La hormona prolactina es la hormona responsable de la
estimulación de la secreción de leche por las mamas. La prolactina es secretada
casi exclusivamente por unas células que se llaman lactotropas, que se
encuentran en la glándula hipófisis anterior del cerebro. Estas células se
hallan sujetas al efecto inhibidor de una sustancia llamada dopamina que
produce el hipotálamo del cerebro, de manera que cuando se libera más dopamina
se secreta menos prolactina y viceversa.
Existe un trastorno por exceso de producción y secreción de esta
hormona, denominado hiperprolactinemia, que se define como un aumento en la
concentración sanguínea de prolactina (PRL) (en mujeres, mayor de 20 ng/mL y en
varones, mayor de 16 ng/mL).
¿Qué síntomas produce la hiperprolactinemia?
El aumento de prolactina en sangre causa una inhibición de la
producción de una hormona hipotalámica (hormona liberadora de gonadotropinas)
la cual se encarga de estimular la producción de dos hormonas sexuales
denominadas gonadotrofinas -hormona folículo estimulante (FSH) y hormona
luteinizante (LH)-. Estas hormonas actúan sobre el ovario favoreciendo la
síntesis de hormonas sexuales femeninas (estrógenos) y la ovulación. Por ello
cuando se incrementa la prolactina y se inhibe con ello la secreción de la
hormona liberadora de las gonadotrofinas, al haber menos FSH y LH se produce la
falta de ovulación, disminución de estrógenos
y consecuentes trastornos menstruales (amenorrea o
falta de la menstruación principalmente).
Analizaremos a continuación los diferentes síntomas o
manifestaciones que se producen en la mujer durante su época fértil, la mujer
postmenopáusica y el varón.
Mujer en edad fértil (premenopáusica)
En la mujer premenopáusica (edad fértil) los síntomas de este
trastorno se correlacionan con la magnitud de la
hiperprolactinemia:
Si los valores de la PRL son mayores de 50ng/ml se suele
producir: oligomenorrea o ciclos menstruales largos (>
45-60 días),
amenorrea o ausencia de menstruación, galactorrea o
secreción láctea por el pezón (sólo aparece en el 30-40 % de
los casos), infertilidad, sofocos, sequedad vaginal y osteopenia u
osteoporosis.
Si los valores de PRL se encuentran entre 20 y 50 ng/ml
aparecerá una producción insuficiente de progesterona que ocasionará una fase
lútea corta o proiomenorreas (ciclos menstruales cortos, en
torno a 21-24 días), e infertilidad, incluso aunque no hayan
anormalidades en el
ciclo menstrual.
Mujeres postmenopáusicas
En las mujeres postmenopáusicas, la hiperprolactinemia sólo se
reconoce en los casos infrecuentes en los que aparece como consecuencia de un
macroprolactinoma (tumor grande de células secretoras de prolactina) que se
manifieste con
dolores de cabeza o defectos en la
visión por efecto de masa del tumor sobre las estructuras nerviosas cerebrales
próximas.
Varones
En los varones, la hiperprolactinemia se manifiesta con
disminución de la líbido o
deseo sexual,
disfunción eréctil o impotencia,
infertilidad, disminución de la masa muscular, osteoporosis, dolores de cabeza
y posibles anomalías visuales.
¿En qué circunstancias aumenta la producción de
prolactina?
El aumento en la producción de prolactina puede deberse a
causas fisiológicas y a causas patológicas.
1. Causas fisiológicas
El embarazo: Los niveles de PRL en sangre
materna aumentan a lo largo de la gestación, alcanzando su máximo en el momento
del
parto. Seis semanas después del parto,
los niveles de esta hormona vuelven a sus valores normales, aunque la madre
siga dando el pecho a su hijo.
Estimulación del pezón: durante la
lactancia, la succión del pezón
provoca un reflejo por el cual se producen picos en la secreción de prolactina.
A medida que transcurre el tiempo estos picos son cada vez de menor intensidad.
Estrés: cualquier tipo de
estrés, físico o emocional, puede producir
hiperprolactinemia, aunque en este caso las cifras de la hormona raramente
exceden los 40 ng/ml.
Sueño y coito: también pueden acompañarse de
una elevación de los niveles de esta hormona.
2. Causas patológicas
Fármacos. Numerosos fármacos pueden provocar
elevaciones en las concentraciones de PRL, algunos de ellos de uso bastante
común. Son la causa más frecuente de hiperprolactinemia, generalmente por tener
un efecto bloqueante de la dopamina (al disminuir la dopamina, la cual inhibe
la secreción de prolactina, favorecen indirectamente el incremento de la
secreción de prolactina). Los más destacados son:
Estrógenos, si bien hay que aclarar que la cantidad de
estrógenos de los
anticonceptivos orales no causa
hiperprolactinemia.
Tumores: prolactinoma. Se trata de tumores
benignos en la mayoría de los casos. Son más frecuentes en mujeres que en
varones y suelen aparecer entre los 20 y los 40 años. Según su tamaño se
clasifican en: microprolactinomas (menores de 10 mm) y macroprolactinomas
(mayores de 10 mm).
Hipotiroidismo: hasta un 20 % de pacientes
con
hipotiroidismo presentan un incremento
en los valores de de prolactina. La hiperprolactinemia se suele corregir al
normalizarse la función tiroidea.
Lesiones de la pared torácica: traumatismos
costales,
quemaduras graves, virus del
herpes zoster, lesiones de la médula espinal.
Irradiación hipotalámica y craneal (radioterapia en el cerebro).
En un número significativo de pacientes no se encuentra una
causa detectable que justifique el aumento de prolactina, a pesar de realizar
todas las pruebas diagnósticas disponibles; es lo que se denomina
“hiperprolactinemia idiopática”. En estos casos los niveles sanguíneos de esta
hormona oscilan entre 20ng/ml y 100ng/ml. Se piensa que en la mayoría de estos
pacientes se trataría de microadenomas tan pequeños que no son visibles en los
estudios de imagen del cerebro.
¿Cómo se diagnostica?
A cualquier mujer que presente trastornos menstruales o
galactorrea se le debe hacer sistemáticamente una determinación de prolactina
en sangre. Esta determinación hormonal también forma parte del estudio de
esterilidad. Por supuesto, si un varón o una mujer postmenopáusica consultan
por los síntomas antes mencionados también estará indicado el análisis
sanguíneo de esta hormona, aunque estas circunstancias son más raras.
En caso de obtener un valor entre 20 ng/mL y 40 ng/mL debe
repetirse el
análisis de sangre antes de considerar
que el o la paciente tiene hiperprolactinemia. Tras un diagnóstico definitivo,
es obligado estudiar la causa de éste mediante la realización de una historia
clínica detallada, descartando la toma de fármacos que causen
hiperprolactinemia, síntomas de hipotiroidismo e historia de insuficiencia
renal y hepática.
El examen físico deberá descartar también anomalías del campo
visual. En caso de sospecha de hipotiroidismo se solicitará la determinación de
las hormonas tiroideas. Si no se encuentra una causa obvia, se deberá realizar
una
resonancia magnética nuclear (RMN) de la región
hipotálamo-hipofisaria del cerebro para descartar la presencia de un tumor. En
caso de no encontrar ninguna causa conocida, diagnosticaremos al paciente de
hiperprolactinemia idiopática.
¿Cuál es el tratamiento?
Los objetivos del tratamiento son:
Normalizar los niveles de prolactina y restablecer la función
ovárica.
En caso de tumores hipofisarios grandes, disminuir el tamaño
tumoral para revertir los síntomas producidos por la compresión del tumor.
El tratamiento de elección de la hiperprolactinemia de cualquier
causa, excepto la secundaria a fármacos, y con independencia del tamaño del
tumor hipofisario (si lo hubiere) es mediante fármacos llamados agonistas
dopaminérgicos. Actualmente se recomienda la cabergolina (Dostinex) ya que su
administración es más sencilla (1-2 veces por semana) y tiene menos efectos
secundarios.
La bromocriptina (Parlodel) es el fármaco que se empezó a
utilizar para tratar esta enfermedad. Es una alternativa en el caso de que no
haya respuesta a la cabergolina. También se recomienda como primera elección en
aquellas mujeres que deseen quedarse embarazadas ya que existen más evidencias
de que este fármaco no causa defectos en el feto (no obstante, se recomienda la
suspensión del tratamiento una vez que la paciente conozca que está
embarazada).
Estos fármacos tienen efectos secundarios como náuseas, vómitos,
dolores de cabeza, hipotensión postural (bajada de la presión arterial con los
cambios de posición), vértigo y congestión nasal, pero estos efectos se pueden
minimizar aumentando la dosis de forma progresiva o mediante la administración
intravaginal del fármaco, también efectiva.
En caso de que no se normalicen las cifras de prolactina con el
tratamiento médico o éste no se tolere debido a sus efectos secundarios se
puede recurrir al tratamiento quirúrgico, mediante la resección del tumor por
vía transesfenoidal, es decir, a través de la región fronto-nasal.
Tras dos años de tratamiento con cifras normales de prolactina y
la desaparición del tumor en el RMN, se puede plantear la suspensión del mismo
aunque habría que realizar un control periódico de las cifras de prolactina por
si volviesen a aumentar.
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