Hoy en día está totalmente demostrado que las personas que
practican ejercicio físico con asiduidad mejoran su salud y su calidad de vida
y llegan a una edad más avanzada en mejor estado de salud general. El ejercicio
físico controlado y sostenido aporta los siguientes beneficios:
Además, el hábito de la actividad física regular ayuda a
prevenir y controlar -especialmente entre los niños y los jóvenes- los
comportamientos de riesgo, como el consumo de
tabaco,
alcohol u otras sustancias, los regímenes alimenticios
poco saludables y la violencia. En suma, es beneficioso en nuestras actividades
cotidianas y para ambas esferas, física y psíquica. Como datos destacados, las
personas activas tienen:
un treinta por ciento menos de sufrir un
accidente cerebrovascular (embolia), que las personas
con una vida sedentaria.
El sedentarismo de la sociedad actual
Pero sobre todo lo dicho, prevalece hoy en día la inactividad
física, que se ha convertido en un importante problema de salud pública que
afecta a millones de personas en todo el mundo: se estima que a partir de los
cuarenta años más de un cuarenta por ciento de hombres y más del ochenta por
ciento de mujeres de nuestra sociedad, pasan sentados la mayor parte del día.
Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste en las últimas
décadas sobre la necesidad imperiosa de abandonar el sedentarismo, típico de
estilos de vida occidentales, promoviendo la actividad física para mejorar la
salud, adoptando formas de vida más saludables.
Está comprobado
Está totalmente demostrado que las personas que practican
ejercicio físico con asiduidad, con independencia de su edad, mejoran su salud
y su calidad de vida.
Junto a los beneficios individuales descritos, la actividad
física regular presenta destacadas ventajas sociales y económicas: reducción
del gasto en atención sanitaria y en absentismo laboral, mejor rendimiento
escolar y, aumento de la participación en actos deportivos y recreativos, entre
otras.
Precauciones antes del ejercicio
La actividad física es beneficiosa para todo el mundo, pero en
determinadas ocasiones no debe practicarse el ejercicio sin contar con el
consejo médico.
Las personas que deberían asesorarse antes de hacer ejercicio
son las que presentan situaciones como:
Problemas cardiovasculares, incluyendo la hipertensión
arterial, que para ser descartada requiere tomas regulares de la
tensión.
Procesos inicialmente banales, como la
gripe (que puede requerir no realizar ejercicio hasta
que uno se encuentre totalmente recuperado).
Mujeres embarazadas: hay actividades físicas que deben
evitarse.
Igualmente, a partir de los cuarenta años la práctica de
ejercicios vigorosos debe abordarse con precaución.
Todas estas situaciones requieren una consulta previa con su
médico para evitar problemas añadidos. De todas formas, si se ha mantenido una
vida sedentaria, es recomendable un chequeo médico antes de iniciar un
ejercicio físico. Las primeras sesiones deberán ser muy suaves y la intensidad,
aumentarse gradualmente.
Frecuencia del ejercicio. Limitaciones
El deporte ayuda a distraerse y divertirse. La práctica del
ejercicio requiere una intensidad, ni muy alta ni muy baja, regla que se debe
aplicar en cualquier deporte, pues un exceso siempre es desaconsejable. La
frecuencia cardiaca, mediante la toma del pulso y la respiración, son procesos
que se deben controlar, revisando nuestro entrenamiento si es necesario,
incluso con la ayuda del médico y el entrenador físico.
La norma básica general, flexible, es dedicar unos treinta
minutos como mínimo, entre tres y cinco veces semanales. Incluso puede ser
necesario descansar como mínimo un día, para permitir la recuperación muscular
y articular.
Pero también el exceso es negativo. Teniendo en cuenta que el
objetivo básico del ejercicio físico es ayudar al cuerpo a mejorar su
bienestar, conservando el ya logrado, en ocasiones se puede desvirtuar este
objetivo y llegar a poner en riesgo la salud. Por ejemplo, en situaciones de
alto rendimiento, si la actividad está siendo mal desarrollada, las esferas
mental y física pueden verse amenazadas. Hay que comentar aquí el aumento de la
vigorexia (adicción al ejercicio), como extremo de la práctica física, que
puede llegar a ser tan nociva como otras adicciones.
Respecto a las
lesiones físicas, la mayoría bien conocidas, si el
ejercicio está bien realizado, en coordinación con un experto y adaptándonos a
nuestra capacidad y limitaciones, no se tiene por qué correr riesgos. La
consulta con un especialista antes de comenzar la práctica y el chequeo
permanente y periódico de las propias condiciones, es por tanto, bien
aconsejable.
Para estudiar las posibles limitaciones deben tenerse en
cuenta:
Los antecedentes personales deportivos: sedentarismo o
prácticas anteriores, estado físico, lesiones pasadas, etc.
La historia clínica y estado físico actual: peso, hipertensión
arterial, estado nutricional y
Los objetivos planteados con el ejercicio: competitivos,
recreativos o terapéuticos.
El calentamiento
Antes del inicio de cualquier tipo de ejercicio hay que realizar
una sesión de calentamiento para preparar al cuerpo para la actividad, sobre
todo el sistema muscular, con estiramientos, con el fin de obtener el máximo
beneficio del ejercicio y evitar lesiones corporales.
El calentamiento consiste en efectuar ejercicios rítmicos y
suaves, trabajando diversas zonas corporales, para estimular el movimiento en
todo el cuerpo. Con estos ejercicios se aumenta la temperatura corporal,
acelerando gradualmente tanto la frecuencia cardiaca como la respiratoria. Con
todo ello, evitaremos lesiones musculares y, también, cardiovasculares.
Hay que dedicar entre cinco y diez minutos, estirando los
músculos con ayuda de una respiración regular y profunda, sin llegar a forzar
en exceso. Además, mejoraremos enormemente la flexibilidad.
Enfriamiento
Suele olvidarse esta parte final, dentro de un episodio de
realización de ejercicio físico. Mediante el enfriamiento, a través de
ejercicios suaves -igual que en el calentamiento- reducimos progresiva y
lentamente el ritmo cardiaco, respiratorio y la temperatura corporal, relajando
las tensiones físicas y evitando las temidas agujetas. Estos ejercicios pueden
y deben ayudarse inicialmente con una reducción del ritmo del ejercicio que
estemos practicando: correr un poco más despacio, pedalear más suave,
etc.
Los ejercicios de enfriamiento deben realizarse durante unos
cinco minutos, tras la conclusión del ejercicio. Si no se está en forma, deben
prolongarse unos minutos más. No olvidar tener una sudadera a mano para
protegerse del descenso de la temperatura corporal, evitando así los
resfriados.
Conclusiones: Mantener el sentido común y fomentar el deporte
desde la niñez
En muchas ocasiones, el placer que produce la práctica de la
actividad física hace descuidar las propias limitaciones, y nos puede hacer ir
más allá de ellas. No olvidemos que nuestro cuerpo dispone de mecanismos de
defensa a los que no hay que hacer caso omiso: por ejemplo, la aparición del
dolor.
Por ello y, con nuestro sentido común, que nos debe mantener en
un nivel saludable, apoyándonos en el profesional, médico y entrenador físico,
evitaremos las complicaciones de la actividad física en exceso e incluso llegar
a la descrita “vigorexia”.
Para finalizar, como casi todo en la vida, la práctica del
ejercicio físico es una costumbre que puede y debe cultivarse desde temprana
edad. Por ello es importante que sea una parte destacada de la educación de
niños y jóvenes. Sin embargo, nunca es tarde para comenzar a abandonar el
sedentarismo y mejorar la calidad de vida, estando aconsejado el ejercicio en
cualquier edad, incluso para los mayores.
Dr. Sergio García Vicente
, Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
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