11 errores habituales en la compra

Estos 10 consejos, más un bonus más "amable", pueden ayudar a evitar errores muy comunes en la cesta de la compra, en el súper.

1. Ir al súper con hambre

Ya lo ha oído antes, sin duda, pero no está de más recordarlo: No vaya al súper con hambre. No sólo comprará de más y más cosas innecesarias, sino que es más probable que al llegar a casa también coma de más. De modo que asegúrese de comer algo antes de ir a la compra. Su cartera y su cintura se lo agradecerán.

2. No ir preparado

Ir al súper sin la lista de la compra es como presentarse a un examen sin haber estudiado antes (bueno, algo parecido). Esa falta de previsión le hará elegir mal, es como ir con hambre. Si no tiene la lista o si el papelito se suele quedar olvidado, pegado a la nevera, hágala en su móvil, de modo que esté siempre a mano. Además, podrá ver nuevas recetas en apps de cocina, o fotos de sus recetas favoritas.

3. Empezar por la parte central del súper

Guárdenos el secreto: Hay una estrategia bien estudiada en la manera de presentar los productos en los supermercados. Empezar por las zonas perimetrales le hará llenar el carro de “lo bueno”: fruta, verduras, lácteos, carne y pescado. Los cereales, galletas, pasteles y bebidas –lo más accesorio- tendrán menos sitio para apiñarse dentro. Esta teoría es muy válida también a la hora de sentarse a comer: llénese el plato con lo más sano y deje para el final llenar el “hueco” que haya dejado con el postre.

4. Ir directo al mostrador de las delicatessen

Un buen sándwich –hablamos de uno bueno, preparado en casa- siempre está bien. Pero no todos los quesos y las carnes son iguales. Muchos pueden estar llenos de sodio, de modo que aunque tengan poca grasa (como el pavo) pueden tener chocantes cantidades de sal. Las mejores opciones: pollo o pavo asado y rosbif, quesos con poca sal, unas hojas de ensalada o unas rodajas de aguacate.

5. Empeñarse en los “orgánicos”

Seguro que comprar ingredientes orgánicos es bueno y a veces más seguro. Pero dé prioridad a que sus compras sean sanas, no a que sean orgánicas. Si no le llega el presupuesto, olvídese de lo orgánico. Las actitudes “todo o nada” pueden no ser sostenibles para su salud y bienestar, sin contar con que los precios astronómicos de los orgánicos pueden no compensar. Como resumen, mejor que en su carro haya verduras “normales” a que no las haya.

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6. Leer los valores nutricionales pero no los ingredientes

Una vez que la haya leído, oblíguese a repasar la etiqueta de todo lo que compre envasado, desde las galletas al kétchup, prestando especial atención a la sal y al azúcar. Esos ingredientes, que figuran, a veces, muy emboscados, pueden arruinarle la dieta y su objetivo de comer sano.

7. Comprar equivocadamente

"Bajos en calorías" o “Desnatados”. Este tipo de alimentos tiene cierto peligro. Eliminar, o reducir drásticamente la grasa de un producto conlleva habitualmente reemplazarla con “algo”: azúcar, por lo general. El yogur es un buen ejemplo. A menos que con la lectura detallada de la etiqueta pueda asegurarse que no se contiene aditivos en forma de edulcorantes o saborizantes, elija el producto natural (o “entero”). Buenos ejemplos de esto son la mayonesa light o la leche desnatada.

8. Evitar el pasillo de los refrigerados

Claro, se evitan las tentaciones de los helados, pizzas, platos preparados y todo un panel de cosas poco recomendables. Nada que objetar, pero se deja atrás algunas joyitas. No deben constituir el grueso de la compra, pero verduras congeladas, panes, sándwiches de pan integral y otros muchos (entre los que puede haber un helado ocasional) pueden ser totalmente convenientes.

9. Pasar de largo ante las conservas

Además de los pescados en conserva (atún, bonito, anchoas, sardinas, salmón) los tarros de verduras y legumbres pueden ser muy convenientes, además de perfectamente sanos. Seguro, además, de que le sacan de más de un apuro, cuando se encuentra que Fulanito de queda a cenar y no hay de nada.

10. Comprar lo rebajado

¿Lo compraría a su precio normal? Si la respuesta es no, que esté rebajado no es razón para hacerlo. Cuando vea ofertas especiales compre lo que sabe que va a comer y es bueno para su salud: conservas y congelados, huevos, yogur, frutos secos... Olvídese de ese bizcocho y ahorre el dinero para los vaqueros, bien ceñidos, que va necesitar este verano.

11. No comprar nada por impulso

Hombre, esas pequeñas compras en la cola de las cajas pueden estar muy bien, si se hacen con cabeza. Ya tiene el carro con todo lo necesario y nada de lo innecesario. Pues… está bien, darse el capricho de una barrita de chocolate o de caramelo. ¿El porqué? Pues porque dado que ya evita los procesados, el azúcar, el exceso de sal, los zumos azucarados y el exceso de grasa… No hay problema en darse un pequeño homenaje: ¡disfrútelo!

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