En medicina, los sistemas preventivos comprenden todos aquellos
esfuerzos encaminados a impedir la aparición de una enfermedad (prevención
primaria) o bien, una vez detectada ésta, prevenir su progresión (prevención
secundaria).
El hábito de fumar está estrechamente ligado al riesgo de
padecer de futura enfermedad coronaria.
La
aterosclerosis (arteriosclerosis) es un proceso
vascular generalizado en cuyo desarrollo intervienen múltiples factores, que
ocasiona la formación y el depósito de placas en el interior de las arterias.
Estas placas arterioscleróticas originan un déficit circulatorio total o
parcial.
En el caso de la circulación coronaria, el déficit circulatorio
puede llegar repercutir sobre el músculo cardiaco o miocardio, produciendo lo
que se denomina isquemia (que puede llegar a traducirse en una
angina de pecho). Si el déficit circulatorio coronario
progresa, paulatina o súbitamente, da lugar a una lesión del miocardio (infarto
de miocardio).
La prevención de la enfermedad coronaria, en cualquiera de las
formas en que se presenta, abarca una serie de medidas que se deben tomar entre
la población general, personal sanitario y estamentos gubernamentales,
dirigidas a identificar y alterar los factores de riesgo implicados en la
aparición de la enfermedad arteriosclerótica.
Por lo tanto, en la prevención están implicados desde la
investigación y programas científicos sobre la capacidad de aparición de estos
factores de riesgo hasta la implementación de métodos preventivos, campañas de
educación de la sociedad y medidas específicas para aplicar en personas
especialmente susceptibles, con el fin de disminuir las posibilidades de
desarrollar la enfermedad que conduce al infarto.
¿Por qué es importante la prevención?
Las enfermedades cardiovasculares representan una verdadera
epidemia en el mundo industrializado. Ha llegado a ser la primera causa de
muerte en los países desarrollados (de cada cuatro muertes, tres son de origen
cardiovascular).
Esta epidemia está en vías de expansión mundial, ya que se
asocia a las costumbres de vida modernas, que se extienden a zonas más
deprimidas del mundo. En concreto, se estima que la enfermedad coronaria de
presentación aguda (angina de pecho inestable, infarto o los denominados
síndromes coronarios agudos) será la primera causa de muerte en todo el mundo
en el año 2020.
En España, el 12º Simposio Internacional de Cardiopatía
Isquémica de la Sección de Cardiopatía Isquémica y Unidades Coronarias de la
Sociedad española de Cardiología (SEC), celebrado receintemente (marzo de 2008)
en Valencia, puso de manifiesto que se registran anualmente unos 70.000
infartos agudos de miocardio, de los que llegan a ingresar en el hospital unos
41.000, y el resto (29.000) fallece antes como consecuencia de una muerte
súbita.
El presidente de la Sección de Cardiopatía Isquémica de la SEC,
Alfredo Bardají, afirmó que un tercio de los casos de infarto de miocardio se
presenta de forma súbita, pero que alrededor del 90 por ciento de los pacientes
que sufren un infarto o una angina de pecho presenta previamente factores de
riesgo.
¿Cuáles son los factores de riesgo de sufrir el
infarto?
La Sociedad Europea de Cardiología y la Sociedad Española de
Cardiología han elaborado unas recomendaciones basadas en la estimación del
nivel de riesgo o propensión de una determinada persona para sufrir un
incidente coronario (angina de pecho o infarto). Para ello dividieron las
estrategias que se debían seguir según factores modificables y factores no
modificables, indicando además unas costumbres determinadas que conllevan un
mayor riesgo de padecer esta enfermedad.
Estilos de vida asociados a un aumento del riesgo de futura
enfermedad coronaria
Características personales, no modificables, asociadas a un
aumento del riesgo de futura enfermedad coronaria
Edad y
sexo (varones con edad igual o superior a 45 años y
mujeres con edad igual o superior a 55 años o en el periodo después de la
menopausia).
Familiares que hayan sufrido una enfermedad coronaria, u
otras enfermedades vasculares debidas a aterosclerosis, antes de los 55 años
(en varones) y antes de los 65 (en mujeres).
Características personales, modificables, asociadas a un
aumento del riesgo de futura enfermedad coronaria
Aumento del
colesterol en sangre, particularmente el colesterol
“malo” o LDL-colesterol. El objetivo es conseguir una cifra de este colesterol
inferior a 160 mg/dl.
Factores que aumentan la formación de
trombos en sangre.
¿Qué puede hacer el médico?
Según los expertos, el establecimiento de sistemas de prevención
eficaces y el correcto asesoramiento para educar la población sobre cómo
reducir el riesgo de enfermedad coronaria sigue siendo una asignatura
pendiente. En la actualidad, todavía es más fácil tratar pacientes que prevenir
la enfermedad. Resulta enormemente complejo y costoso detectar, regular y
tratar todos los posibles factores de riesgo en las diferentes franjas de edad
de una población.
Individualmente, los médicos pueden determinar e informar sobre
qué factores de riesgo de padecer la enfermedad coronaria posee una determinada
persona. Asimismo, es posible pondera dichos factores e indicar una estrategia
para seguir a efectos de minimizar su repercusión.
Así, hablar de prevención del infarto no consiste únicamente en
ofrecer consejos generales, sino, en muchos casos, en la necesidad de informar
lo más exactamente posible sobre el verdadero riesgo que tiene una determinada
persona de sufrir un episodio coronario agudo. Es decir, es fundamental
informar sobre el nivel de riesgo (a partir de los factores de riesgo
concurrentes) de sufrir la enfermedad coronaria.
¿Qué puede hacer usted?
Habida cuenta del gran número de casos de enfermedad coronaria,
o incidencia de esta enfermedad, cada persona debería implicarse en todo
esfuerzo sanitario que se lleve a cabo para impedir o demorar la aparición de
la enfermedad coronaria, así como su recidiva.
La información y la educación sanitarias son los factores clave
en los que deben hacer hincapié las actividades preventivas diseñadas por las
autoridades sanitarias.
Son bien conocidos los estilos de vida que se relacionan con la
aparición de infarto de miocardio:
Tabaco
El objetivo es
dejar de fumar. Asesórese del grado de
adicción a la nicotina que padece. Conozca los medios que actualmente tiene a
su alcance para abandonar este hábito. Solicite los planes programados para
dejar de fumar.
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Aumento del colesterol en sangre
(hipercolesterolemia)
En caso necesario, averigüe sus cifras de colesterol total y
las fracciones de colesterol. Tenga en cuenta que la importancia de estas
cifras varía dependiendo de si además se tienen otros factores de riesgo, unos
modificables y otros no.
Solicite información sobre el tipo de dieta que más pueda
convenirle. Sobre qué alimentos son ricos o no en grasas saturadas y
colesterol. Recuerde que es aconsejable ingerir alimentos ricos en fibra, como
frutas y vegetales.
Recuerde que la aterosclerosis se inicia en etapas precoces de
la vida adulta. Tenga en cuenta este dato en la alimentación propia y en la de
sus hijos.
Aumento de la presión arterial (hipertensión)
Si lo cree necesario, averigüe cuál es su
presión arterial. Consulte con su médico estas cifras
y su relación con los antecedentes familiares de hipertensión u otros factores
familiares o personales de padecer riesgo coronario. En general, se considera
que no existe hipertensión cuando se detectan cifras mantenidas inferiores a
140/90 mm Hg (“tensión de 14-9”). Si existen otros factores de riesgo
coronario, estas cifras deberían ser incluso menores.
Actividad física
Más allá de prevenir la obesidad, la actividad física puede
ayudar a regular, de manera independiente, la presión arterial.
Busque consejo sobre qué tipo y grado de actividad física
puede ser más conveniente por su edad, peso y costumbres, así como cuáles
pueden sersus limitaciones. Si no existen impedimentos, habitúese a caminar
regularmente, cuanto más mejor. Puede empezar con 30 minutos una vez por semana
e ir aumentando hasta hacerlo 3 ó 4 veces por semana.
Sobrepeso
Conozca su peso y averigüe cuál debe ser su peso ideal y de la
forma para mantenerlo. Recuerde que debería modificar sus hábitos alimenticios
si existieran otros factores de riesgo (dieta con poca sal, con pocas grasas,
consumo de alimentos permitidos para personas diabéticas, etc.).
Intente saber si los alimentos que consume con relativa
frecuencia pueden ser especialmente desaconsejables y encuentre una alternativa
más saludable. En lo posible, combine una correcta alimentación con una
actividad física adecuada. Intente hacerlo de manera progresiva hasta que sea
algo habitual para usted.
Dra. Montserrat Vilaseca Corbera
, especialista en Cardiología.
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