La sensibilidad social respecto a la protección de la salud
frente a agentes agresores externos tiene una faceta muy importante en el área
del control de las sustancias que, por una u otra vía, pueden provocar daños a
nuestro organismo.
El tabaco es una de las más peligrosas sustancias en nuestro
entorno
La legislación europea comenzó a tomar cuerpo, respecto al
notable problema que suponen las sustancias peligrosas en el ámbito cotidiano
(medio laboral, hogar, etc.), en términos relativamente recientes, pues la
primera directiva comunitaria a este respecto se publicó en el año 1967. Con el
inicio de dicho marco legal comunitario los diferentes estados miembros
comenzaron a armonizar sus legislaciones con el fin de proteger a las personas
del uso indiscriminado, abusivo y/o inaceptable de sustancias de todo tipo,
cuyo empleo pueda ser ventajoso o incluso indispensable en el seno de la
actividad industrial, o bien que surjan como residuo inevitable de dicha
actividad, pero que han demostrado ser nocivos para los organismos vivos o el
medio ambiente en general. Desde entonces han surgido numerosas directivas
comunitarias adicionales y otros textos normativos estatales y autonómicos que
intentan adaptar el marco regulatorio vigente al incesante flujo cambiante de
nuevas sustancias y hallazgos científicos que genera el desarrollo tecnológico
y la investigación toxicológica.
La Directiva 92/32/CEE establece la definición de sustancias
como "aquellos elementos químicos y sus compuestos que se encuentran en estado
natural o aquellos obtenidos mediante cualquier procedimiento de producción,
incluidos los aditivos necesarios para conservar la estabilidad del producto,
así como las impurezas que resulten del procedimiento utilizado, excluidos los
disolventes que puedan separarse sin afectar la estabilidad ni modificar la
composición".
A las mezclas o soluciones compuestas por dos o más sustancias
se les denomina “preparados".
La cualidad de peligrosas queda claramente definida en términos
legales cuando estas sustancias o preparados se incluyen en listados oficiales
en virtud de estudios previos solventes de tipo epidemiológico o biológico que
documentan con una certeza adecuada su capacidad para ejercer daños a las
personas o al medio-ambiente en general.
¿Por qué son peligrosas algunas sustancias?
Las sustancias pueden ser peligrosas por diferentes mecanismos.
De acuerdo a su capacidad de ejercer toxicidad directa, se pueden clasificar
en:
Nocivas: Las sustancias y preparados que, por inhalación,
ingestión o penetración cutánea puedan, independientemente de su cantidad,
provocar efectos agudos o crónicos, o incluso la muerte.
Muy tóxicas: Las que, en cantidades extremadamente pequeñas,
puedan provocar dichos efectos.
Tóxicas: Las que, en cantidades pequeñas, puedan provocar
dichos efectos.
Corrosivas: Las sustancias y preparados que en contacto con
tejidos vivos, puedan ejercer una acción destructiva de los mismos.
Irritantes: Las sustancias y preparados no corrosivos que, por
contacto breve, prolongado o repetido con la piel o las mucosas puedan provocar
una reacción inflamatoria.
Sensibilizantes: Las sustancias y preparados que, por
inhalación o penetración cutáneas, puedan ocasionar una reacción de
hipersensibilización, de forma que una exposición posterior a esa sustancia o
preparado dé lugar a efectos negativos característicos. En definitiva, serían
aquellas sustancias capaces de inducir la aparición de fenómenos alérgicos.
Sin embargo, la clasificación que probablemente más nos interesa
es la relacionada con los efectos específicos sobre la biología celular. Así
pues, podemos establecer en referencia a este criterio, una clasificación de
las sustancias según sigue:
Carcinogénicos: Las sustancias y preparados que, por
inhalación, ingestión o penetración cutánea, puedan producir cáncer o aumentar
su frecuencia.
Mutagénicos: Las sustancias y preparados que, por inhalación,
ingestión o penetración cutánea, puedan producir defectos genéticos
hereditarios o aumentar su frecuencia.
Tóxicos para la reproducción: Las sustancias o preparados que,
por inhalación, ingestión o penetración cutánea, puedan producir efectos
negativos no hereditarios en la descendencia, aumentar la frecuencia de éstos,
o afectar de forma negativa a la función o a la fertilidad masculina o
femenina.
Los carcinógenos: ¿cómo actúan?
La legislación actual define como carcinogénicos o carcinógenos
a "aquellas sustancias y preparados que, por inhalación, ingestión o
penetración cutánea, puedan producir cáncer o aumentar su frecuencia." Este
tipo de sustancias -algunas de ellas, presentes desde siempre en la naturaleza,
y otras generadas por la actividad del hombre- son capaces de provocar la
degeneración de una o varias células hasta el punto de convertirlas en células
malignas cancerosas (dotadas de una capacidad proliferativa autónoma e invasiva
de órganos y tejidos no propios) que acabarán formando uno o varios tumores en
el organismo. La vía por la que una sustancia carcinogénica es capaz de inducir
esta indeseable metamorfosis reside en su capacidad para alterar la secuencia
de genes esenciales de la célula, directamente implicados en la regulación de
sus características biológicas y/o de su ciclo celular. La alteración de los
genes se puede producir de modo directo mediante lesión o modificación
específica de uno o varios de ellos, o mediante la interferencia o modulación
de los mecanismos de reparación del ADN o del control de su
replicación.
Afortunadamente existen múltiples niveles de resistencia a la
acción de los carcinógenos (reparación a escala intracelular de los genes
alterados, apoptosis -muerte autoprogramada- de las células afectadas,
eliminación inmunológica selectiva de las células malignas...) por lo que la
exposición a las sustancias carcinogénicas no tiene por qué provocar
necesariamente la aparición del cáncer. Sin embargo, la susceptibilidad de cada
individuo a su acción es muy variable. Mientras unas personas parecen estar
genéticamente “blindadas” frente a la actividad nociva de las sustancias
carcinogénicas y son capaces de sobrellevar este riesgo y defenderse de modo
eficaz, otras, por desgracia, son especialmente vulnerables a su efecto y
pueden desarrollar, al cabo de años o incluso meses, algún tipo de cáncer, con
la mera exposición accidental a ciertas sustancias o preparados
específicos.
¿Sólo los carcinógenos tienen la culpa?
Las leyes sanitarias y de protección laboral al respecto
establecen, cuando es posible, la prohibición de fabricación, uso o liberación
al medio de sustancias carcinogénicas claramente demostradas (incluso de las
que sólo se tiene una fundada sospecha), y establece las pautas obligadas que
permitan reducir a lo mínimo posible la exposición a tales sustancias en
trabajadores de riesgo o poblaciones susceptibles. Igualmente, limita las dosis
máximas tolerables cuando no sea posible evitar de modo absoluto la exposición
a las mismas. Esto es así porque dentro de la etiología (estudio de las causas)
del cáncer, los carcinógenos ocupan un lugar muy prominente. Muchos cánceres
como el broncogénico
de pulmón (el más habitual en los hombres) o el de
lengua o mucosa labial, tienen su principal causa en
los cientos de sustancias carcinogénicas que transmite el tabaco, hasta el
punto de que si se eliminara ese factor tan nocivo de exposición, se reducirían
drásticamente las incidencias de estos tumores, llegando probablemente a
situarse en menos de la mitad de las actuales estadísticas.
Sin embargo no son solamente las sustancias con poder
carcinogénico las únicas capaces de inducir la aparición de tumores. Otros
factores como las radiaciones ionizantes o algunos virus cuentan con dicha
capacidad oncogénica, si bien los mecanismos por los que operan son muy
similares a los de las sustancias carcinogénicas, alterando la biología de los
genes de la célula y fomentando un funcionamiento anómalo del metabolismo y
ciclo celulares.
Los carcinógenos en nuestro entorno
La exposición a algunas sustancias carcinogénicas no es del todo
evitable en determinados medios como las ciudades contaminadas o ciertos
ambientes de trabajo. Sin embargo existen muchos carcinógenos que nos rodean,
cuyo contacto es fácilmente evitable y que, por no haber adquirido la necesaria
conciencia o por no estar lo suficientemente informados, seguimos generando y
consumiendo.
Algunos de ellos los conocemos bien; se encuentran en productos
de consumo directo como el tabaco y el alcohol, que favorecen la aparición de
innumerables tipos de cáncer. Otros son más específicos y sólo se encuentran en
determinados medios sociales o laborales. He aquí algunos de los carcinógenos
más “domésticos” de los que se sabe con rotundidad de su efecto dañino y se
conocen muy bien los tipos de tumores a los que inducen:
Alcohol: Favorece los cánceres de senos óseos, boca,
lengua, labio, orofaringe, nasofaringe, laringe superior, esófago e
hígado.
Carnes rojas a la brasa: La combustión excesiva de la carne
favorece la aparición de algunos carcinógenos (benzopirenos, nitrosaminas,
etc.) Aumentan el riesgo de cáncer de tubo digestivo (estómago, colon).
Alimentos en descomposición: Las bacterias que descomponen los
alimentos secretan residuos metabólicos, algunos de ellos con poder
carcinogénico. Aumentan el riesgo de cáncer de estómago,
principalmente.
Radón: Presente entre los materiales de construcción de algunos
edificios. Favorece el cáncer de pulmón.
La lista de sustancias con poder carcinogénico es muy numerosa y
se completa con un nutrido grupo de sustancias presentes en muchos entornos
laborales industriales. Los más destacables son los siguientes:
Cloruro de Vinilo: En la industria del PVC y el caucho.
Incrementa el riesgo de cáncer de hígado
Asbesto: En la construcción. Favorece el cáncer de pleura
pulmonar (mesotelioma)
Serrines de maderas de roble y haya: Aumento de cáncer
nasal.
Polvo del cuero: Aumento de cáncer nasal y de
vejiga.
Benceno: En la industria química y petrolífera. Aumenta el
riesgo de
leucemia.
Naftilamina: En la industria química. Favorece el cáncer de
vejiga.
Existen muchísimos más. La lista completa está accesible en
múltiples sitios de Internet como el de la ATSDR (Agencia para las sustancias
tóxicas y el Registro de enfermedades) del Gobierno de los EE.UU, que se indica
a continuación:
Otro lugar interesante para consultar información sobre
carcinógenos es este:
http://ehp.niehs.nih.gov/roc/toc10.html
Respecto a los aditivos alimenticios, que se han puesto bajo
sospecha en tantos trabajos, cabe decir que sólo se utilizan y son autorizados
para el consumo humano aquellos de los que se tiene completa seguridad de su
inocuidad a dosis habituales. Además, precisamente los conservantes y
antioxidantes proporcionan una mejor conservación y frescura de los alimentos,
lo cual es un factor de prevención contra el cáncer, al impedir la
descomposición de los mismos y la proliferación de residuos carcinogénicos. He
aquí una página web donde se muestran los aditivos actualmente
autorizados:
Hoy por hoy la Medicina no es capaz de determinar claramente
cuáles son las personas más vulnerables al nocivo efecto de unas u otras
sustancias carcinogénicas. La vulnerabilidad viene casi totalmente condicionada
por la diferente lotería que supone el poseer una u otra carga
genética.
Cuando la Medicina sea capaz de estimar con acierto el grado de
proclividad de unos u otros individuos a padecer determinadas enfermedades, se
podrá ejercer una medicina preventiva más personalizada, gracias a la cual,
será posible advertir a personas concretas de lo crucial que puede ser para
ellos la prevención frente a la exposición de sustancias específicas.Mientras
tanto es imprescindible evitar en todo lo posible el contacto con este tipo de
sustancias, siguiendo, a tal fin, algunos buenos consejos para todos:
No fumar bajo ningún concepto
Evitar los ambientes polucionados
No consumir alcohol en exceso
Comer siempre alimentos frescos
Ingerir abundantes frutas y hortalizas (poseen sustancias
beneficiosas como los antioxidantes, que incrementan la resistencia del
organismo a los carcinógenos)
Disminuir el consumo de carnes a la brasa o evitar los
alimentos quemados.
Otros consejos para la prevención del cáncer, aunque no tengan
tanto que ver con la exposición a sustancias carcinógenas, pero sí con otros
agresores son:
Evitar la exposición excesiva al
sol y las fuentes de radiactividad.
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