Un exantema es una erupción cutánea generalizada que suele ir
asociada a una infección sistémica, normalmente de origen infeccioso, aunque
hay otras causas como veremos más adelante.
El exantema por sí mismo es una causa frecuente de consulta
pediátrica, pues despierta la alarma de la familia, sobre todo porque casi
siempre se acompaña de fiebre.
Causas de los exantemas
Las causas que provocan la aparición de un exantema en un niño
pueden ser muy variadas y numerosas, pero las podemos dividir en tres
grupos:
Agentes infecciosos:
virus y toxinas bacterianas (se han descrito más de
50)
La causa no es bien conocida pero se cree que puede ser debido a
uno o varios de los siguientes factores:
Daño celular directo del agente causal sobre la piel
Toxinas de los agentes infecciosos que actúan sobre la
piel
Mecanismo de defensa del propio organismo frente al agente
causal.
La piel sólo tiene unos pocos mecanismos para provocar
reacciones. Por lo tanto diferentes causas pueden provocar la misma alteración
cutánea.
Únicamente algunas enfermedades provocan alteraciones en la piel
propias e inconfundibles y en estos casos se dice que el exantema es
“patognomónico” de dicha enfermedad.
Cómo se puede diferenciar el origen de un exantema
Para lograr el diagnóstico adecuado es necesario realizar una
buena recopilación de todos los datos clínicos desde el origen del cuadro, es
decir, hay que hacer una buena historia clínica. El pediatra deberá ser
exhaustivo y llevar a cabo una metódica investigación que le permita recoger
todos los datos necesarios para elaborar una “hipótesis diagnóstica” ante un
niño con un exantema.
Datos importantes para el diagnóstico
Acerca del exantema: momento de aparición,
distribución corporal, duración y recurrencia.
Factores precipitantes:
vacunaciones en días previos, administración de
medicamentos, contactos con plantas o
animales, contacto con detergentes o suavizantes
nuevos, exposición
solar, ropa o zapatos nuevos o
enfermedades pasadas.
Factores predisponentes: antecedentes
familiares o personales de
atopia, alergias,
psoriasis.
Ambiente epidemiológico: hermanos o
familiares enfermos, contactos en guarderías o colegios. Estación del
año.
Estado de inmunización del niño: vacunas
administradas, inmunosupresiones.
Exploración clínica del niño
Deberemos examinar al niño desnudo y comprobar:
Cuál es la lesión cutánea más importante y su
localización.
Distribución del exantema: si es simétrico o
asimétrico.
Si se afectan o no las mucosas, el cuero cabelludo, las palmas
de las manos o las plantas de los pies.
La forma de la lesión: como un línea, como una diana, como
encaje, etc.
El color de la lesión.
La evolución del exantema a medida que pasa el
tiempo.
¿De qué elementos está formado el exantema?
Podemos diferenciar en el exantema:
La lesión cutánea primaria que es la más importante y primera
que aparece.
Las lesiones cutáneas secundarias, que aparecen a medida que va
evolucionando la lesión primaria y son consecuencia del rascado, sobreinfección
o del tratamiento.
Diferentes tipos de lesiones primarias
Según el tipo de lesión cutánea podremos distinguir diferentes
tipos de exantemas. De forma resumida podemos diferenciar las siguientes
lesiones:
Mácula: zona de piel rojiza, limitada, plana
y de hasta 1 cm de diámetro.
Mancha: igual que la anterior pero mayor de 1
cm.
Pápula: igual que la mácula pero con relieve.
Si es transitoria se denomina habón.
Placa: igual que la mancha pero con
relieve.
Nódulo: es una lesión sólida, prominente y
bien delimitada que se extiende en profundidad.
Tumor: es una lesión maciza y de profundidad
mayor de 1 cm. Pueden estar al nivel de la piel, sobreelevados o
profundos.
Vesícula: sobreelevación de la piel bien
delimitada de menos de 1 cm y con contenido líquido seroso (claro).
Ampolla: igual que la vesícula, pero de más
de 1 cm.
Pústula: igual pero con contenido purulento
(pus).
Petequia: es un depósito de sangre o de
pigmentos hemáticos, bien delimitados, como puntitos rojos que no desaparecen a
la vitropresión, es decir que cuando se estira la zona de piel donde se
encuentra no desaparecen (los habones o las terminaciones capilares, por
ejemplo, sí desaparecen).
Púrpura: igual que la petequia pero de más de
1 cm.
Exantemas no asociados a fiebre
Suelen ser los exantemas cuya causa no es infecciosa, por lo que
no tienen manifestaciones generales (fiebre, etc.) O los que, aunque son
infecciosos, afectan normalmente solo a la piel.
Dermatitis irritativa
Son máculas rojizas que aparecen en la zona del pañal por la
irritación que produce la urea de la orina cuando el pañal tarda en cambiarse.
Se suelen resolver con cambios frecuentes del pañal y el uso de una crema
hidratante grasa.
Dermatitis o candidiasis del pañal
La
dermatitis del pañal se trata de máculas rojizas que
tienen otras manchitas más pequeñas alrededor (lesiones satélites). Aparecen en
la zona del pañal y están producidas por la sobreinfección de la piel húmeda
por hongos.
En este caso ya se debe tratar con una crema especial para los
hongos, recetada por el pediatra, así como cambios frecuentes de pañal para
evitar la humedad de la zona.
Dermatitis seborreica
La
dermatitis seborreica a parece en brotes. Se presenta
desde el nacimiento y consiste en máculas sonrosadas, bien delimitadas, con
costras o escamas amarillentas y untosas al tacto. Afecta sobre todo a la
frente, sienes y grandes pliegues (sobre todo el inguinal: área del pañal). No
pica.
El del cuero cabelludo, que es el que más preocupa a la
familia, se trata con aceites de baño o champús oleosos que eliminan la costra.
En ocasiones es preciso usar algún champú antihongos una vez a la semana.
Dermatitis atópica
La
dermatitis atópica aparece a partir de la cuarta o
sexta semana de vida y suelen tener antecedentes familiares. Son máculas
sonrosadas o rojizas, bien delimitadas en el brote agudo, y que se asocia luego
a placas de eczema exudativas y lesiones por rascado, ya que suelen producir
mucho picor.
En el recién nacido se localizan en cara, zona lateral del
cuello, detrás de las orejas y zonas de extensión de brazos y piernas. No suele
afectar a la zona del pañal.
En los niños más mayores es más frecuente en la parte anterior
de codos y posterior de rodillas.
El tratamiento consiste en la aplicación de cremas hidratantes
de avena u otras especiales para pieles atópicas, baño con jabones de avena y
antihistamínicos orales si pican mucho. En los brotes agudos a veces es
necesario la utilización de cremas con corticoides durantes periodos de tiempo
cortos o cremas antibióticas si se ha sobreinfectado la piel.
Picaduras
Pueden ser máculas, pápulas, placas, nódulos, vesículas o
ampollas rojizas, y suelen picar mucho. Suelen estar producidas por insectos
(pulgas, mosquitos, etc.) y por tanto aparecen sobre todo en las zonas
descubiertas.
El tratamiento suele ser antihistamínicos para el picor,
cremas antibióticas si se ha sobreinfectado la picadura al rascarse y en casos
muy inflamados alguna crema con corticoide.
Exantemas asociados a fiebre
Normalmente la fiebre está asociada a infección, pero también a
inflamación y a reacciones de tipo inmunológico o alérgico.
La lista de los exantemas febriles es larguísima, por lo que
haremos un breve esquema según el tipo de exantema cutáneo que
producen:
Bacterianos: meningococo, gonococo,
sepsis bacteriana de otro tipo.
No infecciosos
Púrpuras palpables: vasculitis
(inflamación de un vaso sanguíneo).
Púrpuras no palpables: hemorragias en la
piel por alteraciones de la coagulación o de las plaquetas o por “fragilidad
capilar”.
Exantemas vesículo-pustulosos
Infecciosos
Víricos: herpes simple, varicela-zoster,
síndrome de pie-mano-boca.
Bacterianos: síndrome de la piel
escaldada (estafilocóccico).
No infecciosos
Eritema multiforme
Psoriasis pustuloso
Enfermedad de Behcet.
Tratamiento
En cuanto al tratamiento de los mismos básicamente podemos decir
que:
Los víricos se tratan con medidas generales (antitérmicos para
la fiebre, antitusígenos para la tos, etc.).
Los bacterianos, con tratamiento antitérmico para la fiebre y
antibiótico recetado por el pediatra según la bacteria que lo cause. Los
graves, como infecciones sistémicas y sepsis requieren tratamiento hospitalario
agresivo.
Los inflamatorios se tratan con antiinflamatorios y
antitérmicos.
Los producidos por medicamentos se tratan suprimiendo el
contacto con el fármaco causal.
Podemos sin embargo concluir que, aunque siempre existe un
agente causal, lo importante para el pediatra no es saber exactamente la causa
concreta del mismo sino saber diferenciar si es tratable (bacteriano) o no
(vírico). Por ello muchas veces el exantema de nuestro hijo acaba clasificado
como “exantema cutáneo inespecífico”; en este caso debemos sentirnos aliviados,
pues significa que no reviste gravedad alguna y probablemente desaparecerá en
pocos días.
Dra. Mª Cruz Llopis Garrido
, especialista en Pediatría.
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