El estreñimiento es considerado generalmente como un problema de
escasa importancia, incluso algo normal. Se trata de un problema muy usual en
la sociedad actual debido, sobre todo, a la falta de ejercicio físico y la
dieta que seguimos. Pero al hablar del
estreñimiento se debe indicar de entrada que es un
síntoma, no una enfermedad. Cuando nos referimos a él, en general no damos una
única definición. Muchas personas piensan erróneamente que una deposición
diaria es imprescindible, llegando a preocuparse excesivamente por el número de
deposiciones, por su aspecto o incluso por la consistencia.
Como un consejo, es importante “reeducar” el ritmo
defecatorio, adoptando un horario regular para la defecación.
Respecto a los mayores, la importancia del estreñimiento radica
en su frecuencia, en los problemas que puede ocasionar y en cómo afecta a la
calidad de vida. El estreñimiento real en este grupo de población es difícil de
conocer, pues no siempre se consulta con el médico y muchos mayores se
automedican, estimándose que hasta la mitad de ellos toman al menos
ocasionalmente algún tipo de laxante para tratarlo.
Definición
El estreñimiento se define como la evacuación difícil o
infrecuente de heces, menos de una vez cada dos días. La defecación suele ser
dolorosa necesitando un esfuerzo excesivo por ser las heces demasiado duras y
secas. Como referencia, indicar que los límites objetivos que suelen
considerarse como normales en cuanto al número de defecaciones suele situarse
entre 3 deposiciones diarias y 3 deposiciones semanales.
Factores predisponentes del estreñimiento en los
mayores
Como factores predisponentes en los mayores hay que indicar que
con la edad el tránsito intestinal (el paso de los alimentos por el tubo
digestivo) suele ser más lento. Además se pierde la fuerza muscular necesaria
en muchas deposiciones y disminuye el reflejo de la defecación, no detectándose
las heces en el recto, que es la porción final del intestino grueso donde se
acumulan antes de ser expulsadas, hasta que son demasiado voluminosas para su
evacuación normal. Todo ello conlleva una menor frecuencia de las deposiciones,
y que las heces sean más duras. Si a esto añadimos que los ancianos consumen
menor cantidad de fibra que el resto de la población; la deshidratación por
tomar muy poca cantidad de líquidos; la falta de actividad física y, en
numerosas ocasiones, el uso continuado de laxantes y la toma de medicamentos
que pueden estreñir, tenemos como resultado un estreñimiento prolongado e
incluso crónico.
El estreñimiento representa un serio problema especialmente para
aquellas personas mayores que viven con alguna discapacidad. En este grupo de
personas es muy probable que la causa más común sea la supresión voluntaria de
la necesidad de defecar debido a que cuando se produce un reflejo gastrocólico
que nos indica esta necesidad, no se puede responder a él si no se tiene ayuda
próxima, por lo que las heces se acumulan de forma gradual en el recto y el
colon.
Origen y consecuencias del estreñimiento en los
mayores
El estreñimiento puede clasificarse principalmente por criterios
de duración y de causa, siendo ocasional o crónico.
Causas
Las causas son numerosas y ya se han citado algunas. Las más
frecuentes entre los mayores, además de los cambios fisiológicos ya nombrados
que se producen con la edad, son:
La falta de actividad física y la inmovilidad
La alimentación inapropiada tanto en cantidad (anorexia) como
en calidad, por una falta de fibra dietética
Beber poco agua
La automedicación con laxantes de forma crónica
El efecto secundario de algunos
medicamentos como antidepresivos,
hierro, antiácidos con aluminio, diuréticos,
anticolinérgicos u opiáceos, como la codeína.
Otros orígenes del estreñimiento pueden ser desde lesiones en
el colon que obstruyan el paso intestinal de las heces, como tumores,
alteraciones postquirúrgicas, hernias o diverticulitis, a la existencia de
colitis, fisuras anales,
hemorroides (tanto internas como externas) o a
enfermedades como
diabetes,
depresión,
Parkinson, demencia evolucionada o
ictus.
En otras ocasiones no se encuentran causas aparentes y se
denomina estreñimiento idiopático, que puede estar asociado incluso a la falta
de un hábito defecatorio. También hay que pensar en cambios de
vivienda o residencia, en la imposibilidad de acceder
al baño por sí solo (sobre todo en mayores que viven solos o inválidos) y en
alteraciones emocionales. Todas estas causas deben ser consideradas para
intentar evitar graves repercusiones.
Consecuencias
Así, el estreñimiento en los mayores conlleva ciertas
consecuencias que pueden ser importantes y graves, sobre todo en los mayores
inmovilizados. Además de las molestias más comunes como el dolor, la
flatulencia o el malestar en el abdomen e incluso
dolor de cabeza y mal humor, las complicaciones más
destacadas son la impactación fecal o fecaloma (acumulación de heces
endurecidas en el recto), las fisuras anales producidas por el gran esfuerzo
necesario y por la misma dureza de las heces, las hemorroides (que no sólo son
causa sino que pueden ser producidas por el estreñimiento) y el megacolon, que
consiste en la dilatación exagerada del colon, muchas veces debida al uso
crónico de laxantes.
Hay que destacar aparte la incontinencia fecal, que puede ser
provocada directamente por el mismo estreñimiento al acumularse las heces en el
fecaloma y producirse una diarrea por rebosamiento.
Tratamiento del estreñimiento en los mayores
Sobre el tratamiento, que debe individualizarse según las
características de cada persona mayor, hay que establecer un plan de acción
coordinado por el médico para intentar evitar de nuevo esta
situación.
En la mayoría de los casos el estreñimiento se soluciona con
cambios en la
alimentación y en las costumbres o hábitos higiénicos.
Por ello hay que insistir en la corrección de los factores favorecedores y
recomendar medidas higiénico-dietéticas adecuadas, fomentar la actividad física
de los mayores y movilizar a los que se encuentren encamados, utilizando
laxantes en algunos casos (siendo los más aconsejables para tomar a largo plazo
los lubricantes tipo glicerina o aceites minerales y los laxantes a base de
fibras inabsorbibles como el glucomanano).
Es importante aumentar la ingestión de líquidos y de fibra
vegetal, tomando más frutas y verduras e incluso añadiendo salvado de trigo o
consumiendo alimentos comercializados con suplementos de fibra natural,
intentando alcanzar una frecuencia diaria en las deposiciones. Es muy
aconsejable que los alimentos se tomen sin prisas, masticando bien y
lentamente. Hay que indicar que al aumentar la cantidad de fibra en la dieta
puede producirse inicialmente una sensación de incomodidad por la distensión
abdominal o meteorismo.
Si los laxantes se han utilizado de forma abusiva pueden ser
necesarios en los primeros días los enemas de limpieza administrados con un
gran cuidado, suprimiendo desde luego los laxantes que se tomaban.
Como un consejo que se debe tomar muy en cuenta es importante
“reeducar” el ritmo defecatorio, adoptando un horario regular para la
defecación, por ejemplo con intentos diarios al despertarse por la mañana o
después de las principales comidas, y si es posible con posiciones adecuadas
para expulsar las heces con el mínimo esfuerzo. Aunque ha de ser cada uno quien
elija la hora más adecuada y conveniente para intentar de forma diaria la
defecación.
Con todo lo indicado, si el ritmo defecatorio era normal y la
persona mayor se queja de estreñimiento de unas horas o unos pocos días, lo más
aconsejable es la exploración por el médico para descartar la posibilidad de
una obstrucción intestinal. Así, hay que evaluar el hábito y ritmo defecatorio
junto con la aparición de episodios de estreñimiento o su continuidad a lo
largo del tiempo, la alimentación y otros factores que puedan incidir sobre el
estreñimiento, como la falta de movilidad física, enfermedades invalidantes o
la toma de medicamentos.
Tras una exploración física completa pueden indicarse una serie
de pruebas diagnósticas para descartar enfermedades importantes. Estas pruebas
pueden ser desde analíticas a enemas opacos o colonoscopias y permiten ver
directamente el intestino grueso. Si es posible se debe dejar de tomar los
medicamentos que puedan causar estreñimiento.
Se debe señalar que en general nos olvidamos de las
características del cuarto de baño. Puede ser necesario adaptar el inodoro
dejándolo a una altura adecuada y colocando asideros para mayor seguridad. La
limpieza adecuada y el mantenimiento de la privacidad si la persona mayor no
necesita ayuda son imprescindibles. Con esto se quiere resaltar que tal vez lo
más importante sea poder defecar de forma confortable, no insistiendo tanto en
una frecuencia específica.
Conclusiones respecto a la prevención del estreñimiento en los
mayores
Es importante indicar que hay que dar al intestino la
oportunidad de funcionar y, funcionar de manera correcta. La preocupación
excesiva de las personas respecto a las deposiciones en cuanto a su frecuencia
y consistencia les puede conducir a utilizar laxantes de forma
excesiva.
Existen diferentes tipos de laxantes, cada uno con unas
propiedades, unas indicaciones y unas contraindicaciones distintas, y deben
utilizarse con precaución y siempre bajo control médico, pues pueden interferir
en la absorción tanto de alimentos como de medicamentos, y alterar de forma
grave e incluso de forma irrecuperable las estructuras nerviosas del intestino
grueso, especialmente del colon. También pueden provocar graves pérdidas de
proteínas con las consecuencias que esto conlleva. Existen además ciertas
contraindicaciones que desaconsejan su toma, por lo que siempre es preferible
tomar laxantes apoyado con un criterio médico, desaconsejándose la
automedicación.
Consejos para evitar el estreñimiento
Como serie de consejos para evitar el estreñimiento es
aconsejable:
Aumentar el consumo de agua
Aportar suficiente cantidad de fibra en la alimentación diaria
consumiendo más frutas, verduras y legumbres o también de harinas
integrales
Aumentar el consumo de aceite de oliva
Fomentar la movilidad y el
ejercicio físico mediante paseos o con masajes
abdominales en personas que se encuentren en la cama o
inmovilizadas.
Se recomienda además intentar mantener una rutina diaria en lo
que respecta a la alimentación y sobre todo a la defecación. Un ritmo
defecatorio diario o “casi” diario es un hábito lento de adquirir y en el que
hay que poner mucha paciencia.
Dr. Sergio García Vicente
, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
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