La trombosis es un fenómeno patológico por el cual una vena o
una arteria del aparato circulatorio se obstruye por un trombo, que es una
especie de tapón formado por células y sangre coagulada, impidiendo así que
siga fluyendo sangre por el vaso a partir de ese punto.
El aparato circulatorio está formado por una red de vasos
sanguíneos que trasportan la sangre desde el corazón a los diferentes órganos y
tejidos (arteriolas y capilares) y una red de vasos de retorno (vénulas y
venas) que permite la vuelta de la sangre a los pulmones. Allí, los glóbulos
rojos expulsan el monóxido de carbono que transportan y se cargan de nuevo de
oxígeno. De los pulmones, vuelve al corazón a través de las venas pulmonares
(únicas venas del cuerpo que llevan sangre arterial oxigenada); a su vez, el
corazón la propulsará de nuevo por vía de las arterias a todo el
organismo.
Los riesgos de no prevenir la trombosis
Tanto en una arteria como en una vena se puede producir una
trombosis. Los efectos son bien distintos dependiendo de que se trate de uno u
otro tipo de vaso sanguíneo. La trombosis en un vaso arterial es algo muy grave
porque impide que siga fluyendo sangre oxigenada a partir de ese punto a los
tejidos que dependen de dicha arteria. La consecuencia de ello es la isquemia
(sufrimiento del tejido por la falta de riego sanguíneo que provoca anoxia, lo
que significa asfixia celular por falta de oxígeno.) Cuando la isquemia dura
más tiempo del que el tejido puede resistir se produce la muerte irreversible
de las células de dicho tejido, lo que se denomina infarto. Dependiendo de lo
vital que sea el órgano afectado y de la extensión de la isquemia, se
producirán efectos más o menos graves para el resto del organismo.
En el caso de un infarto de corazón por ejemplo, la repercusión
es gravísima porque de la arteria coronaria (arteria cardiaca) ocluida depende
una gran parte del riego sanguíneo del músculo cardiaco (miocardio) o del
tejido nervioso que controla el ritmo del latido cardiaco. Si el trombo no se
resuelve el corazón acabará teniendo en muy pocas horas un
infarto de gran extensión o una
arritmia maligna grave que le haga imposible mantener su función de bombeo y se
produzca con ello la muerte.
La trombosis que se produce en otros órganos como el cerebro, el
ojo, el riñón, las extremidades, etc. pueden no ser tan terminantes a la hora
de provocar la muerte, pero siempre conllevan la pérdida del órgano que
dependía del riego interrumpido, con las importantes mermas funcionales que de
ello se deriven (hemiplejia -parálisis de la mitad lateral del cuerpo-, pérdida
del habla, perdida de visión,
demencia, etc.).
En el caso de las venas, la trombosis no suele poner en peligro
la vida de la persona salvo que afecte a las venas que conducen la sangre a los
pulmones (tromboembolismo pulmonar) porque eso deja sin posibilidad de
reoxigenación a la sangre venosa. La trombosis será tanto más grave cuanto más
extensa sea la cantidad de pulmón que queda sin flujo sanguíneo.
Con la trombosis venosa (exceptuando el tromboembolismo pulmonar
ya comentado) lo que se produce no es una situación de isquemia como tal, sino
la obstrucción de la salida de sangre del órgano al que pertenece la vena, lo
que por lo general produce inflamación, con dolor y edema de los tejidos
afectados (acumulación de agua de la sangre estancada en los tejidos que son
drenados por esa vena).
¿Es lo mismo una trombosis que una embolia?
No, no es lo mismo. El aparato circulatorio necesita dos
condiciones fundamentales para servir a su importantísima función, una es la
condición de la permeabilidad y otra la de la defensa de la integridad
estructural o hemostasia. La primera se refiere a la necesidad de que los vasos
sanguíneos estén siempre libres para el paso de la sangre, y la segunda se
refiere a la necesidad de poder reparar las paredes del vaso en el caso de que
éstas sufran algún tipo de lesión.
El organismo cuenta con sistemas muy complejos que, guardando un
delicado equilibrio, garantizan una perfecta armonía de la defensa
proporcionada de esa integridad y esa permeabilidad tan imprescindibles. En el
caso de los sistemas hemostáticos tenemos que mencionar dos fundamentales, el
sistema de agregación plaquetaria y el sistema de coagulación.
El sistema de agregación
El primero está constituido por células sanguíneas (las
plaquetas) que, como losetas, se pegan a donde sea preciso con el fin de
taponar una rotura.
El sistema de coagulación
El segundo esta constituido por proteínas de la sangre que
favorecen la formación de anclajes y cordajes de ese conglomerado de plaquetas
y otros restos celulares, conformando así lo que se denomina un trombo
sanguíneo o coágulo.
En ocasiones, existen situaciones patológicas que, bien por ir
lesionando la pared del vaso (por ejemplo
arteriosclerosis) o por favorecer una
función indebidamente activada o mal controlada de los sistemas de agregación
y/o coagulación, se produce la rotura del equilibrio y la consiguiente
formación de trombos que acaban ocluyendo por completo el vaso.
La trombosis se produce siempre por alguna circunstancia anómala
que favorece la formación de un trombo pegado a la pared del vaso. La embolia,
sin embargo, es la obstrucción de un vaso sanguíneo por un trombo que se ha
formado en la circulación o que constituye un fragmento de un trombo que ha
viajado por el torrente circulatorio hasta detenerse en el punto en donde ya no
puede continuar y que se desprendió de un punto previo de la pared del vaso en
donde se formó. Por ello la trombosis se produce en el punto en donde la pared
del vaso ha sufrido una lesión y la embolia se produce a distancia, en un punto
diferente de donde se generó el primer trombo.
¿Qué enfermedades producen trombosis?
La lista de procesos que favorecen la producción de trombosis es
bastante numerosa:
Trombosis arterial
La arteriosclerosis
Hay que destacar a la cabeza de todas la arteriosclerosis,
que es un proceso de degeneración vascular favorecido por determinados factores
de riesgo bien conocidos por todos (hipertensión,
tabaco,
obesidad,
colesterol alto, exceso de
consumo de alcohol, sedentarismo,
diabetes, etc.).
En la arteriosclerosis se va produciendo el depósito de
colesterol y otras grasas en la pared de grandes vasos, lo que va estrechando
el interior de los mismos y acaba produciendo una rotura de la capa más
interior del vaso (la denominada capa íntima.) Esto provoca la adhesión de
múltiples plaquetas y la formación de un trombo sanguíneo que acaba ocluyendo
por completo el paso de la sangre.
Enfermedades cardiacas
Otros procesos que pueden producir trombosis arterial son
aquellas
enfermedades cardiacas que favorecen
el remanso o flujo turbulento de la sangre a su paso por las cámaras del
corazón, pues si la sangre se detiene se estimula también la formación de
coágulos.
En este grupo de procesos están algunas arritmias cardiacas
(fibrilación auricular, enfermedad del seno, etc.), las malformaciones
vasculares, las enfermedades del músculo cardiaco (miocardiopatías), las
enfermedades de las válvulas cardiacas
(valvulopatías) y el mixoma auricular (tumor del corazón formado en la
aurícula).
Otra enfermedad cardiaca que también produce riesgo de
trombosis elevado es la endocarditis (infección de la capa celular interna que
recubre las cámaras cardíacas.)
Trastornos de coagulación
La lista de enfermedades que favorecen la trombosis arterial
se completa con algunos trastornos de coagulación, ciertas enfermedades que
incrementan la cifra de plaquetas de la sangre (trombocitosis esencial) o su
viscosidad (policitemias, gammapatías monoclonales,
leucemias) y otras enfermedades como
las vasculitis, la drepanocitosis, etc.
Trombosis venosa
Los procesos que favorecen la trombosis venosa son en su
mayoría distintos a los que incrementan el riesgo de trombosis
arterial.
Los factores clásicamente descritos como provocadores de
trombosis venosa (éstasis venoso, aumento de la viscosidad sanguínea e
hipercoagulabilidad) siguen plenamente vigentes y al menos uno de ellos se
encuentra siempre presente en este tipo de enfermedades.
En este grupo encontramos las enfermedades en las que se
pierde el adecuado control sobre el poder coagulante:
Síndromes primarios de hipercoagulabilidad o trombofilias
primarias (déficit de antitrombina III, déficit de proteína C, enfermedad de
Leyden, disfrinogenemias, etc.);
Los estados secundarios de hipercoagulabilidad (cáncer,
síndrome antifosfolípido, embarazo, síndrome nefrótico, consumo de algunos
anovulatorios orales);
Otras causas como la inmovilización prolongada en cama o
ciertas enfermedades hematológicas (trombocitosis esencial, policitemia vera,
hemoglobinuria paroxística nocturna, drepanocitosis, trombocitopenia inducida
por heparina).
¿Qué medios existen para tratar la trombosis?
Lógicamente, cuando se produce una trombosis o una embolia
arterial la medida terapéutica más útil y apremiante es aquella que permita
restablecer la permeabilidad del vaso sanguíneo obstruido antes de que la
isquemia se convierta en un infarto definitivo.
El tiempo disponible para intentar esto, en el ataque al corazón
por ejemplo, es de apenas unas horas (6 a 12 horas.) Uno de los medios más
empleados en este tipo de dolencia es el tratamiento fibrinolítico, que
consiste en la administración de uno o varios fármacos capaces de disolver el
trombo y devolver la permeabilidad al vaso obstruido.
Existe también la posibilidad de practicar un cateterismo
urgente que consiga llegar al punto clave de la oclusión, fragmentar el trombo
y dilatar el vaso (angioplastia.) Dentro de esta técnica existe también la
posibilidad de alojar en el interior del vaso coronario un stent permanente,
que es un dispositivo semirígido que impide que esta arteria puede cerrarse de
nuevo. A esta técnica completa de cateterismo intervensionista se le denomina
ACTP (angioplastia coronaria transluminal percutánea).
En el caso de la trombosis venosa, que en la mayor parte de las
veces suele suceder en las venas de las piernas, no es tan apremiante recuperar
la permeabilidad del vaso como sí lo es aliviar el dolor y resto de síntomas, y
sobre todo prevenir el desprendimiento del trombo o de fragmentos del mismo
que, ascendiendo por las venas cava, alcancen el territorio venoso pulmonar y
puedan producir un tromboembolismo pulmonar, ya descrito. Para evitar esto, se
debe instaurar de modo precoz un tratamiento con medicación anticoagulante.
Dentro de este tipo de medicación es la heparina el fármaco más empleado como
tratamiento de inicio, pudiendo ser posteriormente sustituida por fármacos
dicumarínicos como el Acenocumarol (Sintrom) para el tratamiento de
mantenimiento, que deberá cumplirse durante un tiempo más prolongado
(generalmente de 1 a 3 meses.)
¿Qué medios existen para prevenir la trombosis?
Sin duda, para la enfermedad trombótica no hay mejor prevención
que la que consiga reducir o suprimir el efecto de aquellas enfermedades que
favorecen el deterioro de los vasos circulatorios y la consiguiente formación
de trombosis. Así pues, una medida de gran beneficio para prevenir el infarto
de miocardio, la trombosis cerebral o la trombosis arterial de las piernas es
intentar estar libre de los factores de riesgo de la arteriosclerosis por
ejemplo.
Pese a todo, existe la posibilidad de disminuir la función de
los sistemas de agregación y coagulación mediante fármacos antiagregantes como
la Aspirina, el Clopidogrel, etc. o fármacos anticoagulantes como las
heparinas, dicumarínicos (Acenocumarol, Warfarina) u otros de aparición más
reciente o inminente (Lepirudina, Ximelagatrán, Fondaparina, etc.). La
indicación de unos u otros se establece en función del grado de riesgo
trombótico, el tipo de enfermedad que favorece dicho riesgo, las condiciones
físicas del paciente y su edad.
Los riesgos del tratamiento antiagregante y
anticoagulante
La indicación del tratamiento antiagregante o anticoagulante
preventivo la debe estudiar el médico para cada caso concreto y la decisión se
ha de tomar cuando se esté seguro de que la reducción del riesgo trombótico
compensa claramente de los riesgos que conllevan dichos tratamientos. Tanto el
tratamiento antiagregante como el anticoagulante, pero más el segundo,
presentan como principal riesgo de empleo el aumento de la incidencia de
cuadros hemorrágicos. Este peligro es hoy por hoy el principal factor limitante
de su uso y es tanto mayor cuanto más edad tiene la persona lo que supone que
el tratamiento anticoagulante se indique con mucha reserva en el caso de
personas mayores.
El tratamiento antiagregante (aspirina principalmente) suele
tener como riesgo especial la lesión de la mucosa gástrica, lo que puede
traducirse en gastritis erosiva e incluso úlcera gastroduodenal, si bien hay
que decir que en los últimos años han surgido nuevos agentes antiagregantes
cuyo empleo conlleva una menor frecuencia de este efecto adverso.
Existen otros posibles efectos indeseables según se escoja un
fármaco u otro, pero lo cierto es que el riesgo de hemorragias el que más
preocupa a los médicos. Por lo tanto, la investigación en farmacología
antitrombótica sigue centrando hoy día su mayor empeño en conseguir nuevos
principios activos con efecto más selectivo sobre los procesos de la
hemostasia, de manera que se puedan obtener medicamentos más eficaces y seguros
con los que poder prevenir la trombosis sin que por ello se vea sensiblemente
incrementado el riesgo de hemorragias.
Dr. Alfonso Santiago Marí
, especialista en Hematología.
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