6 causas de que el ejercicio que haces no esté dando resultados

Estás cumpliendo a rajatabla las metas que te has impuesto, al salir de la oficina te vas al gimnasio, obviando las cervezas con los amigos, y ya no tomas a media mañana el pincho de tortilla con mayonesa que tanto te gusta. Y te das cuenta de que no has mejorado nada: no eres más rápido, no has adelgazado o no eres más fuerte, como era tu intención. Injusto, eso es. Es injusto. Veamos qué puede estar pasando.

Chica con cara triste sosteniendo un tomate "cherry"

1. No estás siguiendo un plan

Un plan es clave para lograr, y mantener, los resultados. Elaborar un plan te va a permitir programar tus rutinas sin tener que faltar a la reunión de trabajo que tienes el lunes. Puedes, además, comprobar de un vistazo si estás haciendo los ejercicios que te has planteado… es fácil dejar pasar partes –como por ejemplo los estiramientos– si dejas la planificación para el último momento. Y esto puede afectar muy negativamente al resto de tu rutina.

Qué puedes hacer:

Planea tu rutina durante el fin de semana, cuando te puedes tomar un respiro para pensar qué quieres hacer y cuándo. Un vistazo rápido, el lunes por la mañana yendo a trabajar, para ver dónde encajar una sesión intensa puede sonar exagerado, pero dejar abierto el domingo el cuándo de esa sesión puede hacer más variada y “gestionable” la rutina.

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2. En la variedad está el gusto (y la respuesta a tus oraciones en materia de ejercicio)

Si de repente te das cuenta de que tus logros en cuanto a forma física y peso se han estancado, cuando inicialmente iban viento en popa, no te sorprendas. Todo en tu cuerpo: desde el sistema cardiovascular hasta tus gemelos, ya sabes, los músculos de la pantorrilla, necesita nuevos estímulos cara a una mayor efectividad.

Qué puedes hacer:

Mira con detenimiento todas las áreas de tu rutina, desde los ejercicios de resistencia hasta la velocidad que fijas en la alfombra rodante y “mézclalos”. Busca diferentes métodos con las pesas, o prueba a estirar las fibras musculares de otra forma. Si estás atrapado en tu rutina de jogging, te sorprenderá lo efectivas y entretenidas que pueden llegar a ser unas sesiones de bicicleta estática o de natación.

3. No descansas lo suficiente

No descansar lo suficiente puede tener sorprendentes resultados. Si “estresas” el cuerpo con sobrecargas de esfuerzos, puedes llegar a ver una disminución del rendimiento y de los resultados; y hasta puedes tener más lesiones.

Qué puedes hacer:

Dos días semanales debe ser el mínimo descanso de alguien que hace regularmente ejercicio. Si eres muy activo y tienes gran experiencia en ejercicio, pues bueno, puedes aprovechar esos días para una sesión de yoga o un largo paseo. Pero ten presente que no hace daño a nadie poner los pies en alto con regularidad.

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4. Te desquitas con la comida

Después de una dura sesión de ejercicio, por supuesto que hay que restaurar tejidos. Para repostar, un batido de proteínas con plátano, un pan integral con hummus -ese delicioso puré a base de garbanzos- un yogur con frutas del bosque… Todo ello, perfecto. Pero lo que no vale es tomarte tu revancha a fuerza de cruasanes con nata y mermelada, pues sería contraproducente, máxime si pretendes cuidar la línea. En el mejor de los casos, sería lo comido por lo servido.

Manzana roja rodeada de cinta métrica

Qué puedes hacer:

Ser creativo. Repón las fuerzas a base de proteínas, fruta y un pan integral con aceite de oliva, por ejemplo, que aportarán la grasa saludable y los hidratos (de absorción lenta), así como cierta cantidad de fibra. Esas calorías, en forma de los tres grupos básicos de nutrientes, te calmarán el hambre sin que necesariamente deshagas el camino andado.

5. No haces tanto ejercicio como crees

No es sencillo, juzgar la intensidad del ejercicio, sobre todo si eres principiante. Es necesario saber en qué medida hay que trabajar duro al empezar cada sesión de ejercicio. Si pretendes emprender una rutina dura, es importante que tengas claro el concepto de “cómodamente dura”.

Qué puedes hacer:

Por ejemplo, usar un dispositivo de ayuda. Uno de esos que te pones en la muñeca y te mide el ritmo cardíaco y te dice si esa supuesta sesión no pasa de “mero calentamiento”. Con ese dispositivo sabrás rápidamente a qué atenerte.

6. No te mueves lo suficiente fuera del gimnasio

Si pudiéramos insertar aquí un emoticono de tristeza, lo haríamos. Sintiéndonos como unos "pepitos grillo" de pacotilla, lamentamos decirte que no basta que asistas dos veces por semana a tus sesiones favoritas, esas clases en que te castigas a mazo. Si eso es todo lo que haces, no vas a ver resultados, sobre todo si pretendes perder peso.

Qué puedes hacer:

Todo cuenta, en materia de ejercicio. La evidencia de que el ejercicio diario es crucial para mantenerte en forma es clara. Fíjate unas metas diarias de 15 ó 20 minutos de ejercicio “incidental”: por ejemplo sube y baja todas las escaleras con que te encuentras a diario, olvidando el ascensor; aumenta la velocidad a la que andas lo más que puedas… todas esas pequeñas actividades extra apenas te toman tiempo y su efecto acumulativo no es en ningún caso desdeñable.

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