5 dietas experimentadas, efectivas y sanas

No es posible decir cuántas dietas existen en la actualidad, pero probablemente centenares de ellas, prometiendo adelgazar sin esfuerzo, reducir la inflamación, optimizar la glucemia (glucosa en sangre), depurar el organismo…

Todas y tienen su propio objetivo, en el que se basan, y a partir del cual indican qué alimentos sí, cuáles no y en cuánto tiempo adelgazarás x kilos.

Pero lo cierto es que no todas son seguras y muchas de ellas son incluso nocivas para la salud. Por lo mismo, su efectividad es variable, y dan resultados dudosos

Hoy, Nutrición Sin Más presenta una lista de cinco dietas efectivas cuidadosamente analizadas y confirmadas por numerosos estudios.

1. Dieta baja en hidratos

La dieta baja en hidratos, como su nombre indica, se basa en un consumo limitado de hidratos de carbono, o sea principalmente azúcares y almidones refinados.

Es quizá una de las dietas más estudiadas y sus resultados están más que comprobados en el plano científico.

Una alimentación con un consumo limitado de hidratos hace bajar notoriamente el apetito y, como consecuencia, se consumen menos calorías en total (1).

En comparación con las dietas bajas en grasas, la dieta baja en hidratos puede producir una pérdida de peso de hasta 8 kg en los primeros meses (2).

Esta dieta no solo tiene un efecto positivo a la hora de adelgazar, sino en otros aspectos de la salud (3, 4):

  • Ayuda a regular la glucemia (glucosa en sangre).
  • Baja la presión arterial y los triglicéridos.
  • Provoca un aumento del colesterol HDL (“el bueno”).

Además, una de las mayores ventajas de esta dieta es no es necesario en absoluto contar las calorías de los alimentos que se ingieren y se puede comer hasta saciarse sin con ello engordar.

Consulta nuestro artículo, donde podrás leer en profundidad sobre esta dieta, y donde proponemos un menú semanal completo para hacerlo aún más fácil.

2. La dieta mediterránea

La dieta mediterránea constituye en realidad todo un estilo de vida, característico de los países bañados por el Mediterráneo, de ahí su denominación.

Básicamente consiste en consumir mucha fruta, verduras y alimentos de origen vegetal y comer moderadamente hidratos y carne.

Por supuesto, todo ello regado con el aceite de oliva (mejor si es extra virgen), que es el ingrediente, con mayúsculas, de la dieta mediterránea.

Favorece especialmente a las personas con problemas cardíacos y circulatorios.

El principal estudio sobre esta dieta, probando sus beneficios en la salud cardiovascular y metabólica fue el PREDIMED y éstos son algunos de los resultados más significativos:

  • Reducción del 30% en ataques cardíacos, derrames cerebrales y muerte por enfermedad cardíaca (5).
  • Reducción en un 6,7% y en un 13,7% de síndrome metabólico en los voluntarios que siguieron una dieta mediterránea con aceite de oliva virgen extra y aquellos que la complementaron con frutos secos, respectivamente (6).
  • Reducción del 52 % en la prevalencia de diabetes tipo 2 (7).

Sin ninguna duda, se trata de una de las dietas más sanas, equilibrada y, además, muy variada.

Puedes leer más sobre esta dieta en nuestro artículo de referencia. También puedes leer sobre las bondades del aceite de oliva extra virgen.

3. La dieta paleo

Básicamente, la dieta paleo replica la supuesta alimentación de nuestros abuelos de hace miles de años, durante el Paleolítico.

Se basa en lo que consumían: alimentos naturales, como fruta, verduras, semillas, carne y pescado y evita la ingestión de los productos más recientes: cereales, legumbres, lácteos y alimentos procesados.

Entre sus beneficios encontramos:

  • Regulación de la glucemia (8).
  • Reducción del 22% del colesterol LDL (“el malo”), de un 35% de los triglicéridos y del 16% del colesterol total (9).
  • Reducción de la tensión arterial.

4. Dieta antiinflamatoria

Su objetivo, además de la pérdida de peso, es prevenir y reducir la inflamación.

No es tanto una dieta sino una forma de alimentación a largo plazo, basada en el consumo elevado de vegetales, fibra y grasas saludables con el añadido moderado de proteínas animales.

La dieta antiinflamatoria evita la ingesta de alimentos procesados, azúcares añadidos o aceites vegetales refinados, todos ellos relacionados con un aumento de la inflamación (10, 11).

Puedes leer aquí sobre alimentos naturales anti-inflamatorios.

5. Dieta sin gluten

La dieta sin gluten nació como la alimentación más adecuada para los celíacos, que no toleran el gluten, ya sea como una intolerancia, una hipersensibilidad o una alergia a él.

El gluten es un tipo de proteína que se encuentra en muchos cereales como el trigo, el centeno o la cebada, y puede causar reacciones autoinmunes en algunas personas.

Los síntomas más habituales en las personas intolerantes son digestivos y muchas veces resulta difícil asociarlos a esta proteína.

Una dieta libre de gluten prohíbe el consumo de cualquier alimento que contiene gluten.

Esta dieta puede resultar beneficiosa en personas que, sin ser celíacos, presentan algún tipo de sensibilidad al gluten, como diarreas, dolores de estómago, distensión abdominal y otros.

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