5 trucos para que tus hijos coman de todo

La educación alimentaria durante los primeros años de vida de un niño es esencial para sentar las bases de su alimentación cuando sea adolescente y, más tarde, adulto.

Por alguna extraña razón, muchos niños pasan por un periodo en el que se vuelven caprichosos y quisquillosos y se niegan a comer y a probar alimentos nuevos.

Para todos aquellos padres en apuros con un niño tiquismiquis con la comida, os traigo una lista de recomendaciones basadas en estudios científicos para lograr que tus hijos crezcan fuertes y sanos.

1. Conviértete en su modelo a seguir

El primer paso a dar en la educación alimentaria de un niño es convertirse en su modelo a seguir.

Al igual que en el reino animal, los niños imitan las acciones de los mayores y, por supuesto, no iba a ser menos con la alimentación.

En un estudio experimental, se probó la eficacia de un programa en casa para enseñar a los padres a crear una relación positiva entre niños/consumo de frutas y verduras y se analizó si los cambios en el comportamiento de los padres influían en la ingesta del niño.

Los padres que aumentaron su consumo de frutas y verduras tuvieron más éxito a la hora de conseguir que sus hijos comieran también más frutas y verduras (1).

En otro estudio, esta vez sobre la introducción de nuevos alimentos, se observó que las posibilidades de aceptar la ingesta de un nuevo alimento o plato aumentaban cuando el niño veía que el adulto comía ese mismo alimento (2).

La regla también se cumple cuanto tus hijos ven comer a otros niños tal comida: se sienten más predispuestos a comerla sin rechistar.

2. ¡Niño, come! No, no los obligues a comer

Son muchas las veces que intentamos dar comida a nuestros hijos sin que tengan hambre.

¿Resultado?

Una regañina seguida de un enfado y hasta puede que de un castigo.

Sí, lo sé, estarás pensando que a veces los niños se aprovechan y te dicen que no tienen hambre para escabullirse y no comerse las alubias o el pescado, pero lo cierto es que en algunas ocasiones tienen razón: no tienen hambre.

Para que esto no ocurra y no fuerces a tu niño a comer, intenta llevar un horario fijo de comidas para que tu hijo tenga apetito siempre a la misma hora.

De acuerdo con varios estudios, las personas que están obligadas a comer tienden a comer menos y los niños rechazan más el consumo de frutas y verduras al mismo tiempo que piden más chuches y demás, no saludables (3).

Asimismo, otro estudio sobre el consumo forzado de alimentos encontró que muchos adolescentes y adultos recordaban haber comenzado a odiar ciertos alimentos cuando sus padres los obligaban a comerlos (4).

Y, por si aún no te lo crees, existe otro estudio donde los resultados hablan por sí solos (5):

  • Los niños a los que no se obligó a comer y terminar el plato de sopa comieron más sopa y se quejaron menos
  • Los niños a los que se forzó a comer y terminar el plato de sopa se resistían más y acababan por comer menos sopa

3. Presenta los nuevos alimentos junto a sus favoritos

Si además de tiquismiquis, tu hijo es neófobo (rechaza probar nuevos alimentos), puedes estimularle de una forma para que intente consumir nuevos platos.

Los expertos han demostrado que el hecho de presentar un nuevo alimento junto a otro conocido o que les guste influye muy positivamente en la probabilidad de que el niño se lleve un pedazo a la boca del nuevo alimento (6).

Y otra cosa que te va a sorprender…

Introducir un nuevo alimento endulzándolo favorece la decisión de tu hijo de aceptar probar dicho alimento.

Así lo afirman varias investigaciones en las que se ha comparado la introducción de un nuevo alimento en su forma natural (agrio, amargo, ácido…) y la introducción del mismo en forma dulce (7).

Igualmente –y por extraño que parezca–, una vez que los niños prueban, por ejemplo, una verdura endulzada, es mucho más fácil que les guste más la misma verdura con su sabor natural (8).

4. Ofréceles variedad y no tanta cantidad

Existe una correlación entre las variedades de fruta y verduras ofrecidas por los padres a sus hijos y el grado de aceptación de estos.

Algunos expertos afirman que cuanto mayor es el porcentaje de fruta y verduras que el niño tiene a su disposición, menores son las probabilidades de que este se niegue a comer la fruta o la verdura que le sirvas (9).

Otro dato curioso que se ha observado es que la constancia y repetición a la hora de introducir un alimento nuevo también incrementa las posibilidades de que el niño termine cayendo en la tentación de probarlo y de que le guste (10).

No obstante, has de tener en cuenta 3 cosas:

  • El hecho de que el niño logre probar la comida facilitará mucho el camino hacia un cambio de hábito. También puedes estimular a tu hijo con fotos e incluso juegos educativos para niños, donde pueda aprender buenos hábitos, además de interactuar con alimentos nuevos y despertar un interés hacia ellos
  • En ningún caso debes obligarlo a probar la comida
  • Intenta no presentarle más de un alimento nuevo al mismo tiempo.

5. Deja que participen en la cocina

Esta es otra forma estupenda de inculcar buenos hábitos alimentarios a los niños.

Darles la oportunidad de participar y tener responsabilidades en ciertas tareas que conciernen la alimentación, tales como elaborar la lista de la compra o acompañarte al supermercado, preparar la merienda o su almuerzo para el cole, recoger los tomates del huerto…

Varios estudios afirman que los niños que ayudan en el cultivo y recolecta de frutas y verduras en casa suelen comer más de este grupo de alimentos (11).

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6. Da rienda suelta a tu imaginación

¿Has probado alguna vez en inventar un nombre para un plato o comida?

Algo así como: “zanahorias con rayos X”, “espinacas con superpoderes”, “judías mágicas”

Todo vale a la hora de convencer a un niño para que se coma un alimento saludable y cuánto más creativo seas, mejor será la respuesta del pequeño.

Dra. Miriam Nieto, especialista en Nutrición. Nutrición Sin Más


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