juega” con ellos… Varios estudios avalan que son un problema a la hora de gozar de un sueño de calidad. Este hábito debe controlarse.

Niña batiendo huevos con su madre

6. Se muestra derrotista

¿El niño se muestra triste, y no parece feliz? Fíjese en su comportamiento global, quizá se está portando mal para llamar la atención, incluso inconscientemente. Es un buen indicador en un niño que generalmente se porta bien.

Con frecuencia los padres no saben si el niño tiene problemas, fundamentalmente si ambos trabajan.

Necesita conocer a fondo el comportamiento normal de su hijo para reconocer cualquier cambio. A menudo lo importante no es lo que se dice sino lo que no se dice.

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Escuche, y "traduzca"

Es de enorme importancia escuchar a los niños. Si les preguntamos si algo va mal pueden contestar “no, nada”, cuando en realidad todo o algo de lo anterior nos dice que sí, que hay un problema.

En estos casos hay que conseguir que el niño se abra, lo que no siempre es fácil. Emprender alguna actividad juntos es una buena manera de lograrlo. Prepare unas galletas con él, o juegue un rato al Lego y mientras tanto plantéele preguntas generales, como “quién es tu vecino de pupitre” o “qué haces en los recreos”… algo que les anime a explayarse. Ese tiempo pasado con ellos puede ser una mina de oro a la hora de averiguar cuál es el problema.

Si piensa que en efecto, algo va mal, el primer paso sería hablar con su médico de familia. El niño puede mostrarse renuente a ir con usted, pero puede hacerlo sin él; el médico podrá sugerir lo más adecuado para abordar el problema.

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